31 de agosto de 2014

El silencio de los que saben

“La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio”.
El otro día escribía sobre la inutilidad de que Mauricio llegara a conocer el fondo de algunos asuntos turbios. Pero hay otro personaje con parecidas características, aunque sus motivaciones para callar sean bien distintas: D. Anselmo. Uno por fidelidad y el otro por obligación mantienen la boca cerrada sobre temas que no tendrían que llegar tan al límite como acaba sucediendo.
Por descontado entiendo el compromiso de este último de callar, por el tema de los votos de su ministerio, aunque lo que no acabo de comprender es que después se quede de brazos cruzados, llevando su pesar en silencio y sin intentar nada. Estoy segura que tiene medios para que, sin decir abiertamente lo que sabe, ayudar a resolver situaciones desesperadas. Y su mutismo puede acabar haciéndolo cómplice incluso de muertes, que de otro modo podrían haber sido evitadas. Porque no veo que sea muy complicado llevar las conversaciones a un terreno que permita al interlocutor llegar a conclusiones por sus propios medios, sin que el sacerdote tenga que romper su promesa de silencio.
Naturalmente estoy pensando ahora mismo en Mariana. También es cierto que el sacerdote desconoce la totalidad del asunto y el hecho de que Micaela esté implicada en el tema, pero es que tampoco considero que el hombre haya puesto mucha convicción en intentar ayudar a la chica. La confesión es un tema entre ellos dos y no veo porque no pueden hablarlo.
O quizás estoy precipitándome metiendo baza en algo de lo que desconozco todas las implicaciones, y en realidad fuera del confesionario sea un tema vetado. Pero tengo presente haber visto escenas de la doña y D. Anselmo conversando de muertes y maldades cometidas por ella, y recordándole ésta que no podía difundirlo por estar bajo secreto de confesión. Así que hablarlo si pueden, mientras no haya más testigos.
Y así Mariana va deslizándose lentamente hacia el abismo. Otra cosa es la actitud de ésta, que ya comenté en otro post que me parece absurda, por no decir otra cosa peor. En realidad toda la trama creo que lo es, y no quiero volver a ahondar demasiado en el tema porque ya lo he hecho anteriormente. Que venga alguien que le diga que se va a vengar de ella y lo único que se le ocurra es sentarse a esperar que suceda, sin hacer nada para evitarlo, me parece un sinsentido total. De hecho ya lo es que se anuncie tal cosa y que además se pida algo parecido a colaboración del mismo sujeto objeto de la venganza. 

30 de agosto de 2014

Dejar de ser un florero

Esperaba mucho más de la conversación entre Martín y María. Y lo esperaba por parte de ambos, por lo que he experimentado un sentimiento parecido a la decepción. Y esto los incluye a los dos.
Cierto que María ahora es esposa y madre, con las responsabilidades que ello conlleva. Pero también es una joven de apenas veinte años, que es feliz, pero que siente que aún tiene mucho que ofrecer. No se puede esperar de ella que sea la típica señora indolente que ve pasar las horas mano sobre mano, ni el Jaral es el típico hogar pudiente donde sus dueños hacen y deshacen desde un despacho. En este hogar todos trabajan y sólo María parece relegada a lo que ya empieza a pasarle factura: la de ser un florero, sin más funciones que cuidar de su esposo y su hija, y ocasionalmente ocuparse de cosas como hacer la compra y poco más. 
Tuvimos ocasión de comprobar que sentirse útil es algo que la ayuda a ser mucho más feliz. El tiempo que dedicó a ayudar a la formación de Bosco es un ejemplo claro de ello.
Y es posible, aunque no haya dado muestras de ello, que ver marchar a Aurora en busca de su propio destino, también haya ayudado a que nazca en ella algo de sentimiento de frustración y ¿porque no? de sana envidia. Al fin y al cabo, su cuñada es solo un año menor, pero el futuro que se le presenta a ésta dista mucho de ser el de llegar a tener una vida rutinaria como la que se vislumbra para ella misma. Y no es que yo crea que con su vida actual no se siente realizada, y que no sea algo muy importante y enriquecedor el ser esposa y madre, una tarea que ocupa las veinticuatro horas del día. En realidad es por lo que ha luchado y que finalmente ha podido alcanzar: estar con el hombre al que ama más que a su vida, y dar y recibir amor a manos llenas. Además de cuidar al fruto de este amor, una chiquilla preciosa que ha tenido la suerte de nacer en un hogar con unos padres fantásticos y una gran y encantadora familia.
Sin embargo todo ello no es óbice para que María pueda desear otros alicientes que la mantengan ocupada y que sean posibles compaginar con lo anteriormente mencionado. Inevitablemente el aburrimiento tiene que hacer mella en ella, aunque probablemente este término es un concepto que tenía un sentido muy diferente al de hoy, que vivimos con multitud de oportunidades de ocio y distracción. En 1921 e incluso más tarde, estas opciones eran pocas y el tiempo disponible iba acorde con las horas de sol y las estaciones. Pero, por ejemplo, los días de verano son largos y las horas se pueden antojar eternas sin nada que hacer más que esperar que la niña despierte, pida su comida y después ir de paseo con ella. O que Martín llegue después de un día de trabajo en la finca, para sentarse a descansar o disfrutar de su familia.
Como decía, esperaba algo más. Que ella no se conformara con su sensación de inutilidad, y que él entendiera este sentimiento. Porque si bien es cierto que Martin le ha dedicado unas palabras preciosas que la convierten en “el alma de cuanto se mueve a nuestro alrededor, nuestra fuerza y nuestro espíritu, pero por encima una madre como no hay otra”, no creo que ello sea suficiente para alejar la percepción de María sobre su devenir diario.
Y no quiero decir que Martín sea insensible, porque de lo que no hay duda es de que éste es una persona adelantada a su tiempo, que está muy lejos de adoptar el rol del típico marido que espera ser recibido a su llegada al hogar por una esposa complaciente y sumisa, destinada a los que se suponen los menesteres de la señora de una hacienda. Es claro que su visión del papel de la mujer no es el habitual de su época, y de ello ha dado muestras más que sobradas con su hermana y con María. Respeta y busca la opinión de sus mujeres, y nunca las ha colocado a un nivel inferior que el de los hombres. Ni a éstas, ni a ninguna otra. Algo que es evidente que ha heredado de su padre, pero que también lleva intrínseco en su carácter.
Creo que ya es hora de que den a María la oportunidad de romper con su imagen de alguien educado para un rol determinado. Ha cambiado, ha madurado y ha dejado de ser la chica consentida y apocada del principio, para convertirse en una mujer con todas las de la ley, con una fuerza interior y una generosidad innatas, que puede utilizar en beneficio de los demás.

