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23 de julio de 2018

Marcela y Matías


No podrán sustituir nunca a Alfonso y Emilia porque no llevan los años de rodaje de ellos, ni la experiencia profesional de los dos actores que han dado vida a estos personajes,…pero ante todo porque son otra historia.
Por supuesto convengo que su relación tampoco ni siquiera se asemeja, porque además nunca han sido una pareja pasional,…..y siguen sin serlo. Pero no es algo achacable solo a ellos, sino que considero que ahora mismo es algo generalizado a toda la telenovela.
La magia que envolvía a personajes emblemáticos y que dió lustre al producto se ha ido perdiendo con el tiempo, y los guiones que ahora se escriben adolecen totalmente de elementos de aquel estilo, mientras parece que prima la precipitación, el que las cosas fluyan a toda velocidad. Y lo peor, sin margen a la sorpresa, por la reiteración de situaciones ya vividas anteriormente.
De todas maneras también hay otra cosa a remarcar sobre la pareja Matías y Marcela, aunque se puede hacer extensible a otros personajes.
Hay los que nacen con estrella,….y otros que lo hacen estrellados. Evidentemente hay que reconocer que no es fácil acertar con un personaje, y que la supuesta buena voluntad de los guionistas a veces no se acaba correspondiendo con los gustos de l@s seguidores. Por ello estaría bien que de vez en cuando los responsables de la serie se bajaran de su pedestal, vieran lo que se cuece y se preguntaran si están haciendo algo mal y que es lo que se puede o debe cambiar (claro que quizás no quieran saberlo, porque últimamente más bien da la impresión que solo importa llenar líneas de guiones como sea. O, como decía alguien, convirtiéndose en re-escritores, adoptando la línea más cómoda). 
En el caso concreto de Marcela y Matías, en mi opinión no lo están haciendo muy bien. Si bien dejan un poco al margen al chico, no así a Marcela, un personaje de los que decía antes que nació con mala estrella, pero que tampoco están haciendo nada para que mejore su imagen, sinó más bien al contrario (por descontado estoy hablando de los personajes. Los dos actores considero que defienden muy bien su trabajo).
Antes que continuar tengo que decir que no comparto para nada algunas opiniones sobre la chica, y mucho menos los calificativos que se le han dedicado en el pasado  y que todavía siguen poniendo periódicamente su imagen en entredicho, básicamente por su relación con Matías. Esta historia es cosa de dos y a él nadie le puso una pistola en el pecho para lanzarse, ni ella hizo nada reprochable,….solo seguir su corazón.
Evidentemente en toda esto se olvida otra cosa, que se reconoce fácilmente en todas las tramas con final trágico o doloroso. Cuando se produjo el primer escarceo entre la pareja, la tercera en discordia, Beatriz, ya estaba “sentenciada” a dejar la telenovela (aunque nadie, o pocos, lo sabían) y como viene siendo habitual ya se estaba produciendo el destrozo progresivo del personaje. La dulce e ingenua chica de los comienzos se estaba volviendo alguien irreconocible, con un comportamiento que calificaría de reprochable cuando menos, injustificable las más de las veces por muchas vendas que se le quieran poner, …….aunque evidentemente con la intención última de que su marcha forzada llegase a ser menos dolorosa para los seguidores. Así que trasladar la culpa a Marcela de la deriva de la historia me parece cuando menos excesivo, porque si alguien tiene la culpa son los nefastos guiones y los responsables de la serie que tomaron la decisión de prescindir de toda la trama de Los Manantiales,… incluida Beatriz.
Lo peor es que esto está llevando además a descalificaciones personales entre l@s mismos seguidores, dando la impresión a veces que la línea roja entre ficción y realidad no se tiene muy clara. Poner a caldo a un personaje con el que no se comulga con su trayectoria, hacer concesiones a la nostalgia, insistir en temas que a pesar de no tener solución no se acaba de tragar con ellos, o en otros que no se considera se haya llegado a la solución idónea, puede acabar llevando a situaciones bastante esperpénticas, en las que las acusaciones cruzadas van más allá del límite, en las que el respeto a la opinión ajena no parece tenerse mucho en cuenta. Y ello cuando solo se habla de personajes ficticios, sin que aporten nada a nuestras vidas más que un supuesto entretenimiento (que no es tal, vistas las circunstancias).
Evidentemente las opiniones son muy subjetivas y cada persona se muestra según sus creencias y pensamientos, por lo que a veces se puede llevar a la acusación de falta de objetividad.  Pero es claro que ésta a veces también puede esconder una cierta hipocresía, y es mucho más honesto decir claramente lo que crees, lo que piensas.
Sin embargo parece que hacer este ejercicio últimamente se está convirtiendo en una actividad de riesgo.

31 de mayo de 2017

Amor....¿u otra cosa?

"No pongas el amor por encima de todo, ama con independencia, aléjate de quien no te conviene y sobre todo, ámate primero a ti mismo." (Walter Riso)
Claro que no todo el mundo va a estar de acuerdo con esta cita, depende de la visión que se tenga de este sentimiento. Porque lo primero que habría que entender es precisamente la palabra amor, con una definición tan amplia que es difícil de abarcar y que no siempre se circunscribe al amor romántico. Algo, esto último, que además en ocasiones se tiende a magnificar y se confunde con otros sentimientos mucho más prosaicos, quizás por la influencia de las novelas, películas o series de televisión que pueden distorsionar su verdadera esencia, pero también por la propia idiosincrasia de cada persona y como ha sido educada.

Por lo que creo que no todo vale a la hora de pretender trasladar a la ficción una historia supuestamente de amor.
Y sinceramente considero que si pretenden revivir con Beatriz y Matías las historias anteriores que han llevado a la telenovela a cuotas impensables de audiencia, se están equivocando. No es lo mismo, ni de lejos, aunque dé la impresión que se parte de bases parecidas.
Evidentemente cuando se escribe una historia no se puede saber con certeza la reacción del público y de si va a calar o no. No dudo que se haga con la mejor intención, pero los guionistas son humanos y pueden errar en la dirección de los guiones, llegando a veces tan lejos que es imposible, o muy difícil, rectificar. Y considero que con estos dos personajes han llegado a un punto que es muy complicado justificar su proceder, ni siquiera ver la relación que supuestamente les une, más allá del simple deseo físico.
En realidad ayer intentaba averiguar en que momento se ha visto este supuesto amor que les une,….y sinceramente no recuerdo nada tan intenso como para que pongan en su boca palabras como las que estamos oyendo últimamente. Como si el suyo fuera un sentimiento a prueba de todo obstáculo, cuando hemos visto que es tornadizo y no necesita mucho para irse en otra dirección.
Sin embargo lo que me disgusta más de esta historia es como simplifican un sentimiento tan bonito, poniéndolo al nivel de lo banal. Vale, quizás vaya a dar una imagen de mojigata, pero pienso que el amor es algo más que lujuria y sexo, y es esto lo que me trasladan con algunas tramas. Como ésta.
Cierto que en más de una ocasión se ha recurrido a la infidelidad para hilar historias, y que incluso se ha justificado como mal menor. Pero creo que la diferencia de esta trama con las anteriores radica en que los personajes llevan un bagaje no muy halagüeño, y por su actitud antojadiza no suscitan enormes simpatías (a la vista están los comentarios negativos que inundan las páginas), así como tampoco existen motivos para que se vea necesario liberarse de la pareja. Como si sucedía en los casos anteriores.
Además ¿dónde está la dignidad, el deber para con los demás, la coherencia con la palabra dada, la conciencia que visibiliza la posibilidad de hacer sufrir a otros u otras…….? Ser jóvenes e inexpertos (es un decir, en el caso de Matías) no exime de la responsabilidad, ni de tener suficiente pesquis como para saber lo que está bien o mal, ni justifica una actitud como la que vemos, en la que el egoísmo está más que latente. 

