16 de abril de 2014

La cuna vacía

Realmente encoge el corazón, cada día un poco más, la situación de desconsuelo de Martín por la pérdida de su hija. Pero parece que al mismo tiempo va llegando la asunción de ello y la herida va dejando de sangrar, aunque nunca logrará cerrarse hasta que, como él mismo ha dicho, la realidad se le ponga delante y vea con sus propios ojos lo que se empeña en negar. Mientras no sea así, seguirá aferrado a lo que cada vez parece más una quimera , aunque no por ello va a dejar de buscar a su pequeña.
Martín ha sufrido mucho en su joven existencia, algo a lo que uno nunca puede acostumbrarse y menos aceptar con resignación. Pero aunque este nuevo golpe que el destino le ha procurado le puede marcar para siempre, lo que no puede permitirse es desfallecer, porque aún tiene a María y ha de luchar por ella. Ha de volver a tomar las riendas y erguirse en su infortunio, llorar para sus adentros y tirar para adelante.
Aunque no puede afrontarlo solo. Es demoledor verlo arrodillado al lado de la cuna vacía, impotente y destrozado por el dolor. Pero también es bonito verlo levantarse y afrontar con determinación la que va a ser una nueva existencia sin la hija que les colmó de felicidad a él y a María.
Alejar la cuna no es más que un acto desesperado, aunque necesario y comprensible. El vacío seguirá estando ahí, y sólo el tiempo y el amor podrán llenarlo, que no reemplazarlo.
Pero mientras la situación de María le puede dar una tregua y evitar pensar demasiado. Porque como le ha dicho a Conrado, si se empeña en aferrarse a un imposible es para no perder el juicio, y mientras no vea el cuerpo sin vida de su hija va a conservar la misera esperanza que le queda.
La vida no suele ser fácil para casi nadie, pero a él no le ha dado tregua. Y aún le resta por lidiar una parte a la que teme: enfrentarse a María y decirle que no podrá ver más a su hija, que ha sido incapaz de encontrarla. Porque es claro que María vivirá , pero el dolor no se lo podrá evitar. Como tampoco puede evitar sentirlo él.

Un cambio radical

Entiendo que desconcierte la actitud de Candela. No es muy normal que una persona cambie de la noche a la mañana y menos de una manera tan radical como lo ha hecho ella. Es cierto que en las últimas semanas los guionistas han ido preparando el terreno para que esta situación pudiera explicarse como la intención de la mujer de dar un giro radical a su vida y dejar atrás el dolor y los sufrimientos, algo que por otra parte es muy legítimo y sobre lo que no habría motivo de censura, salvo por el hecho de que implica egoísmo por su parte al dejar supuestamente colgados a su familia cuando más la necesitan, para pensar en sí misma. El que además tenga un bebé a su cargo no es suficiente excusa para ello, ya que como le han dicho todos, no tiene que hacerse cargo ella sola de éste y podría contar con la ayuda de los que la quieren.
Es evidente que oculta algo mucho más grave de lo que aparenta y que para evitar que ello afecte a los demás y obligada por las supuestas circunstancias, ha tomado la decisión de mantenerse alejada de todo el mundo, especialmente de los que más afecto tiene. Cosa que, por cierto, no le va a costar mucho. Claro que la que es ahora su familia está pasando por un mal trago y tampoco es un buen momento para andarse con preocupaciones añadidas, pero he de decir que cuando menos también es desconcertante que hayan aceptado sin discusión, aunque si con sorpresa, la decisión de ésta de mantenerse alejada de ellos y aparentemente desapegada. He de reconocer que esta actitud no me es ajena y que más de una vez he incurrido en ello, pero normalmente en caso de amigos y por causas baladís. Un verdadero amigo o familiar no deja tirado a alguien que es evidente que está pasando un mal momento, sólo por el hecho de pagarlo con la misma moneda y con la justificación de que es esto lo que él o ella se han buscado.
O al menos así tendría que ser, cuando se quiere realmente a alguien. Y es claro que este sentimiento existe entre Martín y Aurora y la que ha sido para ellos una segunda madre. Aunque no espero que ahora Martín esté por la labor de tender puentes, pues su prioridad es otra y muy acuciante. Pero si están los demás y si Aurora se ha entrometido en muchos temas hasta ahora, espero que cuando hace falta no deje de hacerlo. Lo mismo que Emilia y Rosario, que no han dudado en acudir en ayuda de quién lo ha necesitado y ahora aceptan sin más, incluso con críticas, una actitud cuando menos poco normal en una persona que siempre ha sido proclive a darse a los demás sin fisuras.
Y ya sé que es difícil justificar la actitud de Candela desde la perspectiva de ellos/as y que incluso puede entenderse que pueda parecer algo (o muy) borde con su rechazo a la compañía de la gente, pero creo que todos han tirado la toalla muy pronto. También es cierto que es difícil ayudar a quien no quiere ser ayudado, pero ello no es óbice que se haga sin que ello sea un obstáculo. 
Antes de terminar quisiera añadir algo más. Sé que Candela ha tenido muchos detractores y es posible que aún los tenga, principalmente entre las/os seguidores de Pepa que, sin que sea mi intención faltar a nadie, creo que han sido injustamente beligerantes con este personaje. Algo que de rebote ha afectado también a Aida, a la que considero una de las mejores actrices de la serie.  
Y aunque no lo crea necesario, necesito volver a romper una lanza por ella. Porque he de admitir que a mi sí me gusta este personaje y, por descontado, la actriz, a la que considero una gran profesional. 