29 de agosto de 2014

Nueva vida, nuevos amigos

“Si te han hecho daño, nunca cierres una puerta... porque cerrar una puerta puede salvarte del dolor, pero también te mantiene preso”.
Esta cita no es mía, sinó que es la reinterpretación de una frase de Rabindranath Tagore hecha por alguien muy cercano y que sabe muy bien de lo que habla. Y creo que es más o menos la misma actitud que ha adoptado Conrado. Se ha encerrado en su mundo, sin dejar que nadie entre y dejando que sus sentimientos le venzan.
Pero en realidad creo que no es exactamente dolor lo que le embarga, sinó una amalgama de ello con añoranza, temor a la distancia, no saber superar el tiempo de espera, perder a la mujer que ahora era su motor y el centro de su existencia…. Aunque Aurora no le haya dejado, ni roto con él, sólo se ha alejado físicamente y por un tiempo, aunque también es cierto que esto para una persona joven quizás tenga un matiz muy diferente que para alguien que ya está en plena madurez. Eso sin contar el tema de no poder verse y además estar comunicados sólo ocasionalmente. Porque lo que en la actualidad no es ningún problema debido a los avances tecnológicos, que te permiten ver y hablar con alguien del otro lado del mundo al instante, entonces era mucho más complicado, y ello a pesar de existir además del correo y el telégrafo, también el teléfono. De hecho quizás ya sea hora de que se planteen instalar uno de estos aparatos en el Jaral.
Por lo que respecta a Aurora, creo que lo lleva de manera muy diferente. Es evidente que también siente el dolor de alejarse de Conrado y de los suyos, pero hay algo que le permite soportarlo: la ilusión de hacer algo para sí misma. Reconozco que, dejando aparte el hecho de que la relación con Conrado va a sufrir un brusco parón y que no se vean los vericuetos por los que puede discurrir a partir de ahora sus vidas y  los consiguientes inconvenientes que se plantean, me gusta esta trama que proponen para la chica, y el trasfondo que lleva aparejado. La lucha de una mujer para hacerse un lugar en un mundo de hombres, y además con agallas y dispuesta a no dejarse avasallar. Ni siquiera por un ratero. Y me gusta que precisamente sea la mano de alguien como su hermano, su padre o el mismo Conrado, un hombre de miras avanzadas, sin prejuicios de género ni clase social, quien la ayude a dar sus primeros pasos en este mundo hostil al que se enfrenta.
Me cae bien Lucas. No parece que vaya a suponer un problema futuro, sino más bien el apoyo que Aurora sin duda va a necesitar. Y no es que no la vea con suficientes arrestos para enfrentarse sola a una caterva de machistas con la idea preconcebida del rol de las mujeres en la sociedad, sinó que le vendrá bien un amigo con quien compartir sus cuitas y que presumiblemente la va a ayudar a no desfallecer (hasta que suceda algo que lo estropee. Algo que ya es demasiado habitual y que no permite creer en casi nadie hasta que se demuestre lo contrario). Afortunadamente parece que la dueña de la pensión, Hilaria, una buena persona según todos los indicios, va a velar también por ella.   

28 de agosto de 2014

Amor no es la palabra

Soy consciente que mis escritos han adoptado un tono crítico que no beneficia en nada. Aunque no voy a ser tan vanidosa para pensar que ello pueda influir en el ánimo de nadie, pero tampoco ayuda. Sin embargo no me siento capaz de adoptar otro tono, ante lo que me provoca ahora mismo la serie.
Y ya sé que es abundar en lo que he escrito anteriormente, pero entre lo poco que dan de sí los capítulos y que ahora la mayor parte de los mismos (al menos los últimos), aparte de la trama de Aurora y sus connotaciones, parecen estar centrados en un único denominador común, Inés y Bosco, volveré sobre el tema.
Porque creo que poner en los labios de ambos componentes de la pareja la palabra amor no es lo más adecuado, y que es algo que les viene grande a los dos. Considero que lo más correcto sobre ellos sería decir, parafraseando el título de una película española “¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?”. Lo siento, pero ésta es la impresión que me producen: la de dos jóvenes que están actuando ante la llamada de la naturaleza, descubriendo una nueva experiencia y  llevados por la atracción hacia otra persona. Nada que tenga que ver con algo más profundo.
No niego que pueda haber existido un flechazo, pero no basta con ello. Pienso que el amor nace con el conocimiento del otro, y después se hace con el tiempo. Y sólo después, la frase anterior puede experimentar un vuelco.
Por lo que la pretensión de hacerlo pasar por una nueva historia de amor, como así se ha vendido, creo que ahora mismo es difícil que cuele, o al menos esto es lo que pienso. A menos que cambie mucho la cosa.
Para desarrollar un poco más este tema, además de mi propia opinión y con el permiso de sus autores, voy a tomar prestados comentarios que he leído o que me han dejado en este mismo blog, y voy a intentar hacer el ejercicio de desmenuzar un poco lo que pienso de los dos personajes.
Considero que los están construyendo sin personalidad.
En un principio Bosco se antojaba un espíritu libre, atormentado por la vida, pero con un fondo rebelde e inocente al tiempo. Sin embargo en un abrir y cerrar de ojos todo esto se ha diluido, para pasar a convertirse en lo que la doña ha querido de él: una persona maleable y sin voluntad propia, que sigue los dictados de su ama sin cuestionarse nada, aunque ello vaya en contra de las convicciones que supuestamente tiene (o tenía). Pero lo más sorprendente es que además, con la excusa que se da a si mismo de proteger a Inés, está dejando que ésta también sea manipulada y utilizada para fines mezquinos.
¿Qué clase de supuesto amor es éste? De verdad que lo único que veo ahora es el típico señorito venido a más, que busca a una sirvienta para satisfacer sus deseos carnales. Y después a otra cosa. De hecho, como hacía alguien no recuerdo donde, también me hago la pregunta de cuál será la actitud de Bosco cuando la doña descubra el pastel y le obligue a dejar esta relación. Porque no dudo que ésta va a hacer las dos cosas y a no tardar.
Por descontado los genes de la partera y el capitán brillan por su ausencia en este personaje, mientras que si lo hacen con fuerza en sus dos hermanos. Y no me vale que de alguna manera quieran repetir la historia de Tristán, y que Bosco opte por luchar por su amor enfrentándose a la doña, porque creo que los personajes de padre e hijo aún están a años luz uno del otro. También es cierto que quizás no sea muy objetiva porque nunca he ocultado que Tristán fue un personaje que me dejó huella, pero pienso que éste era un hombre maduro, bregado y con experiencia de la vida, que sí bien es cierto que también fue manipulado por Francisca, tenía sus propias y arraigadas convicciones y no dudaba en enfrentarse a su madre cuando consideraba que ésta estaba perpetrando una injusticia (es decir, casi siempre). No veo a Bosco en esta actitud, a menos que sepa reaccionar cuando descubra que también ha sido manipulado y engañado.
Inés. Otra que tal baila. Llega a PV en busca de su única familiar y ni siquiera se molesta en llegar hasta ella lo primero, dejándose deslumbrar antes por la posibilidad de servir en una gran casa y movida por los cantos de sirena de la doña. Convirtiéndose con ello en una esclava manipulada, que ha llegado a creer ser especial. Cierto que también tiene  mucho que ver el hecho de que Bosco habite en la misma casa (algo que ella no sabía cuándo entró como criada) y que es esto lo que ha impedido en buena parte que saliera huyendo de lo que todos la están previniendo. Aunque lo peor es que considere mas digna de confianza a Francisca que nadie más, y haga oídos sordos a lo que le dicen los demás. Cierto que la doña aún no le ha mostrado su verdadera cara y ello puede ser una justificación, pero no que ni siquiera llegue a plantearse que no todos pueden estar equivocados.
Por lo que respecta a su relación con Bosco. No quiero parecer mojigata, y acepto sin reparos que en algún momento puedan tener relaciones más allá de las puramente platónicas. El amor también es sentir el contacto del otro, pero a su tiempo. La precipitación con la que se ha lanzado a los brazos del chico da otra imagen de ella, alejada del supuesto amor. Y, por descontado, insisto que esto vale para los dos y no por el hecho de que sea una mujer se le ha de pedir contención y castidad. Nada más lejos de mi intención pretender insinuar esto.
Y me tengo que quedar aquí, porque no me veo capaz de hacer un retrato más profundo de Inés. Lo considero un personaje plano, sin matices, ni nada que la haga especial. Y sin nada que me permita pensar que pueda llegar a tener más protagonismo.
Lamento ser tan dura y probablemente en el futuro me tenga que tragar estas opiniones (si no han conseguido que abandone antes), pero ahora lo siento así.  