2 de mayo de 2017

El amor de tu vida

Evidentemente la manera de ser y de pensar de cada uno es fundamental para entender un determinado tema. Por ello puedo aceptar que haya gente que lea esto y no esté de acuerdo en nada, lo éste en algo o que comparta conmigo totalmente esta reflexión. Porque de todo hay en este mundo y, por descontado, respeto todas las opiniones.
En los últimos días se han escrito líneas y líneas de opiniones sobre Beatriz, Matías y Marcela, e incluso yo misma he sacado el tema en este mismo blog. Aunque la mayor parte estén centradas básicamente en las chicas, ya que lo de Matías lo considero mucho más sencillo: ha cometido un error y está dispuesto a asumir las consecuencias, aunque ello le comporte pasar por un mal trago primero, y después cargar con una responsabilidad para el resto de su vida. Pero aún con estas premisas nada halagüeñas, nada hace suponer que esto no pueda ser el comienzo de algo, en vez del final de todo. La vida se encarga de poner las cosas en su sitio, y lo que un día puede parecer negro, al siguiente puede adquirir otro color, que la situación a la que a priori se enfrenta Matías no pueda incluso llegar a ser algo bueno. Todos hemos visto que al chico tampoco le cuesta tanto mudar de parecer con respecto a sus sentimientos, porque hubo un  día en que Prado fue el amor de su vida y al siguiente ya se iba con Rafaela. Y cuando esto se terminó tampoco no tardó tanto en encontrar con quién sustituirlas en su corazón, así que es evidente que para él no es tan complicado romper los lazos y crear otros.
No menos se puede decir de Beatriz, que no dudó en sustituir a Matías cuando creyó que sus sentimientos hacia Damián eran más poderosos que lo que podía sentir por el chico que ahora parece que acapara toda su existencia. ¿Acaso esto no tiene aspecto de volubilidad?
Lo que me hace considerar que, al menos en ese caso, hablar de un amor que está por encima de todas las cosas y es para siempre, es como mínimo precipitarse. Bueno admito que soy muy escéptica en este tema y que no creo en ello, ni en la ficción, ni en la vida real, porque pienso que incluso el amor puede acabarse. Y a los diecisiete-diecinueve años, cuando aun prácticamente no has empezado a vivir, me parece que poc@s tienen una idea muy clara de que lo que significan las palabras “para toda la vida” o “el amor de mi vida”. Por descontado habrá quien haya conocido a esta edad (o antes) a quien considera su media naranja, y que la relación se haya consolidado,… siempre con más o menos intensidad según la manera de ser de cada uno o una, y de cómo hayan evolucionado las cosas en la pareja. Pero soy de las que piensan que un sentimiento de este calibre no puede crear sus bases en idealizaciones, ni en la idea romántica surgida de las novelas, sinó más bien en los sentimientos forjados a fuego lento y en base al conocimiento, la confianza, la aceptación del otro, lo que en conjunto crea unos cimientos más estables que los que simplemente puedan derivarse del acercamiento a la persona que pase en este momento por tu vida.
Por lo que oírle a Beatriz decir a Matías “yo soy el amor de tu vida y si te casas con otra vas a ser desgraciado” me parece cuando menos una afirmación rayana en lo pedante, aunque por supuesto es posible que ella crea que realmente es así. (Lo siento, pero esta es la sensación que me produce). Pero nadie puede saber lo que es mejor para el otro, ni nadie puede intentar coartar la libertad de decidir de otro,…. aunque piense que es un error. Porque tampoco puede tener la certeza de que vaya a suceder esto.
Por descontado una unión entre dos adolescentes tan jóvenes no es algo que considere una buena opción, aunque en este caso las circunstancias manden (supuestamente). Pero la responsabilidad ha de asumirse cuanto toca y no tiene edad. Así que pedirle a Matías que la eluda, ni que sea a medias, es precisamente esto, una irresponsabilidad o una falta de madurez. Por cierto, no hace mucho alguien recordaba las palabras de Nicolás empujando a su joven sobrino a pedir matrimonio a Beatriz. ¿Por qué ahora se ha de pensar que Beatriz es mejor que Marcela y vaya a ser mejor compañera, vistas las premisas anteriores? ¿Acaso el supuesto amor hace más maduras a las personas para adquirir un compromiso de por vida?  
Y además ¿alguien piensa en Marcela y en cómo ha de afrontar la vida si Matías finalmente desiste de unirse a ella? ¿Qué futuro le espera como madre soltera (siempre en el supuesto que esté embarazada? Y si no lo está ¿igualmente que futuro le espera, “manchada” de por vida por haberse liado con un hombre?