15 de abril de 2014

Los Buendia

O Jorge y Javier
Creo que les debo un poco de mi tiempo a este par de buenos actores, a los que injustamente he dejado en segundo término. Cierto que su trama en la serie tampoco es que sea determinante, pero hay muchas cosas que es posible destacar de sus papeles.
En realidad creo que he pasado por alto una historia que puede tener muchas más connotaciones de las que parece a primera vista, pero que ha quedado diluida por las tramas principales y también por la lentitud de la misma en determinadas épocas.
Es una historia que aún puede tener vigencia. La de una familia a la que une el infortunio y que ha visto abocada su existencia a una continua lucha. Para salir adelante y también para librar otra batalla aún más dura si cabe, la de la incomprensión. Una familia en la que ha quedado patente que los vínculos de sangre pueden estar por encima de todo. Isidro ha sabido perdonar a su hermano a pesar del daño que le ha hecho, y Aníbal ha sabido agradecérselo mostrándose como el que siempre había sido para éste: el hermano mayor protector, compañero de juegos y travesuras, el que siempre ha estado a su lado, el que impone cordura frente a los arrebatos del pequeño.
Pero no sólo ha sido el cariño subyacente lo que los ha vuelto a convertir en los hermanos que siempre habían sido, sino también y de alguna manera Rita: la mujer a la que ambos amaban y que han perdido para siempre. Porque si bien fue a causa de este amor que Aníbal pasó al lado oscuro, también ha sido este mismo amor el que ha salvado a éste de caer en el abismo y ha vuelto a unir a los dos hermanos. Y les ha ayudado a curarse las heridas mutuamente.
Dos chicos que ahora han de afrontar un incierto futuro, pero que han sabido granjearse la amistad de las gentes de bien del pueblo, que han sabido ver más allá de la superchería popular.

Añadiendo facetas

Lo dicho. Los momentos románticos entre Conrado y Aurora se dan con cuentagotas, pero cuando lo hacen son intensos y casi logran parar la respiración (o en su defecto, acabar con el botón de repetición de la escena). Aunque tengo que confesar que básicamente, y en mi caso, el culpable de ello siempre suele ser Conrado/Rubén, más que cuando hay interacción de la pareja.
Porque cada día se descubre una nueva faceta de este personaje y a cual más remarcable. Cierto que, como a todo el mundo, se le pueden atribuir defectillos, que incluso lo hacen más interesante, pero lo que realmente importa es lo bueno que anida en él. De eso hay mucho dónde escoger, a lo que hay que añadir ahora la ternura.
Y no me gustaría parecer parcial, pero veo mucho más de ello, además de pasión, en Conrado que en Aurora. Quizás sea por una mayor experiencia o por su propia manera de ser pero, siempre según mi opinión, cuando toma la iniciativa él los momentos son mucho más intensos, mientras que si es la chica se terminan en un abrir y cerrar de ojos. Y a otra cosa.
Por supuesto no olvido que si Aurora no hubiera dado un paso adelante, lanzándose y dejando claros sus sentimientos, es posible que esta relación ahora no existiera. Aún cuando Conrado estuviera enamorado de ella, pero convencido de que no la merecía.
Aunque afortunadamente las cosas han cambiado para ellos. 
De todas maneras quizás tenga razón una amiga de Facebook que comenta la posibilidad de que los responsables de los guiones estén intentado configurar con ésta una relación diferente a las demás, dos personas enamoradas pero que no actúen con empalagamiento y cuya manera de expresar su amor contenga otros matices, motivados por dos caracteres fuertes y marcados. Aunque como también comentaba esta misma amiga, comparto lo de que ni tanto ni tan poco.
Pero volviendo a Conrado. Es absolutamente sorprendente que el hombre que no hace ni unos meses andaba huidizo y hosco, ahora sea alguien absolutamente cambiado, que aún en su situación busca sentido a su vida. Procurando encontrar la parte positiva y sin dejarse amilanar por una minusvalía que él espera que sea temporal (o al menos es lo que ha pretendido hacer creer, me imagino que básicamente para tranquilizar a Aurora)
Y lo ha vuelto a hacer. 
Ha puesto en bellas palabras lo que siente su corazón.
Creo además que es el contrapunto perfecto para Aurora, porque pone sensatez donde la chica impulsividad. Y experiencia de la vida, donde Aurora lo contrario. Y, por supuesto, me ha encantado su defensa de Candela, intentando buscar un razonamiento a la actitud de alejamiento de ésta de su familia. Otra cosa es que haya conseguido convencer a Aurora de mantenerse al margen.
Por cierto y hablando de gestos tiernos y de la actitud a veces poco apasionada de esta pareja. ¿Qué pasa con Aurora que no es capaz de dejar que Conrado mantenga su mano en la suya?    

14 de abril de 2014

¿Bruno o Esperanza?

El bebé que cuida Candela creo que debe ser el actor( o actriz ) más joven que llega con un secreto debajo del brazo. Ni siquiera Martín logra superar esta marca.  
Pero ¿es Bruno o Esperanza?
Aunque la pregunta ya sea de por si una conjetura, no voy a aventurarme a ir más allá .
Pero lo que si creo es que esta trama tiene algunas lagunas. La primera es el secretismo. Si se trata en verdad del hijo de una prima, no veo la necesidad de que haya que mantenerlo oculto a las miradas de todos. Nadie puede decir nada sobre el hecho de que la mujer se haya hecho cargo de un bebé de un familiar, siempre por supuesto, que cuente con la aquiescencia de la familia. Pero precisamente lo que veo más difícil de tragar es esto último. No veo como una situación normal que una prima lejana se lleve a un bebé del lado de su padre, más cuando éste ha perdido supuestamente a su esposa y el pequeño sea lo único que le liga a ésta. Además, y siempre que realmente haya sucedido lo que pretenden hacernos creer y con la posibilidad de que el verdadero motivo sea que el padre rechaza al niño, no la excusa de Candela de que el hombre trabaja mucho y no puede atender a su hijo, a mi entender lo más lógico habría sido que se quedara cerca y no que se llevara al niño lejos de su progenitor.
Ligado con lo primero tampoco veo necesario que para llevar a cabo la tarea que se ha impuesto tenga que distanciarse de las personas a las que quiere. Al contrario, creo que todas le prestarían su apoyo, aunque es evidente que el hecho de haber perdido a Esperanza podría ser al principio un inconveniente. Pero al fin y al cabo, todo pasa a segundo término cuando se ve la carita del pequeño o pequeña.
Hay un tercer tema. Entiendo que Candela tiene su trabajo en PV, pero ¿porqué arriesgarse a volver al pueblo si lo que quiere es mantener al bebé oculto? . Esto es algo que, por mucho que porfíe en ello, no podrá hacer indefinidamente. 
Aunque está visto que en esta serie la lógica a veces no funciona.