27 de agosto de 2014

Reflexiones de una desencantada

Reconozco que cada vez me cuesta un mayor esfuerzo ver la serie. Y no es porque me haya impuesto la obligación de seguir fiel a la misma, sino porque aún conservo la esperanza de que la cosa cambie, aunque visto por dónde van los derroteros este sentimiento va desapareciendo cada día un poco más. De hecho la ilusión y curiosidad con que la veía hace un año ya se ha esfumado del todo, para pasar a convertirse casi en una rutina. Que me permite, eso sí, tener un motivo para lo que realmente me gusta, que es escribir.    
Lo que considero el continuo abuso de flashbacks, tramas absurdas como la de Mariana y ya no digo de los Mirañar, el ninguneo a los protagonistas y sus escasos minutos de gloria, situaciones que no se resuelven y pasan a mejor vida, la maldad gratuita que no tiene castigo, los continuos vaivenes en la relación de Conrado y Aurora,…han conseguido pasarme factura y hacer mella en mi paciencia. 
Y ahora la incorporación de Bosco e Inés, una pareja que me cuesta muchísimo creer. 
Al respecto de estos últimos. Lo lamento por los actores que dan vida a éstos pero, como ya he dicho en otra ocasión, ya no es sólo el origen de Bosco sinó que también esté bajo el paraguas de Francisca y sometida a ella, lo que no me permite ni siquiera tener empatía con él, por muy engañado que pretendan hacerlo parecer. Entiendo que el personaje de la doña ha de estar presente en las tramas, pero ha conseguido agotarme del todo, y de rebote todo lo que se relaciona con ella.
Exceptuando por descontado, Mauricio y Fe.
Mi querida Margonz se preguntaba el otro día en su blog que había pasado con la serie y el planteamiento original. Es evidente que de ello ya no queda casi nada, ni siquiera el halo romántico del que sólo existen muy ocasionales muestras. Por supuesto no se puede esperar que sea lo mismo que al principio, y también los personajes han cambiado y evolucionado. (Aunque quizás esta afirmación no sea del todo cierta, porque Francisca no lo ha hecho ni un ápice, si acaso a peor), pero creo que se ha optado por lo que se pensaba una mayor comercialidad y no está funcionando como se esperaba. Y a los datos me remito. Para ello solo hay que ver los índices de audiencia, que van perdiendo fuelle mes tras mes.
Volviendo a Bosco e Inés. Creo que la precipitación con la que pretenden hacer entrar a esta pareja, hace que sea menos creíble. Puede que evolucione en su momento a una trama de amor, pero ahora mismo, y según mi impresión, no pasa de deseo carnal entre un par de jóvenes apasionados que se supone no han vivido nunca estos sentimientos. Aunque lo cierto es que si es así, tienen mucho entusiasmo para librarse a ello sin cortapisas.
Sólo una pregunta para el coach de los actores. Nada más lejos de mi intención que ofender a nadie, pero ¿la postura de Fariba es natural? A mí me da a veces la impresión que se prepare para embestir.   

26 de agosto de 2014

Apurar el momento

Cada día miro el capítulo con la esperanza de encontrar algo sustancial de lo que hablar sobre la pareja María y Martín, pero poco o nada se encuentra, salvo ocasionales (y preciosas) escenas con su hija y alguna conversación que nunca es sobre ellos mismos o su futuro. Por supuesto entiendo que no se puedan mantener al margen de lo que pasa en su familia, pero creo que no estaría mal que también dedicaran tiempo a ellos mismos.
¿O es que su relación necesita de vidilla (o lo que habitualmente viene a ser lo mismo que padecimientos) para que tenga más sustancia de la que les imponen unos guiones que siempre parecen los mismos? 
Es posible que Martín se sienta responsable de su hermana y esté preocupado por sobre lo que le deparará el futuro a ésta. Pero, aunque no incompatible con su deber como hermano mayor y entendiendo que le cueste aceptar tener que volverse a separar de Aurora, considero que él y María están permitiendo que ello les impida vivir unos momentos preciosos, los que se suceden a la culminación de su deseo más ferviente y que les ha costado tanto de alcanzar: estar juntos y para siempre. Claro que también habrá quien pueda decir que presumiblemente es sólo el principio de su dicha y que tienen muchos años por delante para vivirla, pero creo que los momentos se han de apurar cuando llegan y no dejar que pasen. Y ahora es su momento.
Por lo que lamento tener que decirlo con tanta crudeza, pero si algo tiene la marcha de Aurora es que quizás esto ahora pueda llegar a ser posible. Porque liberados temporalmente de preocupaciones, tienen la ocasión de volver la vista hacia ellos mismos, antes de que algo o alguien intervenga para estropearlo otra vez. 

Rumbo a una nueva vida

Ya lo dije. No pienso que Aurora se equivoque al tomar la decisión de hacer algo por su futuro que no pase por lo mismo que la mayoría de mujeres de su época: casarse, tener hijos y quedar encerradas en un pequeño mundo del que era difícil salir. Sin renunciar a ello en un futuro, ahora tiene la posibilidad de conseguir su sueño. Algo por otra parte vetado por motivos sociales, pero también económicos,  a la mayor parte de la población, incluidos hombres.
Y especialmente tiene decisión, aunque también las lógicas dudas y temores ante un mundo por descubrir que ya se entrevé que no será fácil. Por lo que es entendible que a medida que se acerca el momento de alejarse, todo esto se acreciente. Unido también a un par de factores que lo hacen más difícil: el primero tener que elegir entre el amor y el querer, el segundo no tener la absoluta certeza de estar cumpliendo su sueño o el de su madre.
Al respecto de esto último. No creo que volver a incidir en ello vaya a cambiar nada, pero la continua mención de Pepa no sólo la considero cansina hasta decir basta, sino que creo que llega a desvirtuar al mismo personaje de Aurora. Aparte de lo injusto que es para el personaje de Tristán, ninguneado por todos, excepto por Martín, Candela y ocasionalmente Rosario, creo que el supuesto objetivo de hacer parecer a Aurora a su madre puede haber llegado a provocar el efecto contrario al esperado. No veo porqué para desarrollar un personaje éste ha de parecerse a otro, que si bien es cierto llegó profundamente a l@s espectadores, ya cumplió su ciclo. Aurora tiene su propia personalidad, con particularidades como todo el mundo, pero que son suyas y no atribuibles a nadie más, ni siquiera a los genes. Porque una personalidad puede nacer con la persona, pero también se hace con la vida, la educación recibida, los estímulos externos, el entorno,…..   
Y si, quizás Pepa era especial. Pero creo que las demás mujeres de PV también lo son y no por ello se las menciona continuamente. De hecho pienso que, por ejemplo, Emilia también lo es, porque la influencia de un padre librepensador e ilustrado, que quiso que su hija tuviera una educación más allá de aprender a leer y a escribir, hace de ella una mujer con una personalidad muy interesante.
Pero me he ido por las ramas y mi intención era hablar de Aurora.
No será fácil para ella hacer frente a una sociedad extremadamente machista, pero admiro a las mujeres que supieron romper moldes y con ello abrir caminos a otras féminas que paulatinamente se fueron incorporando a puestos hasta entonces destinados exclusivamente a la clase masculina.
El problema es que, en el caso de Aurora, ello la ha forzado a tener que elegir entre lo que desea y el amor. Y que esta decisión afecta también a Conrado. Bueno, en realidad pienso que le afecta especialmente a él, porque es el que se queda y que tendrá que afrontar la soledad, el que ya ha llegado al final de un ciclo y que ahora tenía puestas sus esperanzas en iniciar otro de sosiego y felicidad junto a la que mujer que ama. Algo que se ha truncado y que además ahora se ve lejano en el horizonte. De verdad que me da una enorme pena la situación de Conrado, que aunque es claro que ni Martín ni María van a dejar que esté solo, ya no será el mismo sin la cercanía de su otra mitad. 
Admito que mis dotes de visionaria son igual a cero y que no soy capaz ni de hacerme una idea de a los derroteros que los guionistas pretenden llevar a esta pareja, alejados por una gran distancia y que tendrán que hacer sus vidas por separado. Sólo si Aurora decide renunciar a los estudios y vuelve a casa, o si Conrado se traslada a la capital, su relación no tendrá problemas, pero de momento no veo que vaya a suceder ni una cosa ni la otra. 
Habrá que dar tiempo al tiempo.   

