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12 de febrero de 2017

Entender a Raimundo

¿Por qué precisamente Raimundo ha sido el escogido para ayudar en los planes de desaparición de Severo y Candela? ¿Por qué, cuando es una persona con lazos emocionales con una de las mayores enemigas de Severo?
Evidentemente porque, a pesar de todo, es una persona de fiar, capaz de diferenciar lo personal y lo que le pide la conciencia. Y es claro que ésta le dice que todo lo que atañe a Severo y sus problemas es solo producto de la injusticia y de los manejos de una mujer desaprensiva, a la que sin embargo y  a la mínima, vuelve a los brazos.
Difícil de conjugar esto. Y difícil de justificar que a pesar de todo lo que sabe de la mujer con la que ahora convive, de que ésta le haya hecho objeto de sus desmanes (incluido al menos un intento de asesinato), de que haya tenido en sus manos unos papeles que al parecer detallaban la trayectoria criminal de Francisca, de que ésta sea la responsable que todos sus nietos (excepto Matías) hayan tenido que huir, algunos incluso fingir su muerte, que haya visto como tiranizaba a la gente, ……..y un largo etcétera, ello no le impida seguir a su lado.
Bueno, en realidad es muy consciente todo el tiempo de con quien se las tiene que ver, pero la fuerza de su supuesto amor por ella parece que puede más que todas las consideraciones.
Habría que recurrir a sesudos tratados sobre la condición humana, y aun así puede que no existieran respuestas, para entender como un hombre al que retratan como una persona que cree en la justicia social, que ha luchado por los intereses de los oprimidos hasta el punto de ser encarcelado, desterrado e incluso en un tris de ser fusilado, que no ha tenido miedo a hacer públicas sus ideas revolucionarias,..... sucumba una y otra vez ante la fuerza de un amor de juventud y ante una persona que es la antítesis de todo en lo que cree, alguien que no duda en destruir todo lo que supone cualquier conato de lucha de clases.
Un día leía que el amor verdadero, el que es auténtico y perdurable, no es el amor romántico que nos pintan en las telenovelas. Una relación amorosa se sustenta no en la pasión, ni en sentimientos ciegos que se desbordan, sino en la construcción día a día de un espacio común. Un espacio en el que prime la comunicación, el no tener secretos, el respetarse y valorarse, donde exista la complicidad,……en definitiva, una relación que se ha de regar, porque de lo contrario se marchita.
Francisca y Raimundo no han regado este supuesto amor más que con desconfianzas, reproches, malos entendidos, e incluso odio. En su relación han existido y siguen existiendo engaños por ambas partes, manipulación emocional, distanciamiento de años, por lo que es difícil creer que un amor pueda sobrevivir a todo esto.
Cierto que se conocen bien, que saben de sus demonios y que se dice que el amor verdadero sabe hacer frente a lo bueno y a lo malo. Pero no habla de lo peor del ser humano, de que no puede ser buena la esclavitud emocional que se da en este caso, cuando existe tanta contradicción entre lo que cree Raimundo y lo que es Francisca. 