Un hombre diferente

Ya lo he dicho anteriormente, pero no deja de sorprenderme el actual Conrado, ya que parece que ha mudado como un calcetín en muchos aspectos. Evidentemente es algo que no me disgusta en absoluto, al contrario. Y supongo que en ello debe tener buena parte de “culpa” no sólo el haberse liberado de un lastre que amenazaba con coartar su futuro, sino especialmente el haber encontrado el amor.
Ahora mismo es fácil verle sonreír e incluso bromear, y ello a pesar de su actual situación y sin saber si logrará recuperar la visión. Pero dice mucho de él y de su fuerte personalidad, el hecho de que lo que a algunos llevaría a la depresión y a hundirse, para él sólo parece tener la consideración de algo que ha sucedido y con lo que tiene que convivir. De ello que aparentemente no se haya dejado abatir y busque valerse por sí mismo, me imagino porque aunque es claro que encuentra placer en la compañía de Aurora y los cuidados y mimos que ésta le pueda prodigar, tampoco es un hombre que acepte fácilmente depender de nadie.
Pero hasta que esto suceda, o mejor, que recupere la visión, Aurora no parece dispuesta a apartarse de su lado ni dejarlo un momento solo. Aunque esta cercanía sólo sirve para que los veamos juntos, pero no para que además nos brinden escenas románticas, más que ocasionalmente. Eso sí, hay que reconocer que cuando sucede son intensas. Pero las más de las veces, en lugar de un par de enamorados parecen colegas con derecho a roce.
Lo admito. Me gustaría ver algo más de marcha en esta relación. 

Un error colectivo

Iba a decir que Aurora otra vez había cometido un error, pero esta vez creo que es colectivo. Porque puedo entender el rechazo que todos sienten hacia la doña y también que recelen de sus propósitos, que las más de las veces llevan doble intención y no suelen ser altruistas. Pero creo que, al igual que en el río con los hombres de Mauricio, Martín y su familia no están en disposición de rechazar ningún tipo de ayuda y menos cuando se trata de la salud de María. En este caso creo que las prioridades están claras y la primera es la chica, aunque para ello tengan que tragarse el orgullo.
Si bien es cierto que tampoco es fácil aceptar la mano de alguien que pretende dar lecciones y que lo único que ha lanzado (y sigue lanzando) han sido reproches. No es la mejor manera para allanar el camino y establecer una comunicación. En realidad más bien lo es para estropearlo todo y, de rebote, permitir que pueda ir de víctima. 
Pero no se trata sólo de no aceptar la ayuda y que María pierda la posibilidad de una segunda opinión, que por lo demás no tiene por qué ser definitiva ni determinante, sinó que ni siquiera tarden un par de minutos en descartar de pleno esta posibilidad, atendiendo a la opinión de Aurora. Y ya es la segunda vez que sucede, la primera en el parto. Lo siento porque esto es una crítica, pero no me gusta esta faceta de este personaje. Porque, como sucede en este caso, pretender convertirla en alguien capaz de dar recomendaciones en temas de medicina, cuando ni siquiera ha pasado de leer libros especializados y tenga ciertas nociones dadas por médicos o adquiridas por propia experiencia, me parece cuando menos una exageración. Es posible que la pretensión de los guionistas sea que se parezca lo más posible a su madre, pero ateniéndome a la lógica no me parece muy razonable que una chica de diecisiete años, que ha pasado la mayor parte de su vida en un internado en el que no enseñaban medicina (si acaso algo de nociones de primeros auxilios), pueda emitir juicios acertados sobre estos temas y además saber con seguridad si alguien es buen profesional o no. No creo que tenga mucho con quien comparar y además su visión es posible que esté algo nublada por la gratitud.
Por descontado, también he de extender esta crítica a los demás personajes de este caso. Porque quienes realmente tienen la responsabilidad de velar por María, parece que hacen dejación de este derecho, sin apenas cuestionarlo. Todos son adultos, con experiencia de la vida y, sin embargo, aceptan sin rechistar la palabra de una poco más que adolescente.
También es cierto que yo misma estoy incurriendo en prejuicios al cuestionar la profesionalidad de un médico, en este caso Lesmes, y probablemente influida por su proceder, que también es verdad que es algo que sólo conocemos las/os espectadores. Pero al igual que en la vida real, no veo nada de malo en buscar otra opinión, que puede dar otra visión o corroborar lo que ya se ha hecho o prescrito.
La vida de María está en peligro y ya ha quedado claro que la ciencia de Lesmes no es capaz de encontrar el remedio. Y que lo único que está haciendo ahora éste es dar palos de ciego, a ver si suena la flauta. 