25 de agosto de 2014

Una actitud inverosimil

Puesta ya a despotricar contra los guionistas, sigo. Y ello para decir que considero que la trama de Mariana y Micaela va camino de entrar en el palmarés de las tramas más absurdas que se han inventado, lugar que por supuesto suelen copar por méritos propios los Mirañar.
Quizás sea demasiado exigente, pero no consigo ver a donde quieren llegar con ello. Me parece absolutamente inverosímil que la actitud de Mariana sea la de amedrentarse y dejar que el temor la invada, y ello sólo ante las amenazas de una mujer mayor que además aparentemente está sola. No quiero creer que la chica que conocíamos se haya vuelto tan pusilánime como para acobardarse por ello, y no enfrentarse abiertamente a alguien que está condicionando su vida y de rebote la de su familia, hasta el punto de que casi provoca una desgracia con Alfonso y va camino de destrozar su matrimonio. Creo que ya he hecho esta pregunta en otra ocasión, pero ¿qué puede hacerle esta mujer que además no haya tenido ya ocasión de perpetrar? Ya no digo lo que se ha visto en los avances, donde la insta a escoger entre su familiares a quien cargarse. Es totalmente surrealista que Mariana no sea capaz de sobreponerse, sacar a la mujer de su casa a puntapiés, y a continuación dirigirse a las autoridades y a su familia para poner en su conocimiento las amenazas. 
Es cierto que Mariana tiene tendencia a mantener para si las cosas y se ha callado en numerosas ocasiones temas que podrían haber resuelto situaciones, como por ejemplo la de María, siendo incapaz de trasladar a los padres de ésta la infelicidad de su hija y los desmanes cometidos contra ella por parte de su primer esposo. La confianza parece que no es su fuerte, aunque las más de las veces pienso que la confunde con protección a los suyos, cuando estos ya son lo suficientemente mayores para saber defenderse solos. Pero si aún fuera esta la cuestión, creo que el caso de Nicolás es diferente y sólo por el hecho de ser el hombre con el que ha unido su vida tendría que ser merecedor de esta confianza. 

Buscando respuestas

Me gustaría volver la vista hacia Bosco y su historia. Pero aun olvidando su extravagante origen, no consigo dejar al margen el hecho de que esté bajo la órbita de la doña y totalmente plegado a sus deseos, por lo que a pesar de que me digo que no es totalmente culpable de su actual actitud dada su poca experiencia de la vida, pienso que si lo es de no ser capaz de pensar por sí mismo.
Otra cosa es que además no pueda evitar que me invada una sensación de repulsa cada vez que Francisca se acerca a él con gestos tiernos y afectuosos que para alguien que no la conozca incluso podrían ser creíbles, pero para los que hemos sido testigos de su proceder se antojan solamente una pantomima destinada a lo mismo que ha hecho siempre: manejar a la gente y someterla a sus deseos. De su manera de actuar da buena cuenta el hecho de cómo ha tratado a sus propios hijos y ya no digo a sus nietos, a los que jamás ha demostrado, ya no sólo afecto, si no más bien todo lo contrario. Como muestra, aún está reciente el hecho de la rotura deliberada de la presa y la nula preocupación, y menos remordimientos, que le supuso conocer que su propio nieto, Martín, podría ser una víctima de sus desmanes.
Hemos visto como ha vuelto a demostrar esta insensibilidad y carencia de empatía hacia estos últimos, con sus pullas dirigidas a Aurora. Eso sí, hábilmente resueltas por ésta. Quizás es por esto mismo, y porque Martín y Aurora tienen voluntad propia, ellos jamás han entrado en sus planes. Y si Bosco lo hace es porqué aún le sigue la corriente.
De verdad espero con impaciencia que se resuelva el origen de éste y descubra quien es realmente, que tiene dos hermanos y una familia. Admito que me muero de ganas de ver cómo reaccionan Martín y Aurora y, por supuesto, él mismo.      
Y ya que estoy en ello, quisiera entrar en la cuestión de los desmanes de Francisca.
Con la marcha de Aurora a la capital, me temo que si alguna vez ha habido la esperanza de que se pusiera manos a la obra con su hermano para resolver el tema de Pepa, por enésima vez ello se va a frustrar. En realidad como tantos otros temas que han pasado a mejor vida directamente. Quizás es exigir demasiado a una serie diaria, en la que me imagino que el ritmo de escribir los guiones es frenético y debe ser fácil olvidar algunas cosas, pero los espectadores no olvidamos tan fácilmente y hay cosas que pueden llegar a exasperar. Como algunas incoherencias flagrantes, o tramas y situaciones que nunca se han resuelto.   
Lamento tener que decirlo, pero a veces me da la sensación que los guionistas no se quieren complicar la vida buscando razonamientos que puedan ser convincentes, y por ello dejan que algunas cosas se pierdan en el olvido. Por descontado no me creo lo suficientemente dotada como para decirles como han de hacer su trabajo, pero pienso que cualquier trama tendría que ser calculada desde el principio al fin y darle coherencia. Por ejemplo, no creo que nadie se explique porque hicieron que Mauricio descubriera lo de la cincha cortada si después no ha servido de nada, excepto para su bolsillo. Y lo mismo ha sucedido con la rotura deliberada de la presa. De hecho si me pusiera a hacer una lista, seguro que no acabaría. 
Por cierto. ¿Que ha pasado con doña Tula? 
Y ya no digo de la imposibilidad de que la doña cometa un desliz o pague por sus desmanes. Ni siquiera los poderosos son inmunes, y creo que Francisca ya ha hecho méritos más que sobrados para que algo le salga mal y no les toque siempre a los otros. No creo que la rediman ni sus muy ocasionales muestras de tener algo más que una piedra por corazón.  

24 de agosto de 2014

La distancia no es el olvido

Con la decisión de Conrado y su apoyo, parece que se han despejado las dudas de Aurora
O quizás no del todo.
Porque parece que toda su familia se haya confabulado para que dude de si su decisión está motivada por lo que realmente ella cree que es cumplir un sueño, o está huyendo de los sufrimientos que la han acompañado en los últimos tiempos. Aunque, por descontado, no creo que lo hagan con el ánimo de hacerla cambiar de opinión, sinó para asegurarse de que tome la decisión correcta y sin otra motivación que la de perseguir su objetivo de llegar a ser doctora. Por otra parte, algo al alcance de muy pocas mujeres de su época.
Pero como ella misma piensa (o quizás quiere pensar), coincido en que las dos cosas que apuntaba anteriormente, están relacionadas y, de alguna manera, la segunda la ha empujado a hacer lo primero. Ahora que todo parece haber vuelto a su lugar, ha llegado el momento de pensar en ella misma y lo que quiere hacer de su vida, a pesar de que ello también signifique el enorme sacrificio de alejarse de la familia de la que ha podido disfrutar tan poco, pero especialmente tener que renunciar momentáneamente a estar con Conrado. Algo que no significa necesariamente prescindir del amor, pero si obliga a vivirlo de otra manera. Porque si algo si ha quedado claro y nadie se ha cuestionado, ni siquiera los mismos interesados, es que los estudios universitarios alejan cualquier otra relación entre la pareja que no sea la del noviazgo, y sólo a largo plazo se puede contemplar el matrimonio. De lo único que no hay duda es que Conrado y Aurora se quieren y no desean perder lo que tienen.
También es cierto que la prueba a la que se enfrentan con la separación conlleva algunos peligros e incógnitas. La primera, saber si ello va a suponer un enfriamiento de su relación o va a afianzarla. Porque no es lo mismo en ambos integrantes de la pareja, especialmente por la diferencia de edad. Como ha dicho Conrado, él es un hombre maduro que ya está de vuelta de muchas cosas, mientras que Aurora está empezando a vivir, y ahora además se ha de enfrentar a un reto descomunal para el que va a necesitar todas sus energías en las próximas semanas y meses: aparte de una nueva vida en solitario y en una ciudad desconocida, tendrá que superar un doble desafío: poder seguir su vocación y ganar la lucha por hacerse un hueco en un mundo cerrado, en el que los hombres acaparaban los puestos y en el que las mujeres eran muy mal vistas.
Aunque, por suerte para Aurora, no todos los hombres eran iguales. Y Conrado, como no podía ser de otra manera, no me ha defraudado. A pesar de que sabe que dejar marchar a Aurora puede significar que su relación vaya perdiendo fuelle, no es tan egoísta como para anteponer sus sentimientos a los de ella, ni tan obstinado como para no dejárselo saber y además apoyarla. De hecho, creo que con ello ha hecho la mayor demostración de amor que se puede llevar a cabo.
Aunque él lleve la peor parte. Porque le va tocar en mayor medida mantener encendida la llama del amor, y no será fácil con la distancia.

22 de agosto de 2014

Dos años. Y parece que fue ayer

Dos años y parece que fue ayer.
Pero entonces una cae en la cuenta de los litros de tila que le han hecho falta para poder llegar a este momento, de los innumerables momentos en que ha estado a punto de tirar la toalla, en los que ha puesto a los guionistas a los pies de los caballos cuando las cosas se torcían, o les ha agradecido los buenos ratos pasados con esta pareja que han necesitado todo este tiempo para ver consolidado su amor.
Sin embargo pienso que ha valido la pena. Y ver como maduraban los personajes al mismo tiempo que los actores que los protagonizaban, ha sido también un ejercicio interesante, aunque lo admito, agotador. Con tramas que han puesto a prueba las paciencias más sólidas.
Aunque parece que ya hable en pasado, cosa muy lejos de mi intención. Pero es evidente que ya nada volverá a ser lo mismo, y que la historia toma otro rumbo con los mismos protagonistas, pero hacia nuevos horizontes. Ya nada se puede interponer en esta relación, salvo el destino o la mano de éste.
O los guionistas, que son los que tienen la palabra.
Mirado en perspectiva, no sé si se podía presagiar lo que ha deparado esta pareja, que han llevado el peso de la serie durante tanto tiempo. El reto era importante y es evidente que han superado las expectativas más optimistas. Y aún pueden seguir haciéndolo, aunque a tenor de las escenas que ahora protagonizan, su momento parece estar pasando a segundo plano, bien porque ahora son una pareja estabilizada, con una hija a la que cuidar y con la vida más o menos resuelta,  o porque el cambio de ciclo es más importante de lo que se deja entrever.
Alguien decía en días pasados que entre ver sufrir a esta pareja o que se muestren como un matrimonio aburrido instalado en la cotidianidad, pero viviendo sin sobresaltos, prefería lo segundo. Y coincido en parte con ello, siempre que el verbo “ver” esté incluido. Porque ahora los momentos además se dan con cuentagotas, aunque eso sí, suelen ser preciosos, especialmente los que tienen que ver con Jordi y la pequeña. La magia que destilan estas escenas deja siempre un poso especial, más cuando los sentimientos son tan intensos que traspasan la pantalla.

Y espero que ello no se rompa, aunque me digo que nada es eterno. Una serie tampoco.

21 de agosto de 2014

Quizás unas pecas reveladoras..

Es curioso cuanto pueden llegar a ser de familiares unos personajes de ficción, que incluso es posible llegar a un punto en que los sentimientos que éstos reflejan en la pantalla lleguen casi a antojarse como reales. Y especialmente cuando quienes los trasmiten son unos actores tan magníficos como los de PV.
Hoy casi he llegado a sentir vergüenza ajena ante la acción de Francisca. Me ha parecido entre ridícula y patética su manera atolondrada de impedir que curaran a Bosco, con una justificación tan absurda que ni siquiera era digna de considerar.
Me imagino que la insistencia de los responsables de los guiones en hacer patentes las pecas de Bosco es por algo más que para que se recuerde el linaje de éste. Un recurso por otra parte que considero innecesario. Pero si es lo que pretenden hacer patente con la actitud desquiciada de Francisca, a fe que han conseguido hacer que me preguntara si su actitud tiene que ver con esto o es que hay algo más. ¿Es porque conoce esta especie de marca de la casa que adorna la espalda del chico, y ha actuado para impedir que nadie se pudiera percatar de ello? ¿Es el temor enfermizo a que si descubren su origen le arrebaten su juguete nuevo, la marioneta que con tanto celo está construyendo a base de mentiras, calumnias y manipulación? ¿O es un sentido de protección exacerbado hacia el chico que la ha sacado de su soledad y que le brinda un cariño y una lealtad sin fisuras? Quizás haya un poco de todo ello. Y quizás, muy pero que muy en el fondo, exista también un sentimiento de cercanía hacia alguien que es de su sangre y que, de momento, le demuestra una veneración sin límites. Algo que es evidente que ayuda a que los desvelos de Francisca hacia él se multipliquen.
Pero hay un fallo en esto. En su afán por meter a Bosco en una urna para que nadie tenga contacto con él, podría haberle puesto en peligro. Despreciar los cuidados de Aurora con la excusa de una poca profesionalidad y después decidir, sin tener ningún conocimiento, que ella misma puede hacerse cargo de una herida, raya en la irreflexión y la inconciencia más absolutas. Aunque de hecho para Bosco el peligro existe siempre, ya que está metido en un nido de víboras sin ser consciente de ello. Hasta el día que descubra que le han mentido y utilizado.
Ya puesta y siguiendo con mi línea habitual de cuestionarme cosas o buscar incoherencias (lo admito, sé que puedo ser hasta cierto punto cargante y además es claro que se trata de un ejercicio inútil), pero ahí van unas cuantas cuestiones. ¿Acaso Mauricio conoce el tema de las pecas? Bosco se ha pasado días en el bosque con el pecho descubierto, así que el capataz ha tenido numerosas ocasiones para ver la espalda del chico. Por lo tanto, y por este lado, apartar a Mauricio del chico no tiene ningún sentido, como tampoco lo tiene que ni Fe ni Inés puedan acercarse a éste, ya que ninguna de los dos puede saber nada del tema, y tampoco creo que le dieran importancia a unas pecas.

Una medalla providencial

Supongo que, como me sucedió a mí, a much@os les pareció cuando menos raro, por no decir sorprendente, el hecho que una persona como Emilia, nada sospechosa de tener sentimientos religiosos, decidiera regalar nada menos que una medalla de un santo, por mucho que sea el patrón del pueblo. Y que además los destinatarios fueran su esposo, que es posible que sea algo creyente, aunque no muy dado a hacer ostentación de ello y menos en forma de colgante al cuello, mientras que el otro, su padre, es un ateo declarado. Naturalmente no creo que Raimundo desprecie el regalo, más que nada porque es algo proveniente de su hija y hecho con todo el cariño, pero no que vaya más allá de meterlo en un cajón y olvidarse de él. No veo a Raimundo con el colgante al cuello y menos para recordar a su pueblo. Para ello no hacen falta imágenes de un santo, porque las vivencias se llevan en el corazón y sus lazos con PV son sólidos y para siempre. El hombre ha dejado allí a toda su familia y a la mujer que ha representado lo más importante de su vida, además de sus dos hijos fallecidos, por lo que su cuerpo puede estar en Fuerteventura, pero su corazón estoy segura que sigue anclado para siempre en este pueblo remoto de Castilla.
Finalmente el motivo del regalo ha quedado claro, aunque naturalmente no creo que ni por lo más remoto se le haya pasado por la cabeza a alguien que estuviera destinado a ser un objeto antibalas, como ha sido su función.
Al respecto de la escena del disparo, hay algunas cosas que me chirrían. La única reacción que considero normal es la de Rosario, hecha un basilisco y reprochando a Mariana sus silencios y su poca confianza en su familia. Por lo que respecta a Alfonso, entiendo que quiere a su hermana, pero creo que después de haber recibido un disparo de ella que podía haber acabado con su vida, lo menos era ponerse algo duro y no aceptar unas explicaciones atolondradas y a todas luces para salir del paso. No se dispara a nadie así por las buenas, ni que sea un ladrón. Pero lo peor es precisamente lo de Mariana. ¿Dónde está la chica que conocimos, a la que se le suponía una dureza y un valor que se ha esfumado? Cuesta entender que sea incapaz de sincerarse con nadie, cuando estoy segura que tod@s sabrían entender sus razones y ayudarla. Como también es difícil entender que se haya replegado en sí misma, dejándose vencer por el temor y viviendo en un continuo sobresalto, y todo ello solo por las amenazas de una simple mujer mayor. ¿Qué podría hacerle esta? ¿Explicar a todos lo que pasó en la cárcel? Es su palabra contra la de Mariana y ¿a quién iba a creer la gente?
Vale, ya sé que es una trama y que no hay que darle más vueltas. Pero lo cierto es que me disgusta que estropeen, de alguna manera, a este personaje que hasta ahora había dado muestras sobradas de su valor y entereza.

