2 de julio de 2018

Entrando en bucle


Se levanta el telón.
Vemos a Carmelo trasteando en el ayuntamiento, siempre agobiado por la “enorme carga de trabajo”, (algo realmente sorprendente teniendo en cuenta el supuesto pequeño tamaño del pueblo……pero que me tomaré como una licencia. Otra más…)
Vale, a lo que iba.
La cámara gira lentamente hacia la puerta y ¡¡¡oh sorpresa, APARECE SEVERO!! (Nótese que es ironía, eh!!). Porque no es complicado saber lo que viene a continuación: éste deja el sombrero sobre la mesa, le pide a su amigo si molesta (evidentemente no es así) y después tienen una conversación en la que indefectiblemente Carmelo acaba aconsejando a Severo, y últimamente añadiendo “yo tenía razón” o algo parecido.
Y normalmente se acaba con la entrada de Melitón. Así hasta el dia siguiente cuando, como en un bucle, se vuelve a repetir la misma escena, con apenas variaciones.
Se cierra el telón
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Esta parece casi la única deriva de Severo, que ha pasado de ser un personaje con una rica historia detrás, con un buen potencial en cuanto a posibilidades de acción, a alguien casi anodino, cuyo espacio vital ahora está limitado a temas y escenas sin apenas interés. Ni siquiera su relación actual, con boda incluida, es una excepción, porque no ha alterado para nada esta vida aburrida que lleva, ya que además dudo mucho que haya calado mínimamente en los espectadores la posibilidad de una hipotética acción de Francisca para amargarle el dia de su casamiento, aunque sea por mano de Fernando. Si, parece que éste se presenta en el convite, pero aun suponiendo que como mucho provoque algún malestar, no va a impedir que el festejo siga adelante…... eso sí, convirtiéndose otra vez en el artífice del recurso utilizado de manera recurrente en casi todas las ceremonias de casamiento.
Si claro, también es cierto que en este folletín pedir acción es casi lo mismo que tener garantizado un sufrimiento desmesurado, pero cabría preguntarse si es mejor esto que caer en el ostracismo que es lo que parece que le tienen destinado a este personaje.
Porque para más inri le han puesto como pareja a un personaje femenino que ni siquiera tiene una historia detrás que lo sustente. De Irene solo se puede hablar por conjeturas, siendo alguien que suscita muchas preguntas sin respuesta y con un papel que deja mucho margen a la imaginación. Lo único cierto es que es una periodista que llegó mintiendo sobre sus intenciones, que continuó mintiendo a Severo sobre su hijo, que a punto estuvo de quedarse con el pequeño Carmelo y no devolverlo a su padre,…. pero que en un ejercicio de malabarismo guionístico, en poco más de tres meses ha pasado de ello a ser comprendida, perdonada, y encima, sin mediar apenas romance, convertida en la esposa del mismo hombre al que se acercó con engaños. Pero algo que, de momento, no mejora demasiado la historia de éste, ni le da más protagonismo, salvo si hablamos del hecho de que vuelve a sonreír,….. al menos hasta que las cosas se tuerzan. Igual que no mejora la de Irene, que pasa de ser una profesional con expectativas en su trabajo, a la (por supuesto respetable) tarea de ser esposa y madre de un niño que ni siquiera es suyo. 
De todas maneras decir que esta es la imagen de un personaje, pero igual serviría para otros y otras, porque el bucle no es exclusivo, igual que no lo es el destrozo que se hace de los mismos personajes y lo poco que se trabaja sobre las personalidades. Que sea una simple telenovela (cada vez más derivada en folletín), no tiene por que hacer menguar la calidad, pero esto es, en mi opinión, lo que pasa ahora.
Evidentemente las críticas que pueden surgir de este blog o de los seguidores no son muy tenidas en cuenta, porque están hechas por profanos en la materia y basadas en gustos personales más que en opiniones profesionales. Pero es una evidencia que hace semanas (incluso meses) que la telenovela no avanza, y que las tramas no generan ninguna expectativa por lo reiterativas y previsibles. Sin contar lo que ha supuesto la marcha de grandes personajes en el último medio año, incluida Francisca que nadie sabe dónde anda, ni el porqué de las confusas razones de su marcha y la llegada de Fernando para sustituirla.
Por cierto, un personaje (Fernando) y un actor (Carlos Serrano) que está demostrando que puede ocupar perfectamente este lugar que le han asignado.

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