13 de abril de 2014

Inasequible al desaliento

No creo que ni siquiera sea posible hacerse una idea aproximada de lo que puede pasar por la mente de un padre, en este caso Martín, al ver la toquilla de su hija en el rio, ni la amalgama de sentimientos que le pueden haber recorrido. Desde la opresión en el corazón, hasta el desespero por lo que parece, pasando por el alivio por lo que no es. Sentimientos que considero que sólo le es posible sentir a quien los haya vivido de verdad, pero que, en mi opinión, Jordi es capaz de hacer llegar con total convicción a las/os espectadores. 
Ver a Martín sosteniendo en sus manos un objeto tan familiar, y hacerlo con la desesperación propia del que sabe que se le está terminando el tiempo pero que se resiste a aceptarlo, encoge el corazón. Aunque, inasequible al desaliento, aún puede conservar una ligera luz de esperanza al no encontrar el cuerpo de su hija, ni ningún otro indicio.
Lo que es patente es que Martin no está dispuesto a abandonar. Sin ser  posible discernir si se trata de un deseo ferviente de creer que sólo está viviendo una pesadilla, de un pálpito que hace que sienta firmes y vivos los lazos que le unen a su hija, del miedo a dejar que la realidad se imponga, el caso es que sigue empeñado en no escuchar a los que intentan que deponga de su obstinada persecución de algo que cada día que pasa se antoja más una quimera.
Aunque creo que lo que más teme es tener que decirle a María que ha fracasado, que no puede encontrar a la niña por la que han luchado, la que ambos ansiaban y que les había colmado de felicidad. Pero María ahora está librando su propia lucha, la más importante: por su vida. Aunque quizás no con ahínco, porque al quebranto de salud hay que añadir el de un alma rota por el dolor. Pero espero que el amor de y por Martín consiga sacarla de este pozo en el que ahora está sumida. Y juntos superar esta dura prueba que el destino les ha deparado.
Aunque también espero que esto último no sea necesario. 
Porque ver llorar a Martín al lado de la cama de su amada, parte el corazón. Aunque me uno a su esperanza (aunque no comparta sus creencias en un supuesto dios que continuamente le pone a prueba). Porque no ha perdido la fe a pesar de todo y aún piensa que su dios no puede ser tan cruel como para condenar a los que se aman de verdad y mucho menos hacer pagar a una inocente criatura los supuestos pecados de sus padres. Y que este dios en el que cree tiene a su hija viva y permitirá que los tres vuelvan a estar juntos y felices.
Por cierto, parece que nadie busca a Fernando y que la suerte que pueda haber corrido no importa a nadie. Excepto por si se diera el caso de que hubiera sobrevivido y tuviera con él a la niña. Pero por ahora no parece que sea una hipótesis que cuente mucho, aunque sea factible. Ya que si Martín y María salieron del río, también es posible que lo haya hecho él con la pequeña. 
Aunque ahora esto sólo sea una conjetura.

12 de abril de 2014

Una extraña pareja. Que no es tal

Desde hace unas semanas, asistimos a una nueva y sorprendente forma de relacionarse entre Mauricio y Mariana. Evidentemente que no tiene nada que ver con el romanticismo, ni siquiera esto es algo que vaya a existir jamás, pero sus conversaciones han perdido mucho de su tono agrio y últimamente hasta los hemos podido ver en alguna ocasión en plan jocoso. Incluso llegando a establecerse entre ellos una cierta corriente de complicidad, aunque no vaya más allá de intereses comunes. También es verdad que nunca serán amigos, porque no creo que sea fácil para Mariana olvidar los desmanes que el capataz cometió en el pasado, muchos de ellos dirigidos a su familia. Esto es un lastre para toda la vida, aunque Mauricio pueda llegar a alegar que lo ha hecho cumpliendo órdenes. Ya que si algo no se le puede negar es que hasta ahora ha sido fiel a Francisca, con todas las consecuencias que ello acarrea. Aunque algunas sean reprochables y, por descontado, injustificables.
¿Qué ha sucedido para que haya cambiado la situación?
Aparentemente nada que provoque que tengan que relacionarse más que lo justo o más de lo que ya lo hacían. Lo que creo que ha cambiado es la actitud de Mauricio
Lo primero y más evidente es que cada vez con más frecuencia se cuestiona visiblemente algunas actitudes de su ama, especialmente cuando éstas van en perjuicio de personas a las que él guarda gratitud, o porque él sienta que se está cometiendo una injusticia. También es cierto que hasta ahora ello no lo había frenado a la hora de ejecutar ciegamente las órdenes de la doña, pero cada vez más da la sensación que lo hace simplemente porque es su trabajo y no porque encuentre satisfacción en ello.
Pero lo que pienso que realmente ha cambiado es que ha surgido alguien que andaba agazapado tras la fachada de hombre rudo y despiadado. Parece que su corazón no estaba del todo muerto y que aún es posible despertar sentimientos en él. Siendo ahora el de lástima e instinto de protección por la mujer a la que ha servido lealmente durante años y que se encuentra sola (aunque sea porque así lo ha querido ella misma), pero también porque la sospecha a merced de desaprensivos como el primo Fulgencio.
Después de todo, Mauricio no es tan zoquete como la doña pretende hacer creer y tiene más visión de las cosas de la que ésta podría esperar.
Y es precisamente todo esto lo que ha llevado a que Mariana y Mauricio interactúen mucho más. Bueno, no me olvido de Fe, que es la tercera en discordia. Uno por sonsacarla y la otra para prevenirla de ello.

11 de abril de 2014

Sin justificación

No he podido evitar que me recorriera un escalofrío al oír a Bernarda justificar algo que es totalmente injustificable. Me refiero al maltrato físico o psíquico. Y además hacerlo con unos argumentos que no dudo que aún hoy en día pueden ser vigentes.
Por supuesto no voy a poner en la picota a quien hace uso de ellos, porque cada persona y cada casa son un mundo, y las razones que se puedan tener para sostenerlo, lo mismo. Que no quiere decir que lo admita y que además no me parezca abominable que suceda. Porque nadie es dueño de nadie, y mucho menos de su cuerpo y su voluntad. Por muy fuertes que sean los vínculos que existan.
Pero aunque no estoy en disposición de meterme en disquisiciones psicológicas, ya que no entiendo nada de ello, no dejo de cuestionarme esta actitud de sometimiento de alguien a otra persona. Aunque también pienso que, como en el caso de Bernarda, pueden darse varios factores: una débil voluntad que convierte en dependiente de otro, probablemente también en el tema económico. Y a ello hay que añadir las conveniencias y la moral imperante, que no creo que en los tiempos en los que transcurría la serie distinguiera entre clases sociales. Aunque tampoco ha dejado de hacerlo aún en la actualidad.
Sin embargo lo peor de todo (si es que ello es posible) es el sentimiento que puede inducirse, bien sea por parte de una/o mismo o por las palabras del otro. El de merecer el castigo por no estar a la altura de las expectativas del antagonista, y sin plantearse la reciprocidad de lo mismo (no del castigo, sinó lo demàs).    