20 de agosto de 2014

Cambio de planes

No puedo criticar la decisión de Aurora, porque sería incoherente con mi defensa de días pasados de lo que consideraba un error por su intención de casarse a tan temprana edad, renunciando a lo que desde muy niña ha ansiado. Y porque creo que a veces se olvida que, a pesar de lo que pueda parecer, Aurora aún no ha tenido tiempo de conocer la vida, después de pasarse los últimos diez años encerrada en un internado. Es muy joven, y a sus diecisiete/ dieciocho años está en el momento justo para emprender el estudio de una carrera, que si bien también le supondrá no tener tiempo para muchas otras cosas y que le ha de llevar muchos años de hincar los codos, es algo que puede decidir por sí misma y que es importante para su futuro. Y especialmente porque ello le permitirá, aparte de la posibilidad de ayudar al prójimo, no tener que depender de nadie. Ni siquiera de un esposo.
Por descontado, no creo que sea egoísta por perseguir sus sueños. En realidad pienso que es ahora, cuando ha madurado de verdad, cuando es consciente de que ha asumido responsabilidades que no le corresponden por su edad. Quizás porque la han empujado a hacerlo todos los que de manera insistente pretenden compararla con su madre, y obligándola en cierta manera a no decepcionarlos. O puede que sea porque el destino, o su propia manera de ser, la hayan llevado inconscientemente a ello, sin que se lo haya cuestionado. Hasta ahora.
Otra cosa es que lo haya decidido sin contar con Conrado. Y entiendo que este se sienta dolido porque no lo haya incluido en sus planes, ni siquiera lo haya hablado con él. Se supone que es una de las personas más importantes de su vida y, hasta ahora, de su futuro, y no puede dejarle al margen e ignorar lo que éste siente y desea. Y lo que el hombre anhela es unir su vida a la de ella, cosa que la chica parece que ya no tiene tan claro, no porque no le quiera sinó porque es evidente que lo que antes no parecía un problema, ahora se ha revelado tal cual es.
He visto numerosos comentarios en los que se destaca que no ha de ser incompatible el matrimonio con estudiar una carrera universitaria, pero creo que cuando se hace esta afirmación no se tienen en cuenta muchas cosas, entre ellas la época en la que transcurre la acción. Eran otros tiempos y otra manera de entender la vida. Y si ahora ya es tarea complicada compaginar las dos cosas, creo que entonces aún lo debía ser más, por múltiples razones que ahora se antojan naturales pero que en aquel tiempo eran inexistentes, entre ellas unos medios de transporte que permitieran salvar largas distancias en poco tiempo, o más recientemente los sistemas telemáticos.
Ya no digo si además se pensaba en hijos. El papel de la mujer en la sociedad distaba mucho del que existe actualmente, y aún ahora faltan muchos pasos para conseguir alcanzar la plena igualdad. Por muy progre que sea Conrado, y Aurora independiente, el rol de la mujer en el matrimonio creo que debía estar marcado. Y hacer de esposa, y quizás madre, además de estudiar una carrera, lo veo harto complicado.
¿Que ello vaya a suponer el fin de la relación? No lo sé, aunque es claro que de seguir se van a tener que replantear muchas cosas. La primera, si Conrado ha de seguirla y abandonar PV con ella. No creo que la hipótesis de un matrimonio a distancia sea ni siquiera algo a plantearse.

19 de agosto de 2014

Unos lazos para siempre

Por un momento me ha parecido estar visionando una de las numerosas escenas en las que Tristán reafirmaba su amor de padre por un chico que, sin ser de su sangre, era su hijo en toda la acepción de la palabra. Lo mismo que Martín, que le tenía por su único padre, sin medias tintas.
Tristán lo dijo un día: “el amor no lo trae la sangre”. Los lazos que les unían a él y a Martín eran mucho más poderosos que esto, al igual que lo son los que existen ahora entre Conrado y  David. Y todo y aceptando que un niño puede cambiar la vida y el futuro del hombre, incluida su relación con Aurora, admito que me hubiera gustado que hubiese sido en realidad su hijo. Como también estoy convencida que de haberse dado el caso de que David, ante la encrucijada de tener que escoger, hubiera optado por él, Conrado habría sido realmente un padre responsable y cariñoso, sin que la inexistencia de vínculos genéticos supusiera ningún impedimento para ejercer de ello.
Como también sucedió en su día con Raimundo y Emilia, y pasa con Alfonso y María. Todos ellos ejemplos de que las palabras de Tristán se pueden corroborar con hechos.
De todas maneras, tengo claro que Conrado, aun sin tener al niño bajo su cuidado, no se va desentender de él. Ha hecho una promesa y va a cumplirla. Además la ha hecho no por sentir que es su deber, sino porque creo que realmente ha tejido un vínculo con David, después de haber jugado con él, haberle dedicado su tiempo y aprendido a quererle. Y es sólo un niño, al que no puede culpar de los manejos de su madre, y ha demostrado ser muy maduro para su edad. Sin embargo no tengo muy claro si un niño de apenas cinco años es capaz de llegar tan lejos como para decidir por su cuenta el sincerarse con el hombre al que ha estado mintiendo. Es posible que en este periodo se tenga claro el concepto de lo que es una mentira e incluso que no está bien, pero no creo que se tenga asumido el de remordimiento por ello. Creo que es muy pequeño aun para tener este sentimiento, aunque quizás me esté equivocando. De todas maneras, también pienso que Conrado, que es cierto que es un hombre maduro y con experiencia, aunque no me atrevería a decir con niños, ha sabido llevar la conversación al terreno del pequeño.
Y al mismo tiempo, hacer que aumentara en más puntos mi valoración sobre él.

18 de agosto de 2014

Huyendo de sus sentimientos

Trabajar codo a codo con una persona creo que es una buena manera de descubrir cómo es realmente. Y más cuando se es perro viejo como Mauricio y pocas cosas se pueden escapar a su atenta mirada. Bueno, para ser exactos, puede que vea con meridiana claridad con respecto a los demás, pero, en su caso particular, por mucho que le requiebre Fe y le lance indirectas, parece miope o cegato total (¿o quizás lo ve y prefiere no darse por aludido?). Aunque también es posible que sea otro de los que le tiene miedo al amor, pero no creo que tenga nada que ver con los  motivos que esgrime la doña, sino  más bien porque no sabe cómo manejar estos sentimientos.  
Parece que su trabajo junto a Bosco ha provocado que su relación con éste haya experimentado un cambio y no sea tan tensa. No porque hayan vuelto al principio y sean camaradas, sino más bien porque Mauricio ha sabido encauzar la situación, aceptar que el chico es ahora el señor, y aprender a manejarlo. Además creo que éste necesita estar con otras personas, y salir de los muros opresivos de La Casona. Es algo patente que Bosco ha aprendido rápido su papel y a no mezclarse con los que se considera de clase inferior, pero en el fondo jamás podrá despegarse de lo que ha sido su vida anterior, que lleva arraigada en lo más profundo. Es alguien criado en la naturaleza, y ésta le sigue llamando. No es una persona para llevar una vida ociosa y regalada, ahora con la única compañía de dos mujeres mayores que no le aportan ninguna alegría, y sin poder contar con ningún amigo, sólo sirvientes que no discuten sus órdenes. Como Mauricio.
Pero creo que en el capataz ha visto algo más. Éste no sólo es un sirviente leal, sino que también alguien con el que compartir algo más que charlas sin fuste con una copa en la mano. Es la otra vida, la que le hace sentir vivo, aunque las directivas de la doña, que él cumple a rajatabla por un mal entendido sentido de la fidelidad a ésta, le impidan ser más cercano.
Sin embargo hay algo más en la actitud de Bosco que le hace buscar la manera de estar fuera de la casa, trabajar hasta extenuarse y así no tener tiempo para pensar. Es evidente que no se trata solo de hacer lo que realmente le gusta y que ha hecho toda su vida, sino que necesita alejarse de Inés. No hay duda que la chica ha penetrado en su corazón y no puede librarse de esta opresión, por mucho que la doña le advirtiera que el amor puede significar una condena.
Y Mauricio parece que empieza a hacerse una idea de todo ello. 

