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17 de febrero de 2016

¡Don Anselmo no se va!

Podría haber comentado esto en algunas de las páginas de Facebook que administro conjuntamente con una amiga, pero como se trata de una opinión personal considero que debo hacerlo desde mi blog, algo que además me permite explayarme más extensamente.
Es sobre el tema de D. Anselmo, su posible marcha del pueblo y la reacción de los habitantes de PV a ello.  
Evidentemente hay que diferenciar al hombre del sacerdote, la persona del representante de una institución que en aquellos tiempos era uno de poderes fácticos, con la potestad incluso de administrar justicia terrenal.
Como persona D. Anselmo representa a la mejor parte de la sociedad, a los que se preocupan y están cerca de sus semejantes, además de procurar su bienestar. La parte a reprocharle es que, en ocasiones, haya mirado hacia otro lado cuando se trata de los desmanes de Francisca, que además compra su benevolencia con generosas donaciones. Sin embargo en justicia también hay que reconocerle que jamás ha tomado nada para beneficio propio, y que todo lo que recauda acaba en manos de los necesitados. Así que digamos que, sin que se puedan llegar a justificar algunas cosas, es posible aceptar que  D. Anselmo haya tomado la opción del sentido práctico obviando lo ortodoxo.
Como sacerdote tampoco nada que reprochar, aunque pienso que no se ajusta demasiado a los cánones de la época. Un ministro de la iglesia con una mente tan abierta debía ser una rareza, aunque tampoco es imposible que existiera. En realidad, y por lo que he oído de mis mayores, el tipo usual de sacerdote se acercaba mucho más a D. Berengario, aunque creo que en este caso han ido al otro extremo.
Antes de continuar he de puntualizar que me declaro abiertamente atea, y que por lo tanto mi opinión puede estar condicionada. Aunque tampoco me caen los anillos en reconocer que existen personas en las diferentes confesiones que ejercen su ministerio con total dedicación y servicio a los demás, tal como se supone ha de ser. Tal como hace D. Anselmo. Y es muy posible que, de estar allí, yo también me hubiera alineado con los que desean que el hombre (más que el sacerdote) siga en el pueblo. Especialmente cuando la alternativa es quién es, alguien que ha entrado con imposiciones, una situación que la gente tiende a rechazar. Abiertamente o no.
Nada que objetar pues a ello. Mis objeciones (valga la redundancia) van en un sentido muy diferente.
Mirándolo desde la óptica de los guiones, creo que puedo entender una de las derivaciones de esta trama, aunque no sé si la intención de quienes los han escrito va en la línea de lo que pretendo poner sobre el tapete. Y sé que me estoy poniendo muy quisquillosa, y que una vez más le estoy buscando cinco pies al gato cuando no se trata más que una ficción y de rellenar minutos de capítulos, además de dar visibilidad a un determinado personaje que, por supuesto, la merece igual que los demás. Y sé también que no todo el mundo estará de acuerdo con mi opinión, incluso es posible que no exista nadie que coincida con ello. Pero ello no me ha de condicionar a la hora de exponerla.
Se trata del papel de las mujeres en esta historia. Es muy loable que pretendan darles notoriedad, pero también es sabido que en aquellos tiempos (e incluso hasta mucho más tarde) su opinión no contaba mucho, pero eran el principal aliado de la iglesia. Ya en 1910 una nota de esta institución decía, refiriéndose al papel de las mujeres: “para qué nos serviría el voto: para arrojar en la balanza de la opinión cotizable, en la bolsa política, millones de sufragios en pro de la Santa Religión, que es y fue y será, esencia espiritual de la mujer española en todo lugar, situación y tiempo”
Otro ejemplo: el discurso de Victoria Kent, que el 1 de octubre de 1931 pidió que se aplazara la concesión del voto a las mujeres, porque en su opinión no estaban preparadas para votar responsablemente debido a la influencia de la Iglesia, por lo que su voto sería conservador y perjudicaría a los partidos de izquierdas. Para Victoria Kent una de las pruebas del alineamiento mayoritario de las mujeres con la derecha antirrepublicana sería la entrega al Presidente de las Cortes de un millón y medio de firmas de mujeres católicas pidiendo el cambio del proyecto de Constitución para que se respetaran los «derechos de la Iglesia (fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Sufragio_femenino)
Pero vuelvo al inicio, y soy consciente de que en esta historia hay que anteponer el hombre al sacerdote. Sin embargo no acaba de cuadrarme el papel secundario y pasivo del género masculino en todo esto, y que dejen llevar toda la iniciativa a las mujeres. Sabemos que en la época el papel femenino se limitaba casi exclusivamente al de ser obedientes y sumisas, aunque también es cierto que en PV las mujeres protagonistas son fuertes e independientes, mientras que sus hombres son progresistas y de ideas liberales, avanzados a su tiempo. Pero considero que esto no era lo corriente, si no la excepción.
Por descontado me alegra ver a mujeres resueltas, que en la cabeza de la protesta esté Candela, ver a Dolores, Mariana y Gracia  manifestarse sin temor, poniendo en sus palabras el sentir de todos y todas, a Rosario siendo la parte calmada y a Emilia, una atea confesa, defendiendo a D. Anselmo, al hombre. Sin embargo admito que este post lo ha provocado en mayor medida la escena siguiente. No acaba de cuadrarme que todo un obispo se digne a sentarse con unas mujeres para discutir un tema que va más allá de las atribuciones de éstas. Aunque me disguste tener que decirlo, creo que lo más lógico en esta situación (y repito, en aquella época), habría sido que, por ejemplo Severo, se hubiera alzado como interlocutor.  
Pero esto es una ficción, y se admiten licencias. 