25 de abril de 2017

El honor o ser libre para decidir

Ya he escrito antes sobre este mismo tema, pero me permito volver a la carga porque sigue siendo recurrente, y en los mismos términos que al principio.
Por supuesto no pretendo tener la razón, y tampoco dar la sensación que es una crítica a algunas opiniones. Que me merecen todo el respeto,…. aunque no las comparta
¿Se debe casar alguien sin que medien sentimientos afectivos, solo porque algo tan impreciso como el honor hace que uno o una se sienta obligado a ello? Evidentemente la primera idea que te pasa por la cabeza es la de las consecuencias que ello puede acarrear, la mayor parte no muy positivas, pero después puedes entrar a valorar todos los matices. Porque no todo es blanco o negro. 
Hay que ir al concepto honor para entender que éste tiene muchas definiciones y que en ello intervienen también la dignidad, los ideales, el sentido del deber, la manera de ser,… por lo que en algunas personas puede llevar aparejado el condicionar algunos de sus actos, y ponerlo por delante del libre albedrío.
Aunque solo con estas premisas y sin que exista otra razón, los cimientos para ligarse a otra persona sean de lo más inestables, y todo apunta a un futuro no muy halagüeño. A menos que se haga un esfuerzo para lograr establecer vínculos que vayan más allá de aceptar la convivencia forzada, y se aprenda a mirar al otro con los ojos de los sentimientos. Ya que considero que no es imposible llegar a querer mediante el tiempo y el conocimiento.
Por supuesto hay que diferenciar el honor objetivo, el que afecta a la propia persona, y el del concepto social que afecta a la relación con la sociedad, aunque ambos estén muy ligados. Pero mientras uno puede quedar circunscrito al ámbito íntimo, el otro es el que afecta a la imagen exterior que se proyecta. Y es este último el que hace que incluso en algunas culturas se den situaciones extremas en las que, por una estricta y mal entendida interpretación del tema, la violencia contra la mujer llega a lo máximo de la crueldad en el ser humano, cuando la responsabilidad del hombre es casi inexistente. Por lo que el honor de éste no es puesto en el punto de mira, mientras el de la mujer acaba muchas veces lavado con sangre….. Y no sigo, porque es un hecho que me produce mucha repulsa, y por el que creo que merece la pena luchar para conseguir su plena erradicación.
Pero ahora no es este el caso que me ocupa, así que vuelvo a la pregunta del principio.
Sin embargo la respuesta no es posible darla en términos actuales, porque hace casi un siglo las cosas eran muy diferentes y tampoco la situación de la mujer era la misma, pues entonces si quedaba marcada para siempre. Y dependiendo solo de la suerte para salir adelante.
¿Marcela se arriesgaría a pasar por una situación de ser señalada solo por el hecho de querer atrapar a Matías? ¿Por qué precisamente ahora, una chica a la que conoce todo el mundo, tomaría una decisión tan extrema para “pillar” a un chico? ¿Por qué, por ejemplo, parece olvidarse que el móvil económico es bastante improbable porque la dote la aporta la familia de la chica, y además los Castañeda no son precisamente ricos, sino personas que han de trabajar duro para salir adelante, por lo que difícilmente otra familia podría vivir a su costa? Pero lo que más me escuece es que la mayor parte de los comentarios sobre esta trama vayan en la línea de culpabilizar a la chica con conjeturas sobre violaciones, incestos o intentos de “colocar” un bebé a otro, pasando por sembrar dudas sobre la existencia o no de un embarazo, o sobre la posibilidad de que despierte más empatía por tratarse de una chica de clase humilde. Por supuesto, todo ello es posible, además sabiendo lo retorcidos que son los guionistas, pero, de momento, considero que existen dudas razonables para aceptar como ciertas estas posibilidades, aun cuando puedo tener que darme en el futuro con un canto en los dientes.
Y ¿dónde queda Matías en todo esto? Haya o no embarazo, sea o no éste el padre de la criatura, el caso es que queda probado que ha estado con Marcela de manera íntima y de modo voluntario. Y que ambos eran libres para hacerlo, aun siendo un acto dictado más por los instintos que por la razón, algo que ha traído supuestamente consecuencias. Claro que si no existe embarazo, las cosas pueden ser diferentes, pero solo hasta cierto punto, porque no quitan que el “honor” o la reputación de Marcela salgan igualmente perjudicados, y mucho más que la del chico. Ya que puede tacharse a éste de picaflor, de pensar más con la entrepierna que con la cabeza, de actuar irreflexivamente por tener nublada la mente por la bebida, pero al final acabar dejando que todo esto le justifique de alguna manera, mientras que con Marcela se es mucho más duro. ¿Acaso hay alguna razón para que los dos no reciban la misma censura, dado el caso?
Por supuesto no puedo pasar por alto el tema que subyace en todo esto: el supuesto amor que existe entre Matías y Beatriz. Y sobre el que hay muchas diferencias de opinión, especialmente a la vista de los altibajos que han dejado patente que quizás este sentimiento no sea tan fuerte como pretenden hacer creer.
Antes que nada he de decir que considero que las telenovelas tienden a sublimar o mitificar el amor romántico, y que la realidad suele distar mucho de ser tan idílica como nos la pintan. Porque los amores también pueden ir y venir, nada es eterno (Seguro que todas y todos conocemos algún caso de personas que se han unido creyendo que su vínculo afectivo iba a durar toda la vida, y no ha sido así). Vale, que es una valoración muy pesimista, y para nada pretendo generalizar. Solo expresar mi idea de que tampoco ha de ser un drama que dos personas muy jóvenes (Beatriz y Matías), que tienen toda una vida por delante, tomen distintos caminos y rehagan sus vidas por separado. Porque depende principalmente de las circunstancias, pero también de la voluntad de cada uno de ellos, el ser feliz o no.  Ya que tampoco nada garantiza que, a la primera ocasión, vuelvan a las andadas. Como ya ha sucedido anteriormente. 

9 de abril de 2017

De hacerse mayor de golpe

Matías y Marcela, o un guiño a un tema que siempre es actualidad: los embarazos adolescentes.
No sé si es ésta la pretensión, o simplemente se trata de un giro de guion para introducir tensión a la relación intermitente y llena de altibajos de Matías y Beatriz. En todo caso, el tema que se presenta es el de dos adolescentes, el mismo Matías y Marcela, que sin apenas conocerse, ahora están unidos por un vínculo indisoluble que va más allá de lo meramente emocional, y que se ha de materializar en un pequeño ser que lleva su sangre. Dos jóvenes que se ven abocados a hacerse mayores de golpe, después de no haber tenido apenas infancia al haber vivido sus primeros años en un entorno duro y sin concesiones.
Él abandonado en un orfanato del que fue sacado por un hombre con el único objetivo de utilizarlo como mano de obra para delinquir. Aunque también es cierto que, en un golpe de suerte, la vida le ha dado una segunda oportunidad con una familia maravillosa que le quieren y le apoyan.
Ella, simplemente obligada por su género, a ser la sirvienta de su padre y hermanos, soportando la falta de libertad que ello conlleva. Sin posibilidad de escapar, excepto para caer en otra situación que implica el mismo resultado. Porque en aquellos tiempos la mujer no tenía muchas más opciones que vivir en la casa paterna hasta el matrimonio. Y una vez casada, y casi con toda seguridad, seguir reducida al silencio, limitada a hacer lo que se llegó a calificar en los peores años de la dictadura como “la única profesión digna de la mujer”.
Y quizás caigamos en la trampa de verlo todo con ojos actuales, sin tener en cuenta que hablamos de un siglo atrás, con una mentalidad diferente y con unos roles establecidos por la sociedad, que pocas cuestionaban.
Por lo que, visto lo visto, después de todo quizás no hayamos evolucionado tanto cuando a veces parece que asoma la incapacidad de ver en toda su extensión lo que supone una situación del tipo a la que se enfrentan ahora Marcela y Matías. Y esto vale para 1924 y para 2017, porque aún sigue sucediendo. Lo primero y peor es que, por alguna razón, parece que se normaliza la desigualdad que supone aceptar que la chica, al ser la portadora, tiene que asumir sin más la carga y, en cierto modo, la culpa de la situación,…. mientras que para el chico el comentario viene a ser que al aceptar su responsabilidad se va a poner encima una carga que va a condicionar su futuro. Olvidando que un embarazo es cosa de dos, y la responsabilidad compartida, aunque sea fruto de un error de cálculo o de inconsciencia.
Pero hay más, y lo hemos visto reflejado en las palabras de Alfonso y Emilia que enseguida se han hecho cargo de la situación, y que tienen una visión más amplia de la historia, quizás por haberla vivido personalmente.
No se trata solo de todo lo anterior, sino que hay que añadir, en el caso de la chica, el temor a ser rechazada socialmente, ser criticada por su entorno, ser puesta en duda, señalada como una fresca y tener que cargar con la mayor. Mientras que para el chico las opiniones son mucho más benévolas, e incluso se llega a buscar una justificación para exculparlo. Y desgraciadamente esto suele venir por parte de las mismas mujeres, lo que viene a suponer echarse piedras en el propio tejado y renegar de los avances que se puedan haber dado en materia de igualdad. Porque, como he dicho antes, no hay diferencia entre la responsabilidad de chico y chica en esta situación,… por lo que ninguno ha obrado mejor, ni peor, que el otro.
De todas maneras, admito que me parece bien como están enfocando el tema, y viendo que Matías no rehúye su responsabilidad y piensa en Marcela y su hijo. Y me uno a un comentario que he leído en otro sitio. Es cierto que ahora el chico no está enamorado de ella, pero ¿acaso lo que ya les une, con el tiempo no puede hacer nacer entre ellos algo más? Yo soy de las que pienso que realmente Marcela está embarazada y el bebé es de Matías. Y además hay otras muchas razones para creerlo. ¿Por qué mentir en algo que tarde o temprano se va a saber? ¿Por qué arriesgarse a recibir una paliza y el oprobio de la familia? Si es un plan orquestado con éstos ¿porque querrían “cazar” al chico precisamente ahora? ¿Por qué éste, un chico muy joven, que si bien sus padres tienen un negocio, tampoco es que sean unos ricos potentados?...
Pero me temo que esta historia, que podría ser muy bonita, sabiendo como las gastan los guionistas, no va a tener un gran recorrido y si más bien un final dramático para la familia Castañeda……..
Por cierto, no he hablado de Beatriz....

5 de abril de 2017

Tres personas, una historia

Es muy posible que me tenga que retractar de este artículo, o en su defecto darme con un canto en los dientes, pero es la sensación que tengo ahora. Y soy consciente que probablemente vaya a ser la nota discordante en el sentir general, pero tengo necesidad de ponerlo en palabras porque pienso que a veces nos dejamos llevar por la corriente, sin valorar todos los pros y contras. Por supuesto, espero que se entienda que esto no es un reproche, porque yo misma no soy ajena a caer en ello más de una vez.
Lo he escrito muchas veces: desconozco cómo funciona la “biblia” de los guionistas y si existen unas pautas prefijadas para desarrollar los personajes y llevar el ritmo de una serie. Pero lo que es palpable es que hemos visto recurrir con frecuencia a los mismos argumentos, porque casi todos los personajes, en algún momento, han tenido su particular bajada a los infiernos. Aunque el peligro que hay en ello es que a veces se ha llegado tan lejos que se acaba instalando una visión difícil de borrar en el futuro.
Cierto que en la telenovela las cosas pueden diferir mucho de la vida real. Un giro de guion puede provocar que situaciones difíciles de perdonar acaben desapareciendo de escena, y pasen directamente al olvido. No suele suceder así en la vida real, aunque es verdad que cada persona también lo lleva a su manera y según sus convicciones. Y lo que para unos o unas es imperdonable, para otros esto será posible.
Pero mi habitual tendencia a irme por los cerros de Úbeda me está haciendo desviar del tema que quería comentar: la historia de Beatriz y Matías, con la tercera en discordia, Marcela.
De entrada ya todo el mundo parece que da por sentado que Marcela quiere engatusar a Matías. Quizás no sea cierto que esté embarazada, o que lo está de otro hombre, y en ambos casos sería igual de reprochable que destrozara la vida de una persona sólo por propios intereses, que no podrían ser otros que garantizarse un futuro medianamente estable y limpiar su reputación. Pero ¿a costa de unirse de por vida a una persona casi desconocida, pensando que en el futuro las cosas pueden ser mejores?
En el supuesto de que exista de verdad el embarazo, también es cierto que uno de adolescente puede llevar a veces a incurrir en situaciones precipitadas, y que una mujer sola, más a tan temprana edad, lo tenía muy complicado para sacar adelante un bebé. Tanto por el estigma que ello suponía, como por la dependencia hacia los hombres en aquellos tiempos. No hay que olvidar que el tema de la liberación de la mujer era entonces una utopía que casi nadie se planteaba. Y que en el caso del hombre, dejar preñada a una mujer tenía un significado muy diferente, aunque también hay que matizar que dependía de la responsabilidad que éste consideraba que tenía que asumir. O no. Y Matías no parece que desee eludirla.
Pero no por todo ello hay que poner únicamente a la chica en la picota. Creo que hay que repartir todas las culpas, y por descontado Matías también tiene su parte.
Dejando aparte la posibilidad de que le estén colocando una paternidad que no existe o no le corresponde, el caso es que si ha estado con la chica en una situación comprometida, y que no se arrepiente de ello (de momento, y al menos esto es lo que dice). Marcela no le ha forzado, y por lo tanto ha sido un acto voluntario para el que no existe ninguna excusa, ni siquiera la de una obnubilación momentánea. Porque de aceptar esto último ya volvemos a poner a Marcela en el punto de mira, deduciendo que ha sido ella la que ha empleado malas artes para llevarlo a esta situación, y exculpando en consecuencia a Matías.
Y no, tampoco me olvido de Beatriz y que ella también ha “colaborado” a que todo se torciera.
Lo cierto es que la chica que vemos ahora no es la misma que al principio. Por supuesto no espero de ella que sea una mujer sumisa y sin voluntad, si no todo lo contrario. Pero el caso es que, básicamente guiada por Lucía, ha dado un cambio radical a su persona (no solo en el aspecto físico) y ha pasado a dar la que considero una imagen de chica consentida y caprichosa, movida por el ego que le proporciona su nuevo aspecto externo, sin reparar que ello la convierte en una persona superficial. Así como está ofreciendo una idea contradictoria del amor que dice que siente por Matías, que parece que va y viene según sopla el viento. No olvidar que cuando se sentía atraída por Ismael bien que dejó claro que sus sentimientos habían cambiado y ya no consideraba a Matías su novio. Ahora no puede victimizarse y pretender que ella es la agraviada, cuando además tampoco ha tenido reparo en jugar con otros y utilizarlos para sus fines, como ella misma se encargó de declarar con respecto a Eusebio.
Así que nadie es inocente en esta historia.
Y aquí entra lo que dije al principio: el riesgo de ir demasiado lejos con las situaciones y después pretender volver al principio.
Por cierto, olvidaba otro aspecto en todo esto: el pulso que se hace visible entre dos mundos, el de una chica rica y otra pobre. Y el hecho de que se pueda generar empatía hacia la más desfavorecida. Pero no es mi caso, o al menos intento no caer en esta trampa. Solo me limito a exponer una opinión sobre los personajes de esta trama.

20 de septiembre de 2015

Un paseo por PV

No sé si me han abandonado las musas (aunque suene algo pretencioso decirlo), o si se trata de que ya he dado mi opinión sobre los temas que considero más candentes y volver sobre lo mismo, aparte de no aportar nada nuevo, implicaría repetir argumentos ya esgrimidos. O quizás es que no haya demasiado sobre lo que opinar. El caso es que por más vueltas que le doy no consigo encontrar un tema que me llame la atención lo suficiente como para explayarme sobre ello.
Podría volver sobre el tema de Alfonso y su infidelidad, pero creo que no hay mucho más que decir, excepto que considero que han llegado demasiado lejos como para que pueda volver a mirar al hombre de la misma manera que antaño. Especialmente después de ser testigo de cómo excusa su mala conciencia traspasando las culpas a Emilia, lo que le convierte en una persona que no merece más que calificativos negativos. Por cierto, aprovecho para destacar la interpretación de Sandra Cervera, que si ya es una magnifica actriz siempre, en estos capítulos está destacando con autoridad.
También podría hablar de la hasta ahora mezquindad de Dolores, que ha necesitado que Gracia le pusiera las peras al cuarto para que aprendiera a respetarla, y de paso viera la realidad de su hijo y que finalmente aprendiera a anteponer el bienestar de éste a las habladurías y la moral imperante. Además de hacerse a la idea que no puede seguir pretendiendo tener a Hipólito bajo sus alas indefinidamente, porque éste ya es lo suficiente maduro para volar por si solo y buscar su lugar. El que parece haber encontrado al lado de Gracia, y con ello la felicidad que no está dispuesto a dejarse arrebatar, la que ha hecho que se haya puesto al mundo por montera.
Tampoco es fácil hablar de Rosario o de D. Anselmo, cuyos personajes son casi de relleno, igual que ahora mismo lo son los de Mariana y Nicolás, que han pasado a no tener casi visibilidad en las tramas. Igual que Ramiro, que aún ahora me pregunto cuál es el propósito por el que le trajeron a la serie. (Por supuesto no cuestiono al actor y me alegro que esté ahí)
O quizás el tema podría ser Francisca. Pero lo cierto es que no me apetece demasiado hablar de ella, y además me es bastante indiferente el desarrollo de su trama. Algo, esto último, que tampoco es muy original porque ya lo hemos visto con anterioridad y casi calcado, con algunas ligeras variantes en el caso de Raimundo, que otra vez tiene su parte de culpa en la desaparición de la doña. Lo cierto es que me da la sensación que para darle protagonismo a Francisca ya no saben que inventarse, lo que me ratifica al mismo tiempo que este personaje ha dejado de ser imprescindible. Es verdad que ha sido crucial para dar entrada a Severo y a su venganza, algo que aún ahora está en el aire, pero podría pasar a segundo plano porque éste tiene otros frentes mucho más interesantes para desarrollar que el de darle las vueltas a un tema ya gastado. Además los personajes que de alguna manera penden de Francisca, no es que disfruten precisamente de mejor concepto, ni protagonismo. Raimundo no goza de esto último más que en contadas ocasiones y Mauricio tres cuartos de lo mismo, aparte de que está quedando patente que éste tiene tanto de grandullón como de rastrero, confundiendo la fidelidad con la ciega obediencia.
¿Pero qué esto? Llegados a este punto si que descubro que hay de que escribir (de hecho es lo que estoy haciendo), y que hay temas que aún pueden dar mucho de sí. Por supuesto si no los estropean.

Está la incipiente historia de Lucas y Sol, una relación con dos personajes que derrochan complicidad, química y sentimientos. Una pareja que brilla con luz propia, dos personajes totalmente transparentes, sinceros, que llevan instalada la sonrisa y que saben sacarle jugo a la vida a través del buen humor. Que en sus escenas íntimas hacen brillar la ternura y la pasión, sin caer en el exceso. Y no es mojigatería, pero se agradece que sea así, porque también el romanticismo es importante
También está la aún más incipiente relación entre Severo y Candela. De hecho ni siquiera existe en el sentido literal del término, aunque ya se van sentando las bases para ello. Eso sí, de manera muy lenta (lentísima para mi gusto). A pesar de que es algo que es muy evidente para todo el mundo, excepto para los interesados, que parece que se resisten a admitirlo. Pero también en este caso la historia es interesante. Dos personas con un cierto bagaje, que están aprendiendo a conocerse y a establecer unos estrechos vínculos a través de la confianza mutua y el respeto, que gozan de la mutua compañía ….y que han sufrido mucho en la vida y ya merecen alcanzar la felicidad.
Y quizás en el futuro exista la pareja de Bosco y Berta. En realidad esta todavía es una conjetura, porque nada ha sucedido para pensar en esta posibilidad. Pero algo tendrán que hacer con Bosco, un personaje que ha sufrido muchos altibajos y que ahora vuelve a estar en la picota por su otra vez acercamiento a Francisca, a pesar de todo lo que ésta le ha hecho a él y a Inés, sin contar al resto de la familia.
Ah, me olvido de Matías y Prado!!. Pero esta pareja también anda en un impasse. Aunque también es cierto que su relación está condicionada por su edad y por tener vigilantes que les impiden ir demasiado lejos.
(Uf, no sabía que decir y casi, como diría Lucas, me ha salido el primer tomo del Quijote)

29 de julio de 2015

Prado o sentimientos que mudan como de camisa

Prado debe tener alrededor de dieciséis-diecisiete años. Pero la edad no sería del todo una justificación a su atolondramiento e ingenuidad, más teniendo en cuenta que en aquellos tiempos las mujeres se veian obligadas a madurar antes, ya que las salidas que tenían para su futuro eran muy limitadas. Lo que si puede justificarlo es su inexperiencia en asuntos del corazón y su desconocimiento de la habilidad que pueden tener algunas personas para manipular a otras. Esto es algo que solo se acaba conociendo a fuerza de padecerlo en propias carnes o, afortunadamente para Prado, que alguien que si sepa del percal se lo haga ver.
Pero es una adolescente con la rebeldía propia de esta etapa, algo que tod@s hemos vivido con mayor o menor intensidad. Ha escuchado las razones, los consejos y las prevenciones, pero al final ha hecho lo que le dictaba una todavía sensación desconocida, y sin sopesar las consecuencias de sus actos. Confiada y seducida por los cantos de sirena de un desalmado, que afortunadamente para ella, además era un cobarde.
Y es normal que ahora se sienta humillada y avergonzada, por haberse dejado embaucar, cuando todo el mundo la estaba avisando. Pero por suerte ha venido a caer a una casa donde la gente escucha y no juzga, donde el cariño está por encima de todo. Emilia y Alfonso son personas que saben derramar amor y comprensión, y estarán ahí. (Aunque tengamos que pasar un tupido velo sobre unos estúpidos recuerdos que asaltan a Alfonso y que no les convierten en el mejor ejemplo ahora mismo)
Sin embargo hay algo más.
Últimamente los sentimientos parece que han dejado de tener importancia. En algunos casos hemos visto como se cambia de relación como de camisa. Cierto que se puede justificar como que el amor era un espejismo y que lo que realmente existía era otro sentimiento, pero en el caso de Prado, el repentino descubrimiento de que sus desvelos van hacia Matías parece un poco precipitado. Alguien dispuesta a huir con un chico, y unir su futuro al de él, no parece muy creíble que pueda mudar de tal manera de la noche a la mañana. Aunque en realidad creo que lo precipitado ha sido poner un tercero en discordia tan pronto, cuando empezábamos a conocer a la chica y a hacérnosla nuestra, con lo que ha habido un momento que incluso ha sido una trama que ha llegado a aburrir.
Por suerte existe Matías, el chico tierno, perseverante y de gran corazón, que por si solo consigue levantar las escenas. (O quizás mejor decir Iván , un gran descubrimiento) 

10 de julio de 2015

Vuelta al pasado

No es nada atípico que en esta serie se hagan reversiones al pasado, bien en forma de flashback o de recuerdo oral. Tampoco se trata de olvidar a quienes precedieron a los actuales integrantes de la misma, solo que a veces la continua mención cansa. Y no solo eso, sino que también el hecho de que vuelvan a dar situaciones calcadas a lo que ya se ha visto. Algo que evidentemente puede suceder ocasionalmente, aunque en esta serie se produzcan con inusitada frecuencia.
Sin embargo una cosa son los recuerdos, bueno o malos, y otra es haber guardado en la recamara algo durante todo este tiempo, para sacarlo ahora. Y es sorprendente que sea precisamente en una pareja como Emilia y Alfonso que esto suceda, cuando parecían tener una relación consolidada y sincera.
Bueno, a decir verdad quizás no sea exactamente así. Parece que Emilia ocultó durante años a Alfonso los verdaderos motivos para dejar a María en La Casona, impidiendo a éste ejercer de padre con todas las consecuencias. Algo que Alfonso supo perdonar, al conocer la verdad.
Sin embargo el tema de Severiano parecía ya cerrado y no se entiende que ahora se vuelva a desenterrar, y que además siga haciendo daño a Alfonso.
Nada se sabe del hombre durante este tiempo, ni siquiera que se haya interesado en algún momento por su hija (aunque desconozco si sabía que ésta existía). Y aunque entiendo el paralelismo que a Alfonso no le ha costado establecer, es algo del pasado que tendría que haber quedado atrás, porque no creo que tenga dudas acerca de los sentimientos de Emilia.
De todas maneras espero que los árboles no les impidan ver el bosque, y que hagan que este pasado aciago se quede dónde está. Además haciendo todo lo posible para que no vuelva a suceder, aunque sea con otros protagonistas.
En esta ocasión Alfonso si puede ejercer como el padre que es, velando por su hijo y no permitiendo que le hagan sufrir. Al igual que puede ejercer de tío responsable de Prado, especialmente teniendo en cuenta que ésta no es más que una adolescente sin mucha experiencia de la vida, a la que es fácil engatusar con palabras bonitas. Algo que Matías también sabe utilizar, aunque sus intenciones sean mucho más inocentes, lejos de pretender lo que mueve aparentemente a Sixto.
De hecho sería bastante irresponsable por parte de él y de Emilia, que viendo a las claras lo que sucede, además de conocerlo por boca de Matías, permitieran por omisión, que la chica cometa un error irreparable. Solo ellos pueden evitarlo, porque Prado en su tremenda ingenuidad está dejando que el calavera de Sixto la envuelva con su seducción.
Otra cosa es que desenterrando los fantasmas del pasado, olviden que tienen a su cargo a un par de jóvenes que les necesitan. 

3 de julio de 2015

Llevándosela al "prado"


Supongo que me debo estar volviendo impaciente, (o quizás demasiado exigente, incluso quisquillosa) pero la trama de Prado empieza a hacérseme pesada. Y ahora además acabo de saber que cada vez más se parece a la de Severiano y Emilia, con aspectos calcados casi en su totalidad. No vi la primera parte de la serie y no puedo opinar, pero los comentarios que circulan por la red apuntan que la aparición de Sixto coincide plenamente con la trama del padre de Maria, que llegó al pueblo para hacer arreglos en la casa de comidas y consiguió seducir a Emilia con sus lisonjas. También con el hecho de que Alfonso pusiera regalos al alcance de ésta, que después ella atribuía al otro.
Quizás a estas alturas de la serie todo esto no tenga importancia, porque l@s espectadores han cambiado y no todo el mundo sabe o recuerda detalles de lo que pasó hace cuatro años. Sin embargo existen l@s fieles seguidores que la han visto desde el principio, y que no dejan de encontrar similitudes, lo que no dice mucho a favor de los que escriben los guiones.
No digo que no pueda volver a funcionar un tema parecido, pero con estos supuestos antecedentes le quitan toda la expectativa, pues el resultado es totalmente previsible. Aunque espero que, en este caso, hayan empezado por ahí pero no sigan, porque ya sabemos cómo acabó: con una chica embarazada y sometida al escarnio popular. Eso sí, que tuvo la suerte de encontrar después a un hombre maravilloso.
Y espero de verdad que con Prado sea diferente.
De todas maneras pienso que su actitud no dista mucho de la que podría tener una chica de dieciséis años, que por primera vez se siente tratada como una mujer y no como una niña. Además está despertando a la vida y quizás sea algo vulnerable, más cuando el que la está utilizando puede ser seductor y encantador si se lo propone. Por descontado lejos de Matías, que aún conserva un punto de inocencia que le sitúa en desventaja.
Sin embargo quizás están dejando que el coqueteo de Prado empiece a parecer algo más. Es posible que se sienta halagada por los requiebros de Sixto, e incluso se puede entender que se haya dejado deslumbrar por ello, que la ingenuidad de sus pocos años y el desconocimiento de los hombres le nublen las entendederas, pero creo que el juego está llegando demasiado lejos sin que nadie se dé cuenta de lo que se traen este par y le pongan coto. Y evidentemente Matías no es el más adecuado para pararlo.

21 de junio de 2015

Un tio para Matías

No es que vaya a criticar la decisión de convertir a Nicolás en el confidente de Matías. En realidad me encanta que sea así, fundamentalmente por dos motivos: porque afianza la relación entre tío y sobrino, y porque permite al fotógrafo adquirir algo de protagonismo, del que andan faltados tanto él como Mariana, una pareja preciosa y con mucha química, pero que desgraciadamente han pasado a formar parte de la colección de floreros.
Pero lo cierto es que sorprende que no sean Emilia y Alfonso los que asuman este papel. Evidentemente no hay que dar nada por supuesto, menos en esta serie, pero parecía que la posibilidad de volver a ejercer la paternidad para la pareja iba a dar lugar a mayor protagonismo de la familia recién creada. Por descontado no voy a poner en duda el cariño que los dos le han cogido al chico y el hecho probado que ya le consideran como hijo propio (más después de haberle dado incluso sus apellidos), que saben tratarlo con comprensión y como corresponde a un adolescente inquieto y con pájaros en la cabeza, pero con un gran corazón,….pero me falta este punto de mayor intimidad entre padres e hijo. No pretendo insinuar que Emilia y Alfonso se desentienden del chico y no le procuran lo que está en sus manos, como tampoco que permanecen en la inopia cuando existe un problema con él. Pero es sorprendente que precisamente sea Nicolás quien haya sido el primero en ver cuando, como en esta ocasión, hay algo que inquieta a Matías, y por el contrario Emilia y Alfonso aún no den muestras de que se hayan apercibido.
Insisto, me gusta esta complicidad que se ha establecido entre  Nicolás y Matías, y que éste confíe en él y en su criterio para saber hacer frente a una situación que es nueva para un adolescente que aún no ha tenido tiempo de conocer el amor y lo que conlleva. 

