10 de abril de 2014

¡Si la hubiera creído!

Parte el alma ver a Martín arrodillado a los pies de la cama de María llorando su desesperación y su derrota. No puede encontrar a su hija, y la mujer a la que ama se va apagando lentamente sin que nadie pueda evitarlo. Son demasiados los golpes del destino que ha tenido que soportar este chico, que con sólo alrededor de veinticuatro años ya carga sobre sus espaldas lo que algunos en toda una vida. Casi no tuvo infancia ni adolescencia, no pudo volver a encontrarse con la madre a la que tanto ansiaba estrechar entre sus brazos, vio morir al único padre que ha conocido y que le dió amor incondicional y el calor de un hogar y una familia. Y ahora, cuando todo parecía encarrilarse y su existencia salir del oscuro túnel, la fatalidad ha vuelto a cebarse en él.
Y si bien es cierto que la vida de María tampoco ha sido fácil y que a sus pocos años ha sufrido ya lo suyo, también los es que en su infancia y adolescencia estuvo cuidada y protegida. Y fue hasta cierto punto feliz, cosa que no ha sucedido con Martín.
Aunque dicen que la felicidad es algo relativo y que este concepto tiene diferente valor para cada persona y circunstancia. Hay quien necesita mucho para serlo, y para otros se trata de vivir en paz y sin grandes sobresaltos. Sin embargo creo que es difícil poner a Martín y María como pareja, en alguna de estas dos categorías. Porque si bien su felicidad pasaba por poder estar juntos y con su hija, nunca ha dejado de sobrevolar la sombra de Fernando para romper esta armonía. Evidentemente nadie, excepto María, sospechaba hasta qué punto.
Y es precisamente esto último lo que desespera a Martín. El no haber dado pábulo a las palabras de María, el no haberla creído cuando quiso prevenirles de la vuelta del Mesia y de sus intenciones.
¡Cuántas veces hemos utilizado la palabra “Si hubiera….”…..!Si se pudieran cambiar nuestros actos y equivocaciones, seguro que todos/as lo haríamos sin pestañear. Pero ello no es posible. Como tampoco lo es cambiar la realidad para Martín, por mucho que sienta que ha cometido un error  irremediable. Aunque tampoco ha perdido del todo la esperanza en que el destino le dé otra oportunidad, ya que sigue sintiendo que los lazos con su hija no se han roto y que ésta sigue viva.
¿Es su deseo, o es algo posible? Sólo el tiempo (y los guionistas ) dirán. 

2 comentarios:

  1. Me encanta como desgranas el càp. diàrio, sin acritud ni desprecio hacia ningùn personaje o actor, eso es ser una buena espectadora de la obra

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    1. Muchas gracias.
      Siempre intento ser ser lo máximo objetiva posible, con la perspectiva de que lo que estoy viendo es una ficción . Aunque después de tanto tiempo, los personajes casi se han convertido en alguien tan familiar que a veces una se desespera antes situaciones negativas para ellos, pero cuando se apaga el televisor todo vuelve a la normalidad.
      Besos

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