20 de septiembre de 2015

Un paseo por PV

No sé si me han abandonado las musas (aunque suene algo pretencioso decirlo), o si se trata de que ya he dado mi opinión sobre los temas que considero más candentes y volver sobre lo mismo, aparte de no aportar nada nuevo, implicaría repetir argumentos ya esgrimidos. O quizás es que no haya demasiado sobre lo que opinar. El caso es que por más vueltas que le doy no consigo encontrar un tema que me llame la atención lo suficiente como para explayarme sobre ello.
Podría volver sobre el tema de Alfonso y su infidelidad, pero creo que no hay mucho más que decir, excepto que considero que han llegado demasiado lejos como para que pueda volver a mirar al hombre de la misma manera que antaño. Especialmente después de ser testigo de cómo excusa su mala conciencia traspasando las culpas a Emilia, lo que le convierte en una persona que no merece más que calificativos negativos. Por cierto, aprovecho para destacar la interpretación de Sandra Cervera, que si ya es una magnifica actriz siempre, en estos capítulos está destacando con autoridad.
También podría hablar de la hasta ahora mezquindad de Dolores, que ha necesitado que Gracia le pusiera las peras al cuarto para que aprendiera a respetarla, y de paso viera la realidad de su hijo y que finalmente aprendiera a anteponer el bienestar de éste a las habladurías y la moral imperante. Además de hacerse a la idea que no puede seguir pretendiendo tener a Hipólito bajo sus alas indefinidamente, porque éste ya es lo suficiente maduro para volar por si solo y buscar su lugar. El que parece haber encontrado al lado de Gracia, y con ello la felicidad que no está dispuesto a dejarse arrebatar, la que ha hecho que se haya puesto al mundo por montera.
Tampoco es fácil hablar de Rosario o de D. Anselmo, cuyos personajes son casi de relleno, igual que ahora mismo lo son los de Mariana y Nicolás, que han pasado a no tener casi visibilidad en las tramas. Igual que Ramiro, que aún ahora me pregunto cuál es el propósito por el que le trajeron a la serie. (Por supuesto no cuestiono al actor y me alegro que esté ahí)
O quizás el tema podría ser Francisca. Pero lo cierto es que no me apetece demasiado hablar de ella, y además me es bastante indiferente el desarrollo de su trama. Algo, esto último, que tampoco es muy original porque ya lo hemos visto con anterioridad y casi calcado, con algunas ligeras variantes en el caso de Raimundo, que otra vez tiene su parte de culpa en la desaparición de la doña. Lo cierto es que me da la sensación que para darle protagonismo a Francisca ya no saben que inventarse, lo que me ratifica al mismo tiempo que este personaje ha dejado de ser imprescindible. Es verdad que ha sido crucial para dar entrada a Severo y a su venganza, algo que aún ahora está en el aire, pero podría pasar a segundo plano porque éste tiene otros frentes mucho más interesantes para desarrollar que el de darle las vueltas a un tema ya gastado. Además los personajes que de alguna manera penden de Francisca, no es que disfruten precisamente de mejor concepto, ni protagonismo. Raimundo no goza de esto último más que en contadas ocasiones y Mauricio tres cuartos de lo mismo, aparte de que está quedando patente que éste tiene tanto de grandullón como de rastrero, confundiendo la fidelidad con la ciega obediencia.
¿Pero qué esto? Llegados a este punto si que descubro que hay de que escribir (de hecho es lo que estoy haciendo), y que hay temas que aún pueden dar mucho de sí. Por supuesto si no los estropean.

