18 de mayo de 2014

El llamador de àngeles

Dice una antigua leyenda celta que un día los humanos y los ángeles tuvieron que dejar de vivir juntos. Pero, antes de despedirse, cada ángel dio a su protegido un colgante esférico que sonaba como una campanilla, con la promesa de cuando su poseedor lo agitara, el ángel acudiría en su ayuda. Eso sí, con una condición: cada persona tendría su propio colgante, con un sonido peculiar y exclusivo para ser reconocible por su ángel-guía. Si se contravenía esto, la protección desaparecía. Sólo había una excepción: la madre y su bebé, mientras éste se encuentra en gestación. Ya que en este caso comparten el mismo ángel.
No sé muy bien si en este caso el llamador de ángeles es de Francisca o de María, pero dejando aparte lo fantástico del tema, el caso es que la doña sí parece que tenga un ángel guardián, aparte de Mauricio. Porque si parecía que le estaba fallando el sexto sentido, este simple objeto ha sido capaz de devolverla a la cruda realidad, y ponerla ante la evidencia. Que no es otra que su primo se la está jugando.  
Y también ha hecho que además se haga cargo de otra evidencia. Que su fiel capataz estaba en lo cierto y ella no le ha escuchado. Esta vez ha sido una de las escasas ocasiones en las que hemos visto a Francisca dándose cuenta de que no es infalible, y especialmente de que ha tenido durante mucho tiempo a su lado a una persona en la que podía depositar completamente su confianza, sin fisuras, y a quién es posible que no haya prestado demasiada atención o no haya correspondido suficientemente. Por ello quizás también hemos visto a una Francisca desnudando su alma sin reparos, mostrándose humana y preocupada sinceramente. Hasta el punto de cuidar personalmente de este hombre, que al parecer le importa más de lo que nunca admitiría en público.
Sólo espero que ahora se dé cuenta de en quien realmente puede confiar e incluya en esta lista también a Mariana, una fiel sirvienta que, al igual que Mauricio, ha soportado sus desprecios sin rechistar, pero sin abandonarla y preocupándose por ella.

La foto es de mi propio llamador de ángeles. He de confesar que hasta hace poco más de un año desconocía la existencia de algo parecido, que descubrí después de verlo en la serie. Poco después una querida amiga me regaló uno, y  desde entonces lo tengo como algo muy preciado. No sólo por su valor parte sentimental, sinó porque es cierto que su tintineo es muy relajante. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario