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9 de agosto de 2015

Acabando una etapa

Aunque dé la impresión que me estoy anticipando a un acontecimiento que ya está en boca de todos: la muerte de Inés, y que la pregunta que me formulo parezca que vaya en esta línea, no es la intención de este escrito. 
¿Cuántos velatorios hemos visto en el Jaral? Me respondo yo misma: demasiados para un solo lugar, lo que convierte a esta casa en un lugar impregnado de malos recuerdos.  
Y a todo ello hay que añadir la misma atmósfera austera, en la que desde los muebles hasta los cortinajes llevan impresos un halo de fatalidad. El mismo que da cuenta de que es un lugar en el que la felicidad no ha hecho mucha estancia, un sitio que desde hace tiempo solo parece destinado a acoger a desahuciados por las tramas, personajes que han perdido relevancia y que acaban convirtiéndose en casi invisibles, o finiquitando definitivamente su trayectoria. Pues una vez relacionados con estas cuatro paredes, pocas posibilidades les quedan más que sufrir lo indecible, salir con los pies por delante o acabar huyendo, en este último caso como han hecho Martín y María, o Aurora. Y esperemos que pronto sea Candela la que haga las maletas, porque creo que ya estamos cansad@s de verla sin apenas trama, solo penando por los demás y sin la posibilidad de pensar en sí misma. Y, ¿porque no? también que suceda algo con el único representante de la saga familiar que queda en PV, Bosco, al que espero deparen mejor suerte si es que tienen en mente buscarle una nueva compañera, una vez Inés desaparezca de la serie esta semana.
Por ello casi es reconfortante para l@s que la serie aún nos supone algo, que este sitio y La Casona, otro lugar no muy recomendable para dejarse caer, vayan perdiendo protagonismo en favor de La Quinta Miel Amarga y de sus habitantes. Lugar en el que, por cierto, se respira un aire diferente a las demás, en la que el ambiente está embebido de un aire señorial y con un cierto toque masculino, en la que la luz y el color bañan las estancias y en la que la exquisitez es signo de identidad. Incluyendo a sus habitantes, para los que no se escatima un vestuario elegante y variado, acorde con su posición.
Lo que no es diferente es en cuanto a felicidad se refiere. Los problemas que arrastra Sol están impidiendo que este estadio de vida se pueda instalar sin reservas en este lugar, dejando además otras secuelas que afectan a algo que parecía inquebrantable no hace mucho: la amistad entre los dos hombres de la casa, que a pesar de todo permanece.
Y a todo ello he llegado a lo quería decir realmente.
Quizás me estoy dejando llevar por una impresión precipitada, pero creo que se está produciendo un cambio sutil que ha de permitir dar un aire nuevo a la serie. Y esto solo lo pueden traer nuevas historias que vuelvan a hacer vibrar como antaño, y en las que tengo depositadas muchas esperanzas. Por descontado me refiero a Sol y Lucas, y también a Candela y Severo. Y fuera de allí, a la preciosa y tierna relación de dos adolescentes como Matías y Prado, y a la que se adivina complicada lucha de un chico bonachón y una encantadora encajera para superar todos los obstáculos que les impiden la plena felicidad.

28 de enero de 2015

Algo sucede en La Casona

Creo que en La Casona lo que necesitan urgentemente es un exorcista.
Evidentemente algo flota en el ambiente que hace de este lugar un sitio siniestro, del que mejor mantenerse alejado. Porque no es muy normal que la mayor parte de las personas que en algún momento de su vida se han albergado entre sus muros hayan acabado locos, desquiciados, malvados o desgraciados. Por no hablar de los que aún ahora andan bobos o alelados, o los que han salido de la casa con los pies por delante. Solo unos pocos han conseguido que todo esto no los haya engullido, aunque tampoco han podido evitar que las desgracias los persiguieran allá donde fueran. Claro que también hay que tener en cuenta el denominador común de todo ello. Y no se trata del destino, sino de algo (más bien alguien) mucho más tangible: Francisca.
Solo espero que los que aún queden que no han sufrido las consecuencias, consigan librarse de esta influencia, y salir por patas antes de que sea demasiado tarde. Especialmente me refiero a Fe, que, de momento, aún no está en el punto de mira. Aunque, al tiempo……
Pero para no ser menos, parece que ahora le toca el turno a Amalia, y de paso rememorar otros tiempos ya muy lejanos, en los que Angustias era la protagonista. Aunque no alcanzo a ver el motivo por el cual ahora su mente empiece a dar signos de desquiciamiento, a menos que esto ya viniera de fábrica y no lo hubiera dejado entrever antes. ¿O quizás es que aprende muy rápido de una maestra excepcional? Pero los signos son los mismos que ya se han visto anteriormente en otras tramas, incluido el cuchillo, lo que además en mi opinión denota (siento decirlo) poca imaginación por parte de quién escribe los guiones. Y todo ello está haciendo de Amalia un personaje casi tan siniestro como la doña, con la que se ha puesto a la par, especialmente en el tema de engañar a un Bosco que es incapaz de tomar las riendas de su matrimonio, y que acaba yendo siempre a llorar al hombro de Francisca para que sea ésta la que le saque las castañas del fuego.
Admito que esta trama cada día me cansa más. No consigo ver las escenas de Amalia con Inés sin ponerme a mirar las musarañas del techo, ni tampoco consigo evitar las ganas de darle dos sopapos a Bosco a ver si espabila. La verdad es que, en mi caso, pienso que las dos primeras en este momento ya es difícil que consigan remontar una popularidad que ahora se me antoja que está por los suelos, mientras que Bosco quizás aún podría salvarse si le dan un giro a su trama y le hacen descubrir la verdad sobre sus orígenes. Al fin y al cabo (y obviando sus orígenes psicodélicos) se trata de un hijo de la partera y Tristán, por lo tanto el nexo con la historia original. Pero lo están alargando tanto que ya cansa, además de que ya no podrá disfrutar de su hermano Martín, y como no se den prisa, tampoco podrá hacerlo de Aurora. 
Y El Jaral se va a quedar sin herederos directos.