Está la incipiente historia de Lucas y Sol, una relación con dos personajes que derrochan complicidad, química y sentimientos. Una pareja que brilla con luz propia, dos personajes totalmente transparentes, sinceros, que llevan instalada la sonrisa y que saben sacarle jugo a la vida a través del buen humor. Que en sus escenas íntimas hacen brillar la ternura y la pasión, sin caer en el exceso. Y no es mojigatería, pero se agradece que sea así, porque también el romanticismo es importante
También está la aún más incipiente relación entre Severo y Candela. De hecho ni siquiera existe en el sentido literal del término, aunque ya se van sentando las bases para ello. Eso sí, de manera muy lenta (lentísima para mi gusto). A pesar de que es algo que es muy evidente para todo el mundo, excepto para los interesados, que parece que se resisten a admitirlo. Pero también en este caso la historia es interesante. Dos personas con un cierto bagaje, que están aprendiendo a conocerse y a establecer unos estrechos vínculos a través de la confianza mutua y el respeto, que gozan de la mutua compañía ….y que han sufrido mucho en la vida y ya merecen alcanzar la felicidad.
Y quizás en el futuro exista la pareja de Bosco y Berta. En realidad esta todavía es una conjetura, porque nada ha sucedido para pensar en esta posibilidad. Pero algo tendrán que hacer con Bosco, un personaje que ha sufrido muchos altibajos y que ahora vuelve a estar en la picota por su otra vez acercamiento a Francisca, a pesar de todo lo que ésta le ha hecho a él y a Inés, sin contar al resto de la familia.
Ah, me olvido de Matías y Prado!!. Pero esta pareja también anda en un impasse. Aunque también es cierto que su relación está condicionada por su edad y por tener vigilantes que les impiden ir demasiado lejos.
(Uf, no sabía que decir y casi, como diría Lucas, me ha salido el primer tomo del Quijote)

6 de agosto de 2015

La libertad de escoger

Al tratarse de algo que atañe a los Mirañar es posible que pase más desapercibido, pero considero que el tema de los devaneos de Pedro con el comunismo, aunque tratado desde una óptica aparentemente frívola, en el fondo encierra una importante crítica social.
Evidentemente solo pretendo dar una opinión desde mis propias convicciones, que se acercan a los postulados que ha abrazado Pedro, aunque mi ideología no se sitúa en el entorno comunista. Pero si creo en algo de lo que predica, como es el libre albedrío de las personas para decidir sobre sus propias vidas sin que nadie interfiera, a menos que sea absolutamente necesario, y siempre para ayudar, no para intentar meter baza.
Por descontado tengo en cuenta el momento de la acción, y la influencia que ejercía la iglesia sobre la sociedad de la época. Y tengo claro que ante todo se situaban las apariencias por encima de las personas, aunque aquellas vinieran a través de reglas establecidas dictadas por alguien muy alejado de la realidad del pueblo llano. Algo que desgraciadamente casi siempre ha sido así, pues creo que la sensación generalizada es que a veces los políticos viven a espaldas de lo que piden los ciudadanos. También la iglesia, que además durante años ha marchado al unísono con los gobiernos, pero que no ha evolucionado al mismo ritmo que la sociedad (aunque ahora se perciba una tímida apertura).  
De todas maneras he de decir que el papel que le atribuyen a D. Anselmo me parece histriónico, exagerado casi hasta el punto del ridículo. Por supuesto, entiendo que en aquellos tiempos la separación iglesia–estado era inexistente y que la iglesia además de ser un poder establecido, al estar en primera línea ante las personas era la principal garante de preservar la moral y las buenas costumbres. Papel que, por cierto, se atribuyeron ante el inmovilismo popular, no porque tenga que ser así, pues a diferencia de los gobiernos que son elegidos por el pueblo, los representantes religiosos no son escogidos por votación popular, ni siquiera por los que realmente representan. Además el intento de imponer una determinada manera de pensar, algo que entra dentro del terreno de las convicciones personales, me parece de todo punto una intromisión inaceptable.  
Por lo que la persecución a la que el sacerdote somete a Hipólito, además de las maneras bruscas de tratarle, me producen una sensación de rechazo, y no solo porque el blanco de las mismas sea un chico bueno, que merece ser feliz. Y me alegro que tanto Pedro como Hipólito le planten cara y en este caso no se sometan a su arbitrariedad, pues se trata de un asunto que solo le atañe a éste y Gracia, y en última instancia también a los padres del chico. Por supuesto no le niego al sacerdote el derecho a opinar, pero si a intentar dirigir la vida de los demás.  
Sin embargo intento ponerme en su lugar y en lo que representa, y sé que tampoco se podría pedir tolerancia así por las bravas, aunque en más de una ocasión ha demostrado que puede tenerla. Recordemos las ocasiones que miró hacia otro lado con Pepa y Tristán, Martín y Maria e incluso Bosco e Inés, por citar a algunos. Y que durante años ha encubierto a Francisca y sus desmanes, algo bastante peor que aceptar que unas parejas vivan amancebadas.  
Y defiendo que Hipólito y Gracia puedan vivir sin sobresaltos su amor, sin tener que estar siempre en el punto de mira. Aunque también es cierto que ignorar lo que puedan decir los demás es una buena solución. Porque llegará un punto en el que  beat@s y metomentod@s se cansaran de este tema, o encontrarán otra víctima a la que dirigir sus dardos.
Por cierto, acabo de leer una cita que se adapta perfectamente a lo que estoy intentando expresar: “Para ser feliz debes aprender a ignorar a mucha gente” (de autor desconocido)
¡A lo mejor tendríamos que pasarle esta reflexión también a Sol!