17 de agosto de 2014

Seguir al corazón

Parece que, en esta serie, seguir al corazón solo es aplicable en algunos casos y para algunas personas. Si bien es cierto que también hay que tener en cuenta la razón. Y, tanto en la ficción como en la vida real, a veces las dos cosas pueden ir por caminos separados y es difícil encontrar un punto de unión, así como lo es tomar la decisión correcta de seguir uno u otro cuando no hay alternativa. Y también es verdad que ello puede hacer vulnerable hasta cierto punto a una persona, pero no creo que sea nada malo tener sentimientos y trasladarlos a otros. Y además seguir la fuerza de éstos. Porque el amor o el cariño jamás pueden ser, como dice Francisca, algo dañino, ya que es de una de las mejores cosas que puede llegar a satisfacer el alma humana, jamás un sentimiento que se haya que alejar como un estorbo. 
En realidad pienso que la doña es una cobarde, porque lo que realmente le impide dejarse llevar por los sentimientos es el miedo a sufrir. Por supuesto nadie quiere pasar por esto último, y menos si es posible soslayarlo, pero a veces las circunstancias frustran este deseo y hay que aceptar el destino, intentar amortiguar el golpe y dejar que el tiempo cure las heridas. También es verdad que Francisca ha padecido en su vida, y que se vió forzada a tomar la decisión de renunciar al amor verdadero. Y puede que los años de sufrimiento posteriores provocaran que al final su corazón sucumbiera y acabara tan maltrecho que, una vez liberada de ataduras, no fuera capaz de volver a sentir, hacer algo por si misma e intentar superar su situación. Más bien llevada por este mismo miedo a padecer, creo que dejó que el temor la corroyera, llevándola además a culpar al mundo de sus padecimientos y alimentando un resentimiento que la lleva a arremeter contra todo aquel o aquella que se atreven a cuestionarla. Acrecentado ahora con el miedo a la soledad, que paradójicamente ella misma se ha procurado.
Pero las personas también tenemos la opción de enmendar nuestros errores, y nada de lo anterior justifica la actitud de la doña. Otras personas han padecido lo mismo o peor y han encontrado la manera de salir de esta espiral, pero Francisca no ha sabido o no ha querido hacerlo, optando por otro camino: utilizar su poder para no volver a caer en el sufrimiento. Aunque lo que está consiguiendo es exactamente lo que quiere evitar. Porque el cariño no se puede comprar, es generoso y altruista y se da sin contrapartidas, algo que la doña parece no entender.
Aun así es posible que en algún lugar recóndito aún albergue sentimientos, necesidad de querer y ser querida, por otra parte algo que es incapaz de reconocer ni ante ella misma y mucho menos ante los demás. Solo algunas personas han podido ver algún atisbo de ello. Como Bosco, que ha podido ser testigo del punto de ternura que Francisca ha dejado escapar con la mención a Raimundo, calificándolo como la persona más importante que ha pasado por su vida. Aunque ello haya sucedido en un momento de debilidad, que enseguida ha rectificado.
Por todo ello, y en definitiva, sigo pensando que, aunque a veces parece que la doña se ha ablandado, no creo que tenga redención posible. Porque siempre acaba saliendo a la luz la verdadera Montenegro, la despiadada, falta de escrúpulos, rencorosa y vengativa Francisca, incapaz de sentir la más mínima empatía por nadie, ni siquiera por los de su propia sangre. Cierto que ahora Bosco es el motivo de sus desvelos, y el cariño casi enfermizo que le prodiga quizás tenga algo de verdadero sentimiento, pero tampoco no ha sido puesto a prueba. Veremos cuando suceda, si es que ello llega a pasar, si con él podrá superarlo.

16 de agosto de 2014

Llegan más forasteros

Parece que una oleada de forasteros ha llegado o van a llegar a PV. A los recién casados Amadeo y Nicanora, que sorprendentemente no han encontrado lugar mejor para pasar la luna de miel que entre los bucólicos parajes de un pueblo remoto de Castilla en el que la tranquilidad es algo anecdótico, hay que añadir el insistente Braulio, el comercial de la cerveza Cepulin, al que aparentemente no le gusta el producto que pretende introducir, pero que sabe venderlo de manera convincente. Y por los avances de la semana que viene, parece que también arribará un inglés que no habla castellano y otro señor que se expresa en una lengua sin identificar.
Ya no hablo de los que propiamente se puede decir que no han recalado en este pueblo para ver el paisaje. Realmente a veces parece que PV es el ombligo del mundo, pues por aquí ha pasado desde lo más variopinto y estrambótico, hasta los seres más despreciables que una se pueda echar a la cara y que, por alguna razón, parece que tienen especial predilección por este rincón. Estos últimos actualmente representados por Alicia, una pérfida mujer dispuesta a mentir, engatusar y manipular, todo con la intención de asegurarse una vida muelle y sin complicaciones, pero a la que parece que finalmente le ha caído la careta y ha tenido que salir por piernas del pueblo, y Micaela, otra mujer que bajo su apariencia cordial y bonachona se esconde alguien que parece llevar intenciones funestas. Por cierto, al respecto de esta última, tengo mis dudas de que se trate realmente de la madre de la chica que mataron en prisión y no alguien pagado por la Montenegro.
Vale, entiendo que es una novela y que todo esto es solo producto de la necesidad de desarrollar tramas aparte de las principales. No hay como vivir en un pueblo pequeño como para ver las escasas posibilidades de, por ejemplo, encontrar por las calles a una princesa rusa fugitiva, ser testigo de los intentos públicos y frustrados de un mago de pacotilla para desarrollar trucos de magia, conocer a un arqueólogo-compositor peculiar o a un aviador de combate italiano,…… Y ya no digo también de las de ser capaz de atraer a los peores ejemplos de la perversidad humana, desde locas desquiciadas, médicos con dobles intenciones, vividores de la peor calaña, curas ambiciosos y fanáticos,…………vaya, todo lo peor. Sin contar los que ya están, versus Francisca y Bernarda.
Porque hay otra cosa. El cupo de malvados jamás está en minoría en este rincón de la España profunda, porque cuando uno de ellos muere o desaparece no tarda mucho en aparecer otro para ocupar su lugar. Parece el sino de este pueblo, y  el guion preferido de los responsables de la serie.
Por descontado, sin olvidar los secretos que casi todo el mundo lleva en su bagaje. 