29 de septiembre de 2016

Raimundo

He decidido retomar los escritos de este blog dando voz, en la medida de mis posibilidades, a los personajes menos protagonistas de la serie. Creo que se lo debo porque yo misma los he ignorado en muchas ocasiones y no es justo, ya que todos y todas tendrían que tener las mismas opciones de visibilidad. El hecho de que en el reparto les hayan tocado papeles de menor relevancia, algo que no les permite lucirse en todas sus posibilidades, no quita mérito a la profesionalidad de los actores y actrices que les dan vida.
Y de todos ellos hoy destaco a Raimundo.
En la media luz de la casa de comida y sentado frente a Emilia, filosofan ambos sobre la vida y la muerte. Especialmente cuando esta última se antoja injusta y se ceba en una persona que tenía toda la vida por delante y muchas expectativas: Mariana. Pero no es esto lo que quería destacar, si no la profundidad de la conversación y la personalidad de uno de los personajes que intervienen, un hombre especial, con características diferenciales. Alguien instruido, con principios inalterables, con un profundo sentido de la justicia social,… una persona con una voluntad férrea que solo se tambalea cuando se anteponen los sentimientos hacia Francisca. Algo por otra parte que no tiene más aspecto que el destructivo, y que ensombrecen la imagen del hombre cuando sucede.
Entiendo que El Secreto es una telenovela con muchos personajes a los que hay que dar trama, y que ello podría ser un hándicap a la hora de profundizar en los mismos, por lo que a veces te encuentras con situaciones que incluso escapan a toda lógica. Pero supongo que es un peaje que hay que pagar.
Sin embargo ello no quita para que Raimundo pudiera tener algo más de visibilidad, fuera de lo que es su relación con la dueña (ahora menos) de La Casona. Es una persona con una reputación demostrada de cabal y que dice las cosas por su nombre, por lo que su influencia y mediación podría ser utilizada en conflictos que afectan a los vecinos o familia. Pero a pesar de que interviene puntualmente, nunca suele ir más allá de dar algunos consejos.
Aunque admito que en el fondo lo que considero más fuerte es que tengan a un actor de la talla de Ramon Ibarra relegado a un puesto menor, cuando podrían utilizar sus dotes profesionales para llevarlo más allá de lo que le tienen reservado casi siempre. Por cierto, aprovecho para destacar también su talla humana, que tod@s hemos podido reconocer a través de las redes sociales. Y que le hace merecedor de mi reconocimiento, porque aparte de compartir muchas de sus manifiestas afinidades, entiendo que, aunque persona pública, tiene todo el derecho a expresar sus opiniones particulares sin que nadie pueda reprochárselo.
Para terminar, un inciso (por si lo lee algún guionista, lo que ya es mucho pedir por mi parte y no creo que suceda). Ya lo he dicho otras veces, no pretendo dar lecciones de cómo deben hacer su trabajo, y entiendo que la celeridad que demanda una serie diaria no permite grandes aventuras, pero considero que precisamente para esto están los que los escriben. Para buscar cosas novedosas, que realcen a los personajes que tienen entre manos.
Y, ya puesta, pediría que además……..bueno, ¡¡son tantas cosas!!! Que no alargaran los guiones más allá de la resistencia de l@s espectadores, y sobretodo que en medio encontraran un momento para introducir algunas escenas de felicidad. Que el drama seguro que vende, pero como diría el refrán “lo poco gusta, lo mucho cansa,…y lo repetitivo aburre” 

29 de febrero de 2016

Fiel a sus principios

Alguien puede ver la actual trama de Raimundo como una manera de hacer proselitismo hacia una determinada opción política. Pero creo que, aparte de simplificarlo mucho, no existe ninguna razón para pensar así.
Considero que la política es un tema que no se tiene que eludir si se quiere ser fiel a la realidad, ya que también forma parte de la cotidianeidad de los pueblos, aunque se module a través de diversas formas e ideologías. De hecho esto es bueno, porque una sociedad con un pensamiento único, donde todo sea blanco o negro y no existan los matices, es una sociedad muerta, una dictadura. Y, por supuesto, donde no existe la libertad de pensamiento y la posibilidad de decirlo en voz alta si se desea, o se considera justo y necesario, es más de lo mismo.
1924 era una época convulsa, con una gran agitación social. Y fiel a la realidad de los tiempos, y aunque si bien se podría eludir el tema al tratarse de una ficción y no ser absolutamente necesario para desarrollar la acción, creo que contextualizarlo y sumergirse en la historia no es nada malo.  Además, que el pueblo de PV esté alejado de las áreas más conflictivas no significa que no le incumba lo que sucede más allá de sus límites.
¿Qué le ha tocado a Raimundo ser el líder, el que pone voz al descontento?
Es cierto que en cualquier núcleo de población, no importa de qué tamaño, siempre se pueden encontrar personas sumisas, rastreras, iluminadas, tiranas, metomentodos, intransigentes, que no desean que las cosas cambien,…… pero también otras con afán de justicia, generosas, valientes, defensoras del bien común,….. Y nobles y fieles a sus principios como es el caso de Raimundo, que no duda en ponerse en evidencia para defender lo que cree justo.
Y sin todas estas personas que un día arriesgaron incluso la vida para defender la libertad de los demás, no se hubiera avanzado hasta la situación actual y aún permaneceríamos anclados en la edad media.  
Así que ¡¡¡bravo por Raimundo!! Y por la valentía de los guionistas en traer este tema, aunque sea de puntillas

Nota: (¿He de decir que me gusta la política?)