2 de junio de 2015

Felicidad o normas establecidas: esta es la cuestión

Algo ha quedado patente: el poder de la iglesia para erigirse en fustigador y velador sobre la moral y las buenas costumbres que la sociedad impone. Algo que tampoco ha cambiado tanto, a pesar de haber pasado varias décadas desde que se sucede la acción. Aunque lo que sí creo que ha cambiado es la manera en que las personas lo perciben y lo aceptan. Al menos en gran parte del primer mundo.
El fuego del infierno y la amenaza de perder la paz eterna no creo que actualmente sirvan para amedrentar a nadie, salvo a los más fervientes devotos. La libertad personal se impone a los dictados externos que podrían venir de una institución cuyos máximos dirigentes todavía dan consignas retrogradas, que parecen ancladas en otros tiempos. Por supuesto sin generalizar, porque también en la iglesia católica (y en todas las demás confesiones) existen quienes viven a pie de calle y conocen la realidad.
Aunque D. Anselmo sea un sacerdote que en múltiples ocasiones ha mostrado un grado de tolerancia no muy acorde con la mentalidad de la época en la que trascurren los hechos, el caso es que no puede evitar meter baza en temas que no tendrían que pasar del terreno personal. No en vano representa a unos de los poderes que manejaban los hilos.
De todas maneras, quien vive en un pueblo pequeño (como es mi caso y el de PV) sabe que aún en el momento actual, está más expuesto al escrutinio popular que alguien de ciudad cuyo anonimato está casi garantizado. Así que sólo resta escoger entre decidir por una/o misma sin tener en cuenta la opinión de los demás, o dejarse condicionar por lo que dirán.
Y en el caso de Hipólito y Gracia además hay otro tema. Está en juego la felicidad de ambos, en contraposición a las normas establecidas. Sin contar que además son personas ajenas a los interesados quienes pretenden decidir por ellos.
¿Qué es más importante, dejar escapar la posibilidad de ser feliz, o acatar unas pautas de moral pensadas para coartar la libertad de las personas?