15 de junio de 2015

Ellos traen la frescura

Evidentemente la trama de Matías y Prado no puede ser tan compleja como algunas, básicamente porque no han tenido mucho tiempo para crearse un pasado, pero creo que promete.
Aparte de una química innegable y un buen hacer profesional sorprendente en dos actores tan jóvenes, creo que el planteamiento inicial es bueno. Tanto que una se pregunta si no habrán cambiado también a los guionistas, cuando ahora el rumbo de la serie toma otros aires mucho más interesantes. O al menos esta es mi percepción.
Es cierto que Prado guarda un secreto del que no ha hecho participe a nadie y que, como es previsible, va a acarrearle problemas en el futuro. Tarde o temprano va a aparecer por el pueblo el hombre que le ha hecho de padre, y tendrá que dar muchas explicaciones. Pero ahí estará la gran familia Castañeda para protegerla.
Pero mientras pretendo disfrutar de una trama que tiene unos ingredientes que hacía tiempo no se daban en la serie: frescura, inocencia, e incluso ternura…Y unos sentimientos aún indefinidos entre dos jóvenes que llevan su incipiente relación sin prisas, dejando que hable su corazón, pero frenando sus ansias.
Aunque básicamente solo es el caso de Matías, porque creo que ahora mismo Prado no lo considera nada más que un buen amigo. Algo que me parece correcto, porque además no hay ninguna prisa en emparejarlos, pues no se trata nada más que un par de adolescentes. Suficiente ha habido con otras parejas a las que ni siquiera han dejado desarrollar su relación normalmente, y para las que la edad no ha supuesto ningún conflicto, a pesar de que representan a personajes que apenas han sobrepasado los que habrían de ser los mejores años de su vida antes de lanzarse a asumir responsabilidades como el matrimonio o los hijos.
No puedo evitar hacer comparaciones con Bosco. Es cierto que Matías es menor en años (aunque aparentemente no tanto en la serie), pero también ha tenido la enorme suerte de caer bajo el paraguas de Emilia y Alfonso que le tratan como lo que es: un chico de poco más de dieciséis años (creo), que empieza a vivir la vida que le corresponde a su edad y que aún necesita guía y consejo. No así fue el caso de Bosco, que ni siquiera ha podido gozar de su juventud, inmerso desde el primer momento en papeles que le corresponderían a alguien con más edad. Evidentemente un chico de dieciocho años puede estar capacitado para adquirir responsabilidades, pero precipitarse a casarlo como hizo con él Francisca, básicamente por motivos egoístas, para asegurarse no perderlo y perpetuar el apellido, me parece excesivo.
Por supuesto entiendo los motivos que llevaron a esta situación con Bosco y que vinieron motivados por la marcha de actores principales de la serie y la necesidad de forjar una nueva historia que llevara el timón. El problema es que no ha resultado creíble, porque además partía de una situación imposible.  
En cambio con Matías y Prado creo que, de momento, lo están haciendo de manera mucho más realista. Evidentemente el amor puede surgir también a esta edad, pero la influencia de dos personas excepcionales como Alfonso y Emilia, marca la diferencia. Ellos sabrán ser los padres que Matías necesita, y quienes sabrán aconsejarle convenientemente, siempre respetando su libertad, pero no dejando que se precipite. Además de apoyarle y darle consuelo si es necesario.    

27 de mayo de 2015

Nuevos aires

Considero que algo que necesita urgentemente la serie son relaciones frescas, aunque cuenten con el mismo ingrediente que caracteriza a todos los personajes nuevos como es el de tener uno o varios secretos.  
Y pienso que estos nuevos aires que se empieza a vislumbrar con algunas de las nuevas incorporaciones, pueden ser el revulsivo para sacar a ESPV de la atonía en la que está inmerso, que aunque no se ha traducido en una gran pérdida de espectadores, si es fácilmente visible en las redes sociales el poco interés que despierta en este momento.



La relación de Matías y Prado, y la de Hipólito y Gracia, junto con los escarceos de Fe y Mauricio (que parece que van camino de dejar de serlo para convertirse en algo más sólido), creo que pueden insuflar nueva vida a un producto que ahora mismo da la impresión de contar con una relación de personajes que andan todos como pollo sin cabeza. Y quizás podría incluir a otro tipo de pareja en esta lista, como son los habitantes de La Quinta Miel Amarga, pero es una trama que ahora mismo está como estancada hasta que previsiblemente se produzca un descalabro con la llegada de Sol, y también llegue el momento que Severo finalmente se ponga manos a la obra para llevar adelante sus planes. 
Todo ello porque no creo equivocarme en la apreciación que los que se suponían principales personajes, han dejado de contar para ello. Por lo que se hace casi imprescindible que se dé paso a algo diferente.  
Para ello, y sin querer minusvalorar a las parejas que ya existen, considero que todas las anteriores tienen ingredientes para volver a captar la atención del espectador, eso sí, cada una con una particularidad que la hace especial. No es lo mismo el ardor juvenil y la inocencia de un par de adolescentes, que la atracción de dos personas con un cierto bagaje a sus espaldas pero que aún conservan un cierto candor, que la relación de un hombre con un pasado aterrador y una chica que está de vuelta de casi todo, pero que ha conseguido con su actitud y su perseverancia ir cambiando a éste y remover su conciencia. Que dos hombres dispuestos a llevar a cabo una venganza, hablando de tú a tú con la doña (aún falta saber el papel de Sol en esta historia).  
Realmente deseo volver a ilusionarme con esta serie que me ha dado tanto. Y que vuelva la luz a las escenas y desaparezca este ambiente sombrío y eternamente instalado en lo dramático que sobrevuela la mayor parte del tiempo sobre los personajes. 

21 de mayo de 2015

La familia Castañeda crece


Poco puedo añadir sobre el tema de Matías y Prado a lo que ya se ha escrito, en particular mi querida Mar en su blog.
Yo también coincido en las expectativas que ha despertado esta trama, que de entrada tiene unos ingredientes que captan la atención: juventud, inocencia y algo completamente nuevo: unos personajes que crean empatía inmediata y sin necesidad de caer en temas recurrentes. No hay amor a primera vista, sólo una especie de atracción que entra dentro de la normalidad de dos jóvenes que acaba de conocerse y comparten el mismo camino.
Si algo no lo estropea, considero que esta nueva posible pareja tiene muchas posibilidades. También es cierto que de alguna manera retrotrae a la de Martín y Maria, que considero supieron llevar con bastante tino (a pesar de los múltiples obstáculos que se sucedieron), cosa que no ha sucedido con tanta fortuna en otras posteriores.
Además Matías es quizás de los pocos personajes que han sabido adaptar a la edad que se supone que tiene. Y alguien que a pesar de haber pasado una vida de penalidades al lado de alguien no precisamente ejemplar, conserva intacta una naturaleza pura, además de una alegría contagiosa, una curiosidad innata, un carácter afable y cercano y una mente despierta. Y caudales de ternura. Sin olvidar que puede conseguir de rebote que otra trama como la de Emilia y Alfonso salga del sopor en la que está instalada. Convertidos en padres de un adolescente, su vida tiene todos los números para pasar a ser de todo menos tranquila, aunque seguro que van a disfrutar también de ejercer esta renovada condición, y volver a ser llamados no por su gentilicio si no por su parentesco.   
Por supuesto también hay que hacer inciso en el caso de Ivan, que ha demostrado que, a pesar de su juventud, tiene madera para llegar muy lejos. Y este también puede ser un factor importante.
De verdad que espero que esta trama algo de luz a la serie, junto con la de Hipólito y Gracia y con el concurso impagable de Fe, que cada día se supera. Sin ellos y sus momentos, ahora mismo sería muy difícil seguir la serie sin caer rendida al aburrimiento. Como dice mi querida Mar, poco de lo que sucede tiene sustancia y casi todo es oscuro y tenebroso, especialmente en lo que se refiere al Jaral, una casa cuyos habitantes viven sumidos en la congoja continua y que parecen haber contagiado al resto. Y ahora encima tenemos que unir a todo ello a los habitantes de la Quinta Miel Amarga. Mientras que paradójicamente, La Casona, el lugar de donde parten la mayoría de las desdichas para los demás, vive momentos especiales, que incluso se contagian a la parte baja de la casa, donde Fe y Mauricio no acabar de creer lo que sucede.  


