7 de septiembre de 2015

Una segunda oportunidad

No a todo el mundo se le presenta una segunda oportunidad y sabe aprovecharla, pero Sol si optó por subirse a este tren y con ello dejar atrás un pasado oscuro.
Nada en ella recuerda lo que fue hasta hace bien poco, convertida ahora en una mujer respetable, dueña de una hacienda, y que poco a poco se va haciendo también un lugar entre sus convecinos. Que disfruta del cariño del hermano del que durante años creyó que la había olvidado y  abandonado a su suerte, cuando en realidad la estuvo buscando desesperadamente durante todo este tiempo.
Además en este trayecto también ha encontrado algo que probablemente no creía posible para ella: el amor de un hombre encantador, bueno, noble y generoso. Desengañada de un género masculino cuyos integrantes solo la han utilizado hasta ahora como instrumento de placer y sin tener en cuenta sus sentimientos, no debe ser fácil aceptar que puede haber un hombre que no la ve así y que ve en ella algo más que un objeto de deseo. Así es Lucas, un hombre íntegro y además adelantado a su tiempo, que ha hecho de la tolerancia y el respeto su bandera. Y que sabe que el pasado no se puede borrar, pero si dejar atrás. Que solo importa el presente y el futuro.    
De todas maneras la transición no debe haber sido fácil para ella. Después de años de ejercer un oficio en el que solo era un instrumento en manos de hombres desaprensivos, probablemente esperaba poco de su futuro más que ver pasar los días encerrada en el lupanar, sin libertad de movimientos, y codeándose con otras mujeres en su misma situación, sin amig@s, ni nadie con quien hablar de verdad. Y de pronto todo esto ha cambiado y ahora tiene un hogar, una familia, un hombre que la ama, y amigos que no la censuran por su pasado. Que ven en ella a la persona que realmente es, alguien afable y bueno, con ganas renovadas de vivir después de una vida difícil, y que merece la oportunidad de ser feliz.
Una felicidad que también pasa por la estabilidad. Y que incluye a los amigos y amigas que van haciéndose sitio en su corazón y en su vida: Candela, Emilia, Rosario, Carmelo…. y ahora Gracia, a la que además indirectamente ha ayudado a ver las cosas con más claridad y a hacer frente a una sociedad conservadora y decimonónica, además de intolerante, que se cree con derecho a opinar sobre la vida de los demás.


Aunque también hay otra faceta que vamos descubriendo de ella: la singular empatía hacia los niños, ya sean bebés o más mayores, pero todos sin excepción son objeto de su atención y su ternura. Algo que hace sospechar que, o se le ha despertado el deseo de ser madre (algo que su antigua vida le imposibilitaba) o ya lo es, aunque sin posibilidad de ejercer.  
El tiempo (y los guionistas) nos dirán. 

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