20 de mayo de 2015

Un arrepentimiento para salir del paso

Esta vez voy a dejar salir mi lado más irreverente.
Entiendo que eran otros tiempos y otra mentalidad, y que probablemente los guiones se ajustan a la manera de pensar de la época, por lo que establecer comparaciones con la actualidad no viene al caso. Pero en el trasfondo subyace algo que creo que no se ha perdido del todo: el poder de la iglesia.
Ante todo he de manifestar que creo en primer lugar en la libertad individual y en el respeto a las personas, pero no necesariamente en las ideas, que considero que pueden ser aplaudidas, cuestionadas, mejoradas o incluso combatidas. Nunca ser tomadas necesariamente como acto de fe, porque de esta manera se puede llegar incluso a anular la voluntad y llegar a darse ideas extremas, que desgraciadamente aún en la actualidad siguen vigentes. Incluso en alza en según qué países (más en unos que en otros)
Por supuesto no pretendo generalizar, ni desvirtuar unas creencias pues, aunque no crea en ello, acepto que la religión cumple también con una misión. Y, por supuesto, es un hecho que en el seno de las diferentes confesiones hay personas realmente válidas, aunque no más que en otros estamentos de la sociedad.
Lo que me ha llevado a hacer esta reflexión es el hecho de, en este caso de D. Anselmo y Francisca, imbuido de un poder que no tiene nada que ver con la justicia, el sacerdote tenga el privilegio de perdonar e incluso mantener al margen de la ley, hechos punibles y, por supuesto, denunciables. Lo que además de convertirlo en cómplice (involuntario eso sí), provoque que para salvaguardar a una persona, permita que se haga daño a otra. Claro que habrá quien lo justifique con el secreto de confesión, igual que, por ejemplo, un abogado o un médico se ceñirían al secreto profesional, pero creo que por encima debería existir la conciencia individual de cada persona. 
Y ahora voy al meollo de lo que realmente pretendía comentar.
Evidentemente no está muy lejos de la realidad, y por ello no sé calificativo darle. Quizás el que mejor cuadre sea el de denigrante que alguien como Francisca pueda sentirse liberada de sus culpas solo por el hecho de acercarse a un confesionario, soltar que se arrepiente en este momento, justificar sus actos como si lo de “ojo por ojo” no fuera reprochable, y esperar el perdón de un ente que existe sólo para los creyentes. Y al darse la vuelta volver a las andadas, como si la confesión hubiera supuesto borrón y cuenta nueva, como si usar de este método otorgara impunidad para que sus múltiples crímenes jamás puedan ser juzgados por los hombres.
Y lo siento, pero el papel de D. Anselmo en este tema tampoco me gusta. Evidentemente no puede ir por ahí soltando lo que sabe (probablemente es el único que conoce todos los desmanes de Francisca), pero tampoco mantenerse al margen. Puede hacer muchas cosas sin traicionar el secreto de confesión, pero las más de las veces se ha quedado de brazos cruzados, lo que me parece también reprobable. Por cierto, al parecer no todos sus fieles merecen la misma atención, pues ni siquiera se ha acercado a la Quinta para interesarse por los problemas de Severo. Solo se ha limitado a hablarlo con otras personas. 

18 de marzo de 2015

Un par de consejeros

¿Qué tienen en común D. Anselmo y Fe?  Pues prácticamente nada, excepto que a los dos les ha tocado en suerte convertirse en consejeros en otros tantos asuntos espinosos. Y también que no se andan con rodeos a la hora de decir lo que piensan.
En realidad a D. Anselmo este papel no le es ajeno, por su condición de sacerdote y consejero espiritual, pero parece que últimamente también ha de serlo en el terreno sentimental, aunque en su caso tenga que hacer uso del razonamiento lógico. Y, por supuesto, éste dice que ha de hacer ver a Raimundo lo que es de todo punto previsible: que no puede salir nada bueno de que vuelva a los brazos de Francisca, ya que ambos ya se han hecho tanto daño como para varias vidas y esto deja un huella indeleble. Aunque ahora anden como un par de colegiales con zapatos nuevos. Además de que ponerse el mundo por montera, tal como ha pedido Francisca, no es fácil cuando hay otra gente implicada.  
Y Fe anda en las mismas, tratando de poner cordura en algo tan difícil como los sentimientos de otra persona, en este caso Inés. Porque dejando aparte todos los flecos del asunto que tanto ella como la chica desconocen, el caso es que Inés ahora mismo no tiene ninguna posibilidad con Bosco, por lo tanto seguir alimentando una esperanza que no tiene ningún futuro es tarea vana. Realmente cuesta imaginar que puede esperar ahora mismo, cuando Bosco le ha dejado bastante claro que su relación ahora se limita a lo que se relaciona con el niño. Y todo esto es lo que Fe está intentado hacerle entender (sin mucho éxito hasta ahora) 