Tropezar con la misma piedra

Dicen que el hombre es el único animal que es capaz de tropezar dos veces con la misma piedra. Y creo que Aurora tendría que tomarlo en cuenta. Cierto que la chica tiene una gran personalidad, pero pienso que no estaría de más que alguien le explicara que no siempre se puede tener la razón, y que si se ha equivocado gravemente una vez, puede volver a hacerlo. Aunque, por suerte para ella, creo que se ha encontrado en Conrado con la horma de su zapato, porque es el único que parece poroso a sus argumentos. No porque no los atienda y busque la parte que puede haber de bueno en ellos, sinó porque cuando tiene dudas más que razonables, como es en el caso de Humberto y su jefe, no es persona que ceda a las primeras de cambio sólo para complacer a su interlocutor. Dejando aparte la pocas posibilidades que tiene una chica de apenas diecisiete años de poder hablar con propiedad de la vida (más que nada porque, aún con sus antecedentes, casi no ha tenido tiempo para saber de ello) Aurora tampoco puede pretender conocer a los ingenieros, a los que ha visto en una sola ocasión y de manera fugaz, mejor que alguien que ha trabajado con ellos codo a codo durante años. Y ni siquiera permitiéndose ceder ni un poco de credibilidad a las sospechas de Conrado, cegada por las supuestas cualidades del médico. Cierto que tampoco ha sucedido nada que ella haya visto y que le haya hecho dudar de Lesmes, pero de ahí a ni siquiera considerar más que de pasada los recelos del hombre al que está dispuesta a dedicar el resto de su vida, creo que va un abismo. La confianza, de la que ya se ha hablado en otras ocasiones, en este caso brilla por su ausencia. Parece que Aurora es de las que no creen hasta que se topan de bruces con la realidad. Y a veces es demasiado tarde para corregir lo que se ha hecho mal, incluido el ser injusta al acusar además al geólogo de tener una actitud cerril y moverse por celos.
¿He de decir que me encanta la construcción del personaje de Conrado? Lo cierto es que creo que existen muy pocos en PV que compartan con él una personalidad tan poderosa y lúcida. Y ahora que su carácter se ha suavizado en cierta manera, creo que ha acabado de enamorarme (el personaje, eh! El actor ya hace tiempo).
Y me encanta este punto de cinismo e ironía que es capaz de desprender, sin que por ello abandone sus modales. Ya no digo de su actitud práctica, que le impide desmoronarse por algo que aún no se ha manifestado irreversible, pero que podría serlo. Tanto como su capacidad de superación y de no rendirse a su incapacidad temporal (que no dudo que será eso, temporal). Y que no le impide seguir en sus trece con el tema del que había sido acusado injustamente. Porque, como ya dije en otra ocasión, puede estar privado del sentido de la vista, pero ve mejor que muchos. 

10 de abril de 2014

¡Si la hubiera creído!

Parte el alma ver a Martín arrodillado a los pies de la cama de María llorando su desesperación y su derrota. No puede encontrar a su hija, y la mujer a la que ama se va apagando lentamente sin que nadie pueda evitarlo. Son demasiados los golpes del destino que ha tenido que soportar este chico, que con sólo alrededor de veinticuatro años ya carga sobre sus espaldas lo que algunos en toda una vida. Casi no tuvo infancia ni adolescencia, no pudo volver a encontrarse con la madre a la que tanto ansiaba estrechar entre sus brazos, vio morir al único padre que ha conocido y que le dió amor incondicional y el calor de un hogar y una familia. Y ahora, cuando todo parecía encarrilarse y su existencia salir del oscuro túnel, la fatalidad ha vuelto a cebarse en él.
Y si bien es cierto que la vida de María tampoco ha sido fácil y que a sus pocos años ha sufrido ya lo suyo, también los es que en su infancia y adolescencia estuvo cuidada y protegida. Y fue hasta cierto punto feliz, cosa que no ha sucedido con Martín.
Aunque dicen que la felicidad es algo relativo y que este concepto tiene diferente valor para cada persona y circunstancia. Hay quien necesita mucho para serlo, y para otros se trata de vivir en paz y sin grandes sobresaltos. Sin embargo creo que es difícil poner a Martín y María como pareja, en alguna de estas dos categorías. Porque si bien su felicidad pasaba por poder estar juntos y con su hija, nunca ha dejado de sobrevolar la sombra de Fernando para romper esta armonía. Evidentemente nadie, excepto María, sospechaba hasta qué punto.
Y es precisamente esto último lo que desespera a Martín. El no haber dado pábulo a las palabras de María, el no haberla creído cuando quiso prevenirles de la vuelta del Mesia y de sus intenciones.
¡Cuántas veces hemos utilizado la palabra “Si hubiera….”…..!Si se pudieran cambiar nuestros actos y equivocaciones, seguro que todos/as lo haríamos sin pestañear. Pero ello no es posible. Como tampoco lo es cambiar la realidad para Martín, por mucho que sienta que ha cometido un error  irremediable. Aunque tampoco ha perdido del todo la esperanza en que el destino le dé otra oportunidad, ya que sigue sintiendo que los lazos con su hija no se han roto y que ésta sigue viva.
¿Es su deseo, o es algo posible? Sólo el tiempo (y los guionistas ) dirán. 

Los guionistas de ESPV

No sé si llegarán a leer esto, pero aún así quiero expresar mi solidaridad con los guionistas de “El Secreto de Puente Viejo”. He leído que motivado por los derroteros que está tomando la serie, están recibiendo mensajes privados de tono subido e incluso amenazantes. Algo que, sin pretender faltar a nadie, me parece bastante demencial, especialmente porque no creo que obliguen a ninguna persona a sentarse delante del televisor para ver determinado programa o serie. Cierto que hacer algo que es público puede conllevar críticas o alabanzas, depende de cada persona y sensibilidad, y supongo que debe entrar en el pack y los que escriben las historias ya tienen asumido que no pueden contentar a todo el mundo. Pero en las criticas, como en todo, hay un cierto límite. Porque creo que hay que saber diferenciar ficción de realidad, aunque a veces no se esté muy de acuerdo con lo que se supone un producto de entretenimiento que puede llegar a parecer de sufrimiento. Ya que lo que no se puede negar es que muchos de los que vemos la serie hemos llegado a vivirla intensamente, como si los personajes ya formaran parte de nuestra cotidianidad. Pero también cuando apagamos la tele sabemos que sí hay una vida real, pero mucho más dura y tangible. 