8 de mayo de 2015

Personajes que dan luz

Últimamente no me es fácil encontrar un tema del que escribir, sin volver una y otra vez sobre lo mismo: el trio Amalia, Inés y Bosco, o la relación de Francisca y Raimundo. Casi todos los demás personajes, con apariciones intermitentes y en muchos casos esporádicas, han acabado pareciendo de relleno. Incluso los de la Quinta Miel Amarga están estancados en un bucle del que no salen, con escenas iguales o parecidas día tras otro, cuando suponían la esperanza de much@s para que la doña mordiera de una vez el polvo.
Por el contrario, da la sensación que ahora lo único que se busca es la redención de Francisca, cuando dudo que a estas alturas haya muchos que crean que ello es posible, que el supuesto amor por Raimundo la ha vuelto blanda y con conciencia. Quizás sea posible que la cercanía del hombre consiga distraerla, pero tengo claro que, de ser así, sólo algo circunstancial.
Así que casi no hay más remedio que agarrarse a lo poco que pueden dar otras tramas de personajes supuestamente secundarios, pero que dan a la serie este toque que consigue de vez en cuando llamar la atención. Y esto considero que ahora mismo sólo lo consiguen Hipólito, Fe y Matías, cada cual a su manera peculiar.
Es cierto que las tramas de la familia Mirañar suelen ser desquiciadas pero, mirándolo fríamente, en realidad son las únicas que van cambiando (aunque a veces también se alarguen innecesariamente), ofreciendo momentos de todo tipo: hilarantes, imposibles,…. Y también tiernos. Especialmente Hipólito, que aún en su atolondramiento y con ideas un tanto peculiares (por decirlo de alguna manera) es también un personaje que creo que merece una especial atención. Por supuesto que tampoco sería lo mismo sin el concurso del magnífico actor que le da vida, Selu Nieto, probablemente uno de los mejores de la serie, secundado perfectamente por otros dos igual de talentosos: Maribel y Enric. Aunque quizás en justicia habría de hablar de tres, porque considero que Carmen (Gracia) no les va a la zaga.
La Casona sería un lugar mucho más lúgubre si no existiera Fe. Y aunque su papel no aporte mucho a la acción, si lo hace para conseguir arrancar una sonrisa cada día (incluida sorprendentemente a la doña). Sus salidas, su actitud irreverente, su verborrea ininteligible las más de las veces, su descarada curiosidad, su ternura, su lucidez,.. la hacen un personaje imprescindible, algo a lo que tampoco es ajeno el buen hacer de Marta . Aunque en este caso supongo que a no tardar va a suceder algo que va a dejarnos temporalmente sin ella (el embarazo de Marta cada día es más evidente, y llegará un momento en que será difícil de disimular. Y para cuando dé a luz a su bebé es claro que tendrá que dejar de rodar durante un tiempo).   
El tercero que creo a destacar es Matías. A pesar de la juventud de Iván, creo que como actor puede llegar muy lejos, porque considero que su talento es innegable. Y además con él han conseguido crear un personaje que se hace entrañable, por su inocencia y ternura, aunque a veces tenga un punto de pícaro. Lo que le hace aún más interesante. Considero que también en este caso fue un acierto introducir un nuevo personaje en la casa de comidas, que de rebote dé algo de vidilla a Emilia y Alfonso, cuyas tramas tampoco avanzan mucho normalmente (especialmente la de Alfonso). Lo de Emilia es caso aparte, aunque ya que he sacado el tema me gustaría hacer un inciso: no estoy de acuerdo en que la conviertan de alguna manera en la mala de la película. Ya lo dije y lo vuelvo a repetir: considero que tiene tanto derecho como Raimundo a tener sus propias convicciones, y no me da lástima éste porque ya es lo suficiente mayor para calibrar las consecuencias de sus actos y cargar con las consecuencias. Aunque si es cierto que Emilia está algo pesada con su proceder. Creo que tendría que aceptar la decisión de su padre (que no es lo mismo que perdonar a la doña), reconciliarse con él dejándolo irse, pero sin pretender entenderlo. Y seguir con su vida al margen de la pareja, centrándose principalmente en este nuevo hijo. 

16 de febrero de 2015

El descubrimiento de algo nuevo

Es una obviedad decir aquello de que “los tiempos avanzan una barbaridad”, ya que es un hecho que lo que hoy es novedad posiblemente al mes siguiente ya se ha quedado atrás, bien porque ha surgido algo nuevo mucho más avanzado en tecnología o prestaciones, o porque se ha descubierto un nuevo método o tratamiento menos invasivo y más eficaz, o porque es evidente que la globalización avanza y ya no hay barreras….
Pero en una época en que los medios y las comunicaciones están al alcance de casi todos, esto tampoco sorprende. Ni siquiera a nuestros mayores, que ellos si han vivido una auténtica revolución pero a la que han sabido adaptarse.  
Evidentemente en 1922 el ritmo era muy diferente y la “modernidad” no llegaba con la misma rapidez a todos los sitios. Mucho menos a los ambiente rurales, en los que las comunicaciones eran un bien escaso.
Matías está abriendo los ojos al mundo y descubriendo este concepto de lo nuevo y sorprendente. Y es realmente gratificante ver la curiosidad y la ilusión con la que afronta algo que para nosotros entra dentro de la más absoluta normalidad: el descubrimiento del cine. Como ha dicho Raimundo, aún a pesar de haber llevado una vida de sufrimientos y penurias, el chico conserva la inocencia y la ilusión de sus pocos años. Aunque evidentemente mucho de ello es gracias también a que Emilia y Alfonso se han cruzado en su camino, y le han dado la posibilidad de cambiar un destino que, de otra manera, habría acabado probablemente en una cárcel o algo peor. Ahora Matías puede disfrutar de una familia de la que recibe cariño a manos llenas, y él corresponde devolviéndolo y haciendo que principalmente Emilia y Alfonso vuelvan a vivir la ilusión (y los dolores de cabeza) de la paternidad.
De todas maneras puedo imaginarme lo que pasaba por la cabeza de los que veían por primera vez imágenes en movimiento en una pantalla. De hecho recuerdo haber oído contar a mi bisabuela que en los primeros tiempos el público incluso se apartaba en su silla o se agachaba siguiendo lo que veía en pantalla, como si los actores pudieran salir en cualquier momento de ella y saltar sobre ellos. O creía realmente, como Matías, que éstos se ponían en peligro, que no dudo que algo de ello habría porque tampoco los especialistas debían abundar.
El huérfano" con William Farnum, actor que llegó a ser uno de los mejor pagados de Hollywood , con unos ingresos de unos 10.000 dòlares semanales
Sobre el personaje de Matías, hay algo más. Creo que, de vez en cuando, los responsables de la serie se topan con una idea interesante, que después coge carrerilla. Lo han conseguido con Fe, un personaje del que no creo esperaran tanta repercusión, y pienso que si no lo estropean, también pueden hacerlo con el chico. Ambos son un soplo de aire fresco en unas tramas insípidas, que no parecen avanzar nada.