15 de enero de 2015

Arriba y abajo

Después de que los acontecimientos se hayan precipitado, parece que no tiene mucho sentido que tanto D. Anselmo como Fe sigan manteniéndose callados por lealtad a María. En realidad, en uno y otro caso, no han tenido más remedio que poner al corriente a los demás de lo que conocen sobre la situación. Son las dos únicas personas, aparte de María (y, por supuesto la doña, que es la que la ha provocado), que conocen todos los entresijos del tema.
Pero desgraciadamente no pueden hacer mucho más, porque se enfrentan a dos personas maquiavélicas, que seguramente no han dejado ninguna huella que permita relacionarlas. Si, tienen documentos que acreditan que el cubano es un delincuente peligroso, hechos consumados como un ataúd vacío, pero no tienen pruebas físicas de la implicación de Francisca en la presencia de Leonardo en el pueblo. Supongo que un buen detective, con medios y experiencia, podría conseguir descubrir algo; pero ya sabemos que no será así y que nunca se sabrá que ha sido la doña quién ha descerrajado un tiro al cubano.
Así que pedir a Fe que hable, como he leído en algún sitio, es lo mismo que pedirle que se meta en un berenjenal del que va a salir escaldada, sin trabajo y sin posibilidad de volverlo a encontrar. O algo peor. Porque la palabra de una sirvienta contra la de una todopoderosa terrateniente es menos que nada.
Es triste, pero es así, a menos que suceda algo con lo que no contamos (básicamente que los guionistas decidan hacer algo diferente y den una vuelta de tuerca a la doña) 
¿Quién le iba a decir a Fe que meterse en La Casona era lo mismo que hacerlo en un avispero? Es cierto que su natural manera de ser le permite que el ambiente enrarecido que se respira en este lugar no la afecte en demasía, pero también tiene un enorme corazón y es evidente que ello no le permite mantenerse ajena a lo que sucede en las estancias superiores de la casa. Especialmente si las que padecen son personas por las que ha llegado a sentir verdadero aprecio, como María. De hecho, las escenas con ésta y la relación que se ha forjado entre ambas, considero que es una de las mejores cosas de las que han pasado últimamente en la serie, porque además han dejado surgir la faceta de Fe más personal: la de una mujer integra, fuerte, perspicaz y valiente, capaz de ponerse en riesgo por alguien a quién ha dado su amistad, algo que es recíproco.  
A estas alturas ya no creo necesario reiterar que el personaje de Fe, a pesar de considerarse secundario, es uno de los que está manteniendo el interés. De hecho debe ser de los pocos de los que no he leído ningún comentario negativo. Ni del personaje ni, por supuesto, de la actriz que lo defiende, y de la que es una obviedad volver a decir que ha sido todo un descubrimiento. 
Creo que con este personaje se puede retratar además una sociedad en la que las diferencias estaban muy marcadas, especialmente en los ambientes más alejados de la capital, en los ambientes rurales dónde los poderosos se aferraban a los modos y costumbres de otros tiempos. Porque mientras en algunas casas pudientes de las ciudades los sirvientes recibían un trato más cercano (Amalia lo comentó en una ocasión), Francisca, imbuida del poder de una terrateniente feudal, sigue tratándolos como esclavos.
Pero Fe viene de la capital y parece no impresionarse demasiado por estos modos ancestrales. Sin perder de vista que la doña es quien le proporciona el sustento, no ha perdido el tono irreverente que la hace diferente, pero ha aprendido a utilizarlo y torear al mismo tiempo a  su ama sin que ésta se lo tenga en cuenta. Incluso a veces parece que a ésta le divierte la manera de hacer de la chica (no dudo que, tras la cámaras, la diversión está asegurada)
De ahí que Fe pueda ser testigo de cosas y hechos que, de otra manera, no serían posibles. “Ver, oír y callar” es el lema. Pero Fe ve muchas cosas, incluida una escena trepidante como la de Emilia poniendo a caldo a la doña y sin ceder ni un palmo, escucha cosas aquí y allá que sirven para ayudar a los demás, y calla cuando hace falta.
Y no sé qué le deparan los guionistas, pero pienso que incluso su papel podría ser importante para el desenlace de la trama de María. Porque no hay que olvidar que la doña desconoce lo que sabe la sirvienta, y Fe tiene acceso a todas las estancias. 
(Si, lo admito, de ilusión también se vive!!)