9 de abril de 2014

Saliendo del ostracismo

Nada bueno tiene la situación actual de la serie, salvo que está sacando del ostracismo a todo un montón de personajes que habían quedado relegados a un segundo plano. Rosario, Emilia y Alfonso, incluso Candela, están recuperando parte del protagonismo que se había ido desvaneciendo con el paso de los meses.
Principalmente Rosario, la madre coraje, la mujer que siempre ha estado ahí en la sombra, pero que ha sido determinante para muchas vidas. La que a pesar de les reveses que el destino le ha infringido, ha sabido sacar fuerzas de flaqueza para ser el referente de su familia. La que abandonó todo para cuidar de un hombre desvalido y desnortado, Tristán, que un día fue su chiquillo, y que en su dolor se hubiese dejado morir de no ser por ella. Y que es ahora la que pone sensatez y fortaleza cuando otro hombre, que también fue su chiquillo, vuelve a incurrir en parecida búsqueda desesperada de lo que parece una quimera. Primero el padre y después el hijo la han puesto a prueba, pero el amor de Rosario por sus niños, los de verdad y los que ha “adoptado”, puede con todo.
También están Emilia y Alfonso, que al fin han recuperado su lugar junto a su hija y que ejercen de padres, tal como tenía que haber sido siempre. En especial Alfonso, un hombre al que se le negó este derecho cuando hubiese podido disfrutar de la paternidad. Un hombre cabal como pocos, generoso y buena persona, que cuando la vida parecía sonreírle y se le abría la posibilidad de disfrutar de los años perdidos junto a su hija, se ha encontrado de pronto con la fatalidad por partida doble. Pero dotado de una enorme fortaleza con la que sabrá hacerle frente a todo ello,  del brazo de una mujer igual de fuerte y con los pies bien asentados.
Por último, está Candela, un personaje que sin Tristán parecía condenada a ser un simple adorno en la casa. Pero que ha llegado a ser alguien muy cercano a todos, especialmente a los dos hijos de éste, a los que ha llegado a querer como suyos y así lo ha demostrado en numerosas ocasiones. Y que, en vista de las veladas insinuaciones de los últimos días y de la carta misteriosa que la ha acongojado, puede ser la protagonista y el desencadenante de algo decisivo para futuras tramas. Aunque esto ya es entrar en el terreno de las conjeturas, algo que suele fallar casi siempre, porque las más de las veces se suelen confundir con los deseos.  
Cierto que podría incluir en esta relación también a Raimundo. Como casi todos los personajes también ha tenido su “momento de gloria” estos días, aunque su presencia ha sido menos visible. Aun así siempre está ahí para todos. Para su hija y yerno, para sus nietos y para esta niña que ha desaparecido y que le había vuelto a rejuvenecer. Y también para los Buendía, una pareja de hermanos tocados también por el infortunio. 

El más serio de los acuerdos

Se habla de los tratamientos de shock, pero parece que los del doctor Colmenar son especialmente contundentes. Y ya sé que la situación no es cosa de broma y que el hecho de que una persona quede ciega no es para tomárselo a chanza, pero no he podido evitar preguntarme qué clase de preparados suministra el médico a sus pacientes que puedan llegar a explosionar (aunque tampoco entiendo nada de química y quizás me estoy precipitando en mis conclusiones)
"Aurora, si vuelvo a ver te haré sellar el más serio de los acuerdos. 
Si logro volver a ver tu ceñuda cara, Aurora mía, te pediré que seas mi esposa”

Es sorprendente la entereza con que Conrado afronta lo que podría cambiarle la vida para siempre, y el hecho de que ni siquiera se haya dado un minuto para compadecerse de sí mismo. También es verdad que aún puede conservar la esperanza, ya que no hay diagnóstico definitivo y su ceguera podría ser sólo algo temporal. Pero aun así se podría comprender que se hundiera. Sin embargo Conrado ha demostrado una vez más que rendición es una palabra que no está en su diccionario.
Porque no sólo no desespera si no que ha dado un paso más allá, movido por la determinación y el amor incondicional de Aurora. En este punto tengo que decir que vuelve a sorprenderme que Conrado no se plantee las implicaciones que conlleva la petición de matrimonio más preciosa que he oído en mucho tiempo. De ser definitiva su ceguera, pasaría a convertirse en dependiente de su esposa, y no veo a Conrado en tal tesitura. Pero por otra parte, el amor que se profesan él y Aurora está por encima de todo, y creo que es lo que le ha llevado a que de su boca salieran las palabras más románticas que se han pronunciado en los últimos tiempos en esta serie. Que, por otra parte, no creo que hayan sido movidas por un impulso, sino por algo ya premeditado y que probablemente descubrió en su corazón en la soledad de la prisión.
Lo que es curioso es que esta situación lleva otra implicación. Conrado ni siquiera ha opuesto resistencia a trasladarse a vivir al Jaral, con lo que ahora ya son dos las parejas que viven “en pecado” bajo el mismo techo. Aunque entiendo que los reproches que puedan venir por ello no tienen fundamento, ya que en este momento Conrado no puede valerse por sí mismo, al menos hasta que aprenda a convivir con su situación (si se prolonga o se hace definitiva). Tampoco creo que ninguno de los dos ni siquiera lo haya valorado, ya que está el amor y la preocupación de Aurora por él que en esta tesitura no puede dejarle solo.    
También quisiera incidir en otro tema, sobre el que Conrado no ha dejado de darle vueltas. 
Porque, aun ciego, sigue teniendo más visión que los demás. Aunque siempre sobrevuele el tema de los celos, que él no niega, también está un séptimo sentido que le indica que el médico no es lo que aparenta. Aparte del descubrimiento de la pitillera y las explicaciones de Lesmes que no le cuadran en absoluto. Aunque falta convencer de ello a Aurora, que, por ahora, no parece que esté por la labor. Y aquí un reproche para ésta. ¿Volverá a caer en lo mismo y a no creer en lo que le dicen los suyos?

8 de abril de 2014

La peor pesadilla

Creo que en estos últimos episodios Jordi está demostrando para los que aún se empeñan en denostar su buen hacer como actor, que realmente merece el papel de protagonista. Considero que su profesionalidad ha quedado más que demostrada con el personaje de Martín, lo que a mi parecer le convierte además en un intérprete polifacético que sabe estar en todos los papeles. Y estoy totalmente convencida de que esta apreciación no es porque me ciegue su sonrisa, ni su aspecto, que no voy a negar que me parezcan atractivos, ni el hecho de que compartamos una misma lengua materna. Porque sería muy mezquino por mi parte acotarlo a esto y obviar a la persona que está detrás.
Tenía la necesidad de decirlo, aunque sé que también es algo que comparto con mucha otra gente.
Martín ahora está viviendo la peor pesadilla para un padre. Pero parece que todos los desvelos son para María y que el consuelo que él también necesita no le llega en igual medida, quizás por aquello de los tópicos de que es un hombre y se le supone que ha de tener mayor aguante. Aunque para ser justos también hay que admitir que tampoco es que se permita que le ayuden y que es cierto que aparentemente es el fuerte de la pareja, aunque ello provenga más bien de su desesperación y su negativa a asumir lo que cada vez parece más inevitable.
Y creo que es esta misma negación la que le mantiene en pie y sin dar tregua a su dolor. Sin abandonar una esperanza asentada en los lazos de sangre con su hija que siente que aún existen y que le llaman, aunque ello trascienda lo racional. Pero que quizás sea posible. Que le hace ser otra vez el Martín determinado a no darse por vencido fácilmente, además de alguien que no quiere que se repita lo que sucedió con él mismo y su madre. Pepa sentía que su hijo estaba vivo, pero la hicieron abandonar la búsqueda de éste. Martín no está dispuesto a hacer lo mismo, pues también él siente en lo más profundo que los vínculos con Esperanza no se han roto y que ella sigue viva.
Pero creo que en el fondo lo que le mueve y al mismo tiempo más sufrimiento le provoca, es sentir que  ha fallado a las dos mujeres más importantes de su vida: María y su hija. No ha podido proteger a Esperanza y ahora tampoco puede devolvérsela a su madre. 
Admito que hacía mucho tiempo que ningún personaje conseguía removerme los cimientos como lo está haciendo Martín/Jordi estos días. Realmente me han dado ganas de abrazarle (sin segundas intenciones) y consolarle. 
Y no, no me olvido de Loreto, cuya profesionalidad considero que también está a la altura de la de las grandes actrices. 

Ni Conrado se libra

¿Qué más puede suceder? Bueno, prefiero no dar ideas porque creo que el cupo ya ha quedado más que cubierto. Aunque, como siempre, le haya tocado a quien menos se lo merece.
También es verdad que es lógico que les toque siempre a los buenos (que no quiere decir que por ello tenga justificación). Ya que éstos siempre actúan movidos por la generosidad y bondad, sin dobles intenciones y sin esperar nada a cambio. Por el contrario los malvados no tienen otra función en la vida que procurar el mal ajeno, sirviéndose de métodos indiscriminados.
Por ello no creo que, como ya dije anteriormente, se pueda hablar de desgracias propiamente, ya que ello sería fruto del azar y no es este el caso. Aunque sí que es una desgracia que las victimas de ello sean siempre las mismas.
Y Conrado no es la excepción.
Obviando que desde que llegó a PV ya debe haber pasado por el dispensario una docena de veces para curarse heridas de más o menos consideración (ni un cruzado debía tener tantas cicatrices como las que deben “adornar” su cuerpo), lo de la explosión si es verdaderamente grave y puede tener secuelas. Lesmes ha jugado bien sus cartas y ha conseguido embaucar a éste y a Aurora para conseguir su objetivo, que no es otro que librarse del geólogo.
Una persona que, una vez más, ha vuelto a demostrar su naturaleza y su enorme corazón. Creo que Martín va a tener en él un gran apoyo, porque además Conrado demuestra un gran coraje y una férrea voluntad de no desfallecer, aún en condiciones adversas y sin muchas esperanzas de que la situación dé un vuelco satisfactorio. Pero es ante todo un amigo y un gran hombre, que sufre con los que sufren y da su brazo a quien le necesita.
Aunque parece que ahora va ser él a quien le toque ser ayudado. 

La verdadera naturaleza de Francisca

Si alguien albergaba alguna duda sobre la verdadera naturaleza de Francisca, hoy ya quedado demostrado de manera patente quien es realmente esta mujer. Mientras a escasa distancia la tragedia ha caído sobre su propia familia, y es su bisnieta la víctima, y su ahijada y su nieto los que se enfrentan a ello, la doña ajena a todo (que no ignorante) hace lo único que sabe llevar a cabo: poner por encima de todo las conveniencias sociales.
Patético e inhumano.
Como también lo es insistir una y otra vez en que la situación es la consecuencia de los actos pecaminosos de los demás. No voy a volver sobre ello porque ya lo he comentado muchas veces, pero no estaría de más que alguien le recordara que también hay un mandamiento que dice “no matarás”. Aunque por lo visto este sólo existía para la clase baja, no para los pudientes que al parecer tenían bula (o directamente la pagaban con donativos). Ahora mismo recuerdo algo que comentó D. Anselmo: que habían oído unos gritos que todos suponen de Fernando, pero al parecer nadie movió un dedo, aunque no dudan de la autoría de los verdugos. Ni lo han movido después. Y por supuesto no pretendo hablar a favor del éste, si no constatar que se trata de un ser humano y que nadie tiene derecho sobre la vida de otros. Si acaso la justicia.
Este mismo desdén e indiferencia por los demás por parte de la doña, le ha llevado también a hacer algo que no me creo que no haya sido intencionado. Jamás hace nada sin motivo, y humillar públicamente a su primo no considero que haya sido consecuencia de un intento de hacer una broma. Si acaso ha sido de muy mal gusto y para ponerse medallas, algo por otra parte innecesario ante los de su calaña. 

7 de abril de 2014

La solidaridad por encima de todo

No puedo evitar que se reflejen en este escrito mis sensaciones negativas, aunque soy consciente de que también puedo trasladarlas a quienes leen esto. Y no es esta mi intención, pero creo que ahora mismo la serie no da para otra cosa. Nada me gustaría más que cambiar el sentido de todo ello, pero no veo nada que me incite a hacerlo. Y lo que es peor, creo que aún va a ir a más.
El único elemento positivo que creo podría extraerse es que ante las desgracias la gente tiende a unirse, y que la solidaridad está por encima de cualquier otra consideración. 
Algo que se hace aún más manifiesto en el caso de los Buendía, que aunque es cierto que tienen una cierta deuda de gratitud con Martín, no dudo que habrían arrimado el hombro igualmente y para la causa que fuera. Y ello a pesar de que su situación tampoco es para tirar cohetes con el rechazo que la gente siente hacia ellos, y además han tenido que dejar a sus animales desprotegidos para acudir en ayuda del chico.
También está Mauricio. Es cierto que su presencia en la búsqueda cuenta con el beneplácito de su señora, pero creo que cuando acudió a dar la noticia a ésta de la desaparición de Esperanza ya iba con la idea preconcebida de pedir permiso para ayudar. Este personaje quizás aún pueda deparar una sorpresa, pero creo que el hombre está cambiando para bien y que, aunque fiel a su ama, empieza a cuestionarse unas órdenes que no siempre son de su agrado. Especialmente por lo que atañe a Martín y María. Y no dudo que en este caso concreto habría hecho todo lo posible para conseguir convencer a Francisca. Aunque no ha hecho falta.
No olvido al resto de la gente, desde los Mirañar hasta Conrado. Y aunque todos cuenten de igual manera y lo hagan con la misma predisposición, creo que hay que volver a hablar otra vez de este último, que en todas las ocasiones también ha demostrado que se puede contar con él, aunque mucha gente le repudie. Y aunque en esta se podrían aducir sus vínculos con los afectados, no dudo que de haber sido otros los que hubieran necesitado ayuda tampoco hubiera cambiado de manera de proceder. Además ha dejado patente que tiene dotes de organización y de mando, algo que en este caso es vital.
Pero no puedo dejarlo sin hablar de Dolores. Cierto que la mayor parte de las veces consigue impacientar y sus actos en muchas ocasiones merecen  reprobación. Pero ha demostrado que ante todo es una madre, que puede  hacerse una idea de lo que sería perder a un hijo. Y que puede entender el dolor de unos padres por esta situación. 
Casi me sorprende, pero hoy tengo que dar un voto por ella.
También he de decir que soy consciente de que este escrito puede llevar a hacer pensar que me estoy olvidando de personajes importantes en esta trama como Emilia, Aurora, Rosario o Candela. No es así, si no que creo que todas estas mujeres merecen un artículo para ellas solas. 

6 de abril de 2014

Tener fe

Dicen que las desgracias nunca vienen solas, aunque en PV esto cobra otro sentido. Porque las que suceden en este pueblo maldito no vienen por una vuelta de tuerca del destino, algo que no se puede controlar, si no a causa de desgraciados (en el sentido peyorativo del término) que las procuran y que hacen a los demás infelices. Y aquellas no llegan solas, si no que lo hacen en tropel. Aunque, por alguna extraña razón, sólo afectan a quienes menos son merecedores de ello.
Antes de seguir he de decir que entiendo que esto es una serie, y que probablemente en todas los personajes principales son los que se llevan la peor parte cuando se trata de pasarlo mal. Pero creo que en PV se deben llevar la palma. Y Martín por excelencia, aunque ello permita al mismo tiempo a Jordi lucirse de manera brillante en su papel.


Pero volviendo al tema que me ocupa.
Conrado ha tratado de infundir ánimos a Martín y refiriéndose a los milagros le ha dicho: “Tu dios hace estas cosas. Ten fe”. Creo que hay que tener profundamente arraigado este sentimiento para seguir creyendo en este ente superior al que se le supone magnanimidad y sentido de la justicia, pero que parece que mira hacia otro lado en el caso de Martín y María. Porque dicen que todo lo que sucede en esta vida tiene un sentido y también que puede ser una prueba, pero no puedo imaginarme una razón por la que nadie, y menos estos dos jóvenes, tendrían que pasar por ello una y otra vez. Sin tregua y con un nivel de sufrimiento cada vez mayor. ¿O acaso, como dice Francisca, merecen castigo sólo por el hecho de desear estar juntos , amarse y poder envejecer uno al lado del otro, aunque ello implique romper unas normas escritas por la mano del hombre?
Soy consciente que estoy haciendo una reflexión desde la óptica de una no creyente, pero hago un esfuerzo para intentar encontrar un motivo del porque estos sentimientos, que para mí son de lo más puro, pueden ser merecedores de la cólera divina (cosa que, por otra parte, es algo que sólo parecen creer Francisca y unas cuantas beatas) y porque al contrario los actos de la doña no son merecedores de ello. Al fin y al cabo Martín y María no dañan a nadie, solo a algo tan poco tangible como una reputación, mientras que a ésta no le ha temblado el pulso para destrozar la vida o directamente eliminar a quienes le estorban para sus planes. Cierto que para una persona que es creyente aún existe la posibilidad de la justicia en el más allá, pero no estoy muy segura de que esto les pueda servir a los que sufren injustamente en esta vida.
Aun así admiro de verdad a las personas que como Martín se aferran a su fe para mantener la esperanza. Muchas veces me gustaría ser como ellos y dejar de lado mi parte racional para poder creer que hay algo que permite dar un giro al destino.
Porque no creo que sea nada malo desear ser feliz y dejar atrás las penas y sufrimientos.