17 de abril de 2014

Las desgracias no se acaban

Aunque no creo en lo que considero una superchería, de existir realmente un lugar parecido a PV casi estaría por abogar para la intervención de un exorcista. No veo muy normal que se den cita en el mismo sitio, toda la caterva de iluminados, desalmados, psicópatas y asesinos del mundo mundial. Y que además actúen con casi total impunidad y disponiendo para ello de siete vidas. Exceptuando a los que de alguna manera se han redimido o arrepentido de sus desmanes, pues para éstos si existe el finiquito.
Aun admitiendo que existen los que parecen gafes o personas a las que persigue la fatalidad, tampoco creo que sea muy corriente que en este pueblo casi nadie se libre de sufrir las desgracias más terribles. Si, ya sé que la consigna es que éstas venden más que las alegrías, pero es que de esto último casi no existe en la serie. Y en este caso, cualquier parecido con la vida real no es que sea coincidencia sino algo muy tangible, pues lo cierto es que ésta ya encarga de poner esta circunstancia día sí, día también delante de nuestras narices.
También es cierto que aparentemente ya nos hemos librado de una sabandija (aunque aún no tiene tres metros de tierra y una losa de una tonelada encima, y hasta que esto suceda ya sabemos que no hay nada definitivo). Pero la cuota sigue estando muy por encima de la media, si tenemos en cuenta además que PV al parecer es un pueblo muy pequeño. Y lo que es peor, al igual que reza el dicho de las moscas, que cuando matas una vienen cien al entierro, pues en PV te libras de un canalla y salen otros aún más retorcidos, y además por duplicado o triplicado. Ahora se trata de una “viuda negra” que fatalmente ya ha pasado antes por aquí y que, al parecer, como buena tarántula venenosa, cumple con su función de arrasar a su paso.
Y por si no fueran pocas las desgracias que arrasan el Jaral, y a todos los que de alguna manera están relacionados con esta familia que lo habita, parece que otra vez vuelve a tener en el punto de mira a Aurora. 
Pero creo que pedirle a Martín que vuelva a afrontar otra desgracia ya es excesivo. 

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