15 de agosto de 2014

Un verdadero hogar

No hay duda de que tod@s los habitantes del Jaral, además de techo y un cariño sincero, comparten también las preocupaciones de los demás. Como ha de ser en un verdadero hogar. Y que a Martín le corresponde lidiar con ello en mayor medida, atendiendo a la responsabilidad que le corresponde como cabeza de familia. Y a María como su esposa. 
Únicamente por esta cuestión puedo entender que esta pareja no parezca estar muy por la labor de dedicar tiempo a su recién estrenada condición, que por otra parte solo era un paso más en una convivencia que ya era un hecho desde hace tiempo. Pero doy por supuesto que este tiempo si existe y que lo reservan para cuando el trajín continuado de la casa, y las inevitables interrupciones, dejan paso a la calma de la noche y a una mayor intimidad.
(Dicen que quién no se consuela es por qué no quiere. Y este es mi caso).
De todas maneras no creo que el Jaral sea una casa atípica. Aún en la actualidad, en estas grandes haciendas suelen vivir muchas personas (lo conozco de primera mano, pues hay varias en mi entorno). Y tampoco es que el Jaral esté superpoblado: cinco personas, de las que dos trabajan buena parte del día fuera de la casa, así como Martín se supone se ocupa de la propiedad. En consecuencia, aunque poniéndome condescendiente, diría que el trajín de la casa entra dentro de los parámetros que se pueden considerar normales.
Pero así sería en la vida real, y esto es una novela.
Cierto que la mayor parte del tiempo las cosas que suceden en la serie tampoco son cotidianas ni muy corrientes, y que la zozobra o la preocupación suelen impedir que el ritmo de vida transcurra plácidamente. Pero aun así puede haber tiempo para todo, y creo hablar por el sentir general que se agradecería que también hubiera ratos para las parejas (y en esto las incluyo a todas), y no sólo cuando todo el mundo se va a su casa, o se apagan la luces en ésta que me ocupa.
Claro que hay prioridades, y así ha de ser. Entiendo que, ahora mismo, Martín y María no pueden obviar la situación de Aurora, Conrado y los manejos de Alicia, que el chico ha conseguido desenmascarar. Tampoco la situación de Inés, la sobrina de Candela, y el consiguiente temor por si cae bajo las garras de Francisca, cosa que ha llevado a María a intervenir aunque sin ninguna fortuna. Y va cogiendo también fuerza la preocupación por la actitud de Mariana.  
Pero insisto. También tendría que haber tiempo para las parejas, y en concreto para ésta, en el que lo que único que existiera fuera la intimidad, el relax, el hablar de su hija, de ellos mismos….momentos en los que pudieran dedicarse a vivir su relación, y en los que los problemas propios o de los demás quedaran aparcados. Al fin y al cabo se supone que esto es una novela romántica, pero creo que ahora mismo tendríamos que girar la vista hacia Alfonso y Emilia, la única pareja a la que permiten hacerse demostraciones de amor. Y no es que me queje, porque son una pareja preciosa, pero no son los protagonistas.
Y ya sé que también he escrito en otras ocasiones sobre ello, pero no puedo dejar de volver sobre el tema. No creo que por el simple hecho de que se introduzca una nueva relación, que presumiblemente ha de acaparar protagonismo, haya de relegarse a las otras parejas que ya llevan asentadas en la serie mucho tiempo y que cuentan con montones de seguidor@s. Pero creo que esta es la impresión generalizada, a tenor de lo que se lee en los foros y páginas sobre la serie. Por descontado no puedo pretender saber como se ha de buscar la complicidad de l@s espectadores ante una nueva pareja que se espera tenga una trama principal, y me imagino que por parte de los responsables se han valorado todas las posibilidades. Pero lo que es cierto es que hay unas parejas consolidadas que llevan el peso de la serie, y que lo que ha funcionado en otras ocasiones, no necesariamente tiene que hacerlo ahora. No siempre es posible que suene la flauta, ni se puede esperar que la paciencia de l@s espectadores sea infinita. 

14 de agosto de 2014

La venganza de Francisca

No creo decir nada nuevo si afirmo que en PV casi nada prescribe ni se puede dar por definitivamente zanjado, a menos que sea con un par de metros de tierra encima (y en algún caso ni aun así).
Pueden haber pasado dieciocho años, una condena de diez, otra condena sin barrotes pero igual de dura, pero para Mariana parece que poco o nada ha cambiado, excepto su estado civil. Sí, es cierto que esto puede dar un vuelco importante a su vida porque lleva aparejada la posibilidad de una nueva, pero de momento tiene el aspecto de llevar camino de irse todo al garete.
No hay duda que las amenazas de la doña empiezan a tomar cuerpo. Porque es evidente que detrás de irrupción de Micaela en escena, está la mano de Francisca, que jamás perdona que la contraríen. Mariana tendrá que pagar la supuesta ofensa, aunque sea de manera desproporcionada y sin que Mauricio ni siquiera tenga constancia de ello. De hecho la doña cada vez menos cuenta para sus propósitos con el capataz, y la intención de éste de prevenir y proteger a Mariana se va a quedar en buenas intenciones.
La pelota está ahora en el tejado de la chica. Es posible que en primera instancia no haya sabido muy bien cómo reaccionar, porque es evidente que es algo que ya había dejado atrás, que estaba ahí y nunca dejaría de estar, pero sobre lo que había conseguido poner un velo de olvido. Ahora el pasado retoma con fuerza y además de manera muy presente. Otra cosa es que se deje vencer, como aparentemente sucede. No parece muy propio de la chica que aparezca alguien que le diga que está dispuesta a hacerle la vida imposible, y no haga nada para impedirlo. Además, y que se sepa, se trata de una mujer mayor sin otro respaldo que sus amenazas, que parece que pasan por hacer público el tema. Así que la única opción que tiene Mariana es adelantarse a ello y buscar la ayuda de su familia, ya que estoy convencida que no la iban a juzgar, igual que no lo ha hecho D. Anselmo.  
Por cierto. Aún sigo preguntándome como ha llegado Francisca a conocer este tema. No creo que Mariana fuera tan ingenua como para contárselo, y me parece bastante absurdo que la doña empleara tiempo y esfuerzos en encontrar algo con lo que mantener atada a la chica. Como si no fuera suficiente con el lastre de haber sido una convicta.

13 de agosto de 2014

Una lanza por Conrado y Aurora

Creo que, en justicia, si el otro día me decidí a romper una lanza a favor de Martin y María, también tengo que hacerlo con Conrado y Aurora. La verdad es que, mirado en perspectiva, no han dado muchas oportunidades a esta pareja para desarrollar una trama que no fuera de sufrimiento o de desencuentros, y en la que apenas ha habido el suficiente tiempo como para ver momentos felices. No creo que su relación haya tenido ni una semana sin sufrir un sobresalto, incluidos los continuos percances del hombre del que ya he perdido la cuenta de las veces que ha necesitado una “reparación”.
Cierto que tampoco es que sea nada fuera de lo corriente, dado el desarrollo habitual de los guiones para las distintas parejas, en los que la monotonía no forma parte del paisaje (aunque ahora no sea del todo cierto con M-M. Pero este es otro tema). Sin embargo creo que no estaría mal que les dieran una tregua y, de paso, que los guionistas la aprovecharan para valorar si es lo que pretendían con ellos.
Sé que no va a sentar muy bien a l@s seguidores de la pareja, pero a partir de la trama de la prisión, que considero supuso un punto y aparte y que fue cuando pienso que se dieron las escenas más bonitas y se hizo muy visible el amor y la confianza entre la pareja, creo que los guiones no se han llevado todo lo bien que se podía esperar. En el supuesto afán de destacar los méritos de Aurora para asemejarla lo más posible a su madre, han convertido a Conrado en un mero comparsa, sin otro papel que el de estar ahí para dar la réplica.
Es posible que los planes de los responsables de la serie pasen por dar protagonismo a los hijos de la partera y el capitán, y que para ello piensen que sus respectivas parejas han de quedar en segundo plano, pero no veo porque ha de ser así. De hecho con Martín y María no sucede, por lo tanto no hay motivo para que no sea igual con Aurora y Conrado.
Pero volviendo a la pareja, admito que si bien, y como he dicho anteriormente, en la trama de la prisión llegue a creerme su relación e incluso llegué a apreciar una cierta química entre ellos, después esto ha ido perdiendo fuerza gradualmente en mi valoración, seguramente provocado por lo que he comentado anteriormente del diferente protagonismo entre los dos integrantes de la pareja. Es sólo mi opinión y sé que hay gente que opina todo lo contrario, cuestión que por supuesto respeto, pero a pesar de que considero que ambos actores han sabido encontrar un punto de encaje y los veo más sueltos en expresar los sentimientos que se les supone a la pareja, no han conseguido, quizás por falta de momentos, que vuelva a ver en ellos lo anterior. Al menos con la misma intensidad.
Y aquí llego al quid de lo que quería decir. Pienso que resumo un sentir general al decir que los guiones de esta trama no se han llevado de manera muy afortunada, y lo que se vendía como una maravillosa historia de amor se está quedando solo en una simple historia de la hija de la partera y el geólogo. Creo que merecen mucho más, no una trama que ante la irrupción de la de Bosco e Inés, tiene además toda la apariencia de ir camino de ser relegada. Al igual que la de Martín y María.