24 de septiembre de 2015

Quien roba a un (supuesto) ladrón.... se mete en un fregado

Dicen que “quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón”.
Pero si este refrán se aplicara al pie de le letra, el mundo sería una anarquía. Quizás en algún caso se podría llegar a admitir el robo por la necesidad de comer o dar de comer a alguien cercano (hijos, padres,….), pero evidentemente hay un mundo en cada caso, y es difícil establecer el límite entre lo que está bien, lo que sería justificable y lo que es directamente convertirse también en un ladrón.
En el caso de la sustracción de las joyas por parte de Raimundo, además hay otros interrogantes. No se puede hablar de que el Alemán sea un ladrón porque desconocemos la procedencia de su “tesoro” y los medios por los que ha llegado a su poder. Es cierto que a simple vista no parece una buena persona, más bien un desalmado, y que es bastante probable que lo haya obtenido por medios ilícitos, pero precisamente por esta impresión hay que ir con mucha más cautela.
Por supuesto entiendo la desesperación de Raimundo para encontrar una solución para el tema del embargo, pero es evidente que va a ser peor el remedio que la enfermedad. Actuar sin calcular las consecuencias no es propio de alguien con el pesquis que se le suponía a Raimundo, que parece que últimamente no anda en su ser. También es cierto que Francisca ha jugado un papel fundamental en precipitar los acontecimientos, pero nada hace suponer que tarde o temprano el Alemán no hubiera conseguido descubrirlo igualmente.
Ahora es realmente cuando Raimundo está metido en un fregado del que difícilmente se puede vislumbrar una solución. No puede recuperar las joyas, ni reunir el dinero de las mismas para rescatar a Francisca, así que no tiene muchas salidas más que intentar encontrar a su mujer y librarse del secuestrador. Y siguiendo esta hipótesis va a pasar de ladrón a asesino.
Mejor no comentar nada más………

20 de septiembre de 2015

Un paseo por PV

No sé si me han abandonado las musas (aunque suene algo pretencioso decirlo), o si se trata de que ya he dado mi opinión sobre los temas que considero más candentes y volver sobre lo mismo, aparte de no aportar nada nuevo, implicaría repetir argumentos ya esgrimidos. O quizás es que no haya demasiado sobre lo que opinar. El caso es que por más vueltas que le doy no consigo encontrar un tema que me llame la atención lo suficiente como para explayarme sobre ello.
Podría volver sobre el tema de Alfonso y su infidelidad, pero creo que no hay mucho más que decir, excepto que considero que han llegado demasiado lejos como para que pueda volver a mirar al hombre de la misma manera que antaño. Especialmente después de ser testigo de cómo excusa su mala conciencia traspasando las culpas a Emilia, lo que le convierte en una persona que no merece más que calificativos negativos. Por cierto, aprovecho para destacar la interpretación de Sandra Cervera, que si ya es una magnifica actriz siempre, en estos capítulos está destacando con autoridad.
También podría hablar de la hasta ahora mezquindad de Dolores, que ha necesitado que Gracia le pusiera las peras al cuarto para que aprendiera a respetarla, y de paso viera la realidad de su hijo y que finalmente aprendiera a anteponer el bienestar de éste a las habladurías y la moral imperante. Además de hacerse a la idea que no puede seguir pretendiendo tener a Hipólito bajo sus alas indefinidamente, porque éste ya es lo suficiente maduro para volar por si solo y buscar su lugar. El que parece haber encontrado al lado de Gracia, y con ello la felicidad que no está dispuesto a dejarse arrebatar, la que ha hecho que se haya puesto al mundo por montera.
Tampoco es fácil hablar de Rosario o de D. Anselmo, cuyos personajes son casi de relleno, igual que ahora mismo lo son los de Mariana y Nicolás, que han pasado a no tener casi visibilidad en las tramas. Igual que Ramiro, que aún ahora me pregunto cuál es el propósito por el que le trajeron a la serie. (Por supuesto no cuestiono al actor y me alegro que esté ahí)
O quizás el tema podría ser Francisca. Pero lo cierto es que no me apetece demasiado hablar de ella, y además me es bastante indiferente el desarrollo de su trama. Algo, esto último, que tampoco es muy original porque ya lo hemos visto con anterioridad y casi calcado, con algunas ligeras variantes en el caso de Raimundo, que otra vez tiene su parte de culpa en la desaparición de la doña. Lo cierto es que me da la sensación que para darle protagonismo a Francisca ya no saben que inventarse, lo que me ratifica al mismo tiempo que este personaje ha dejado de ser imprescindible. Es verdad que ha sido crucial para dar entrada a Severo y a su venganza, algo que aún ahora está en el aire, pero podría pasar a segundo plano porque éste tiene otros frentes mucho más interesantes para desarrollar que el de darle las vueltas a un tema ya gastado. Además los personajes que de alguna manera penden de Francisca, no es que disfruten precisamente de mejor concepto, ni protagonismo. Raimundo no goza de esto último más que en contadas ocasiones y Mauricio tres cuartos de lo mismo, aparte de que está quedando patente que éste tiene tanto de grandullón como de rastrero, confundiendo la fidelidad con la ciega obediencia.
¿Pero qué esto? Llegados a este punto si que descubro que hay de que escribir (de hecho es lo que estoy haciendo), y que hay temas que aún pueden dar mucho de sí. Por supuesto si no los estropean.

Está la incipiente historia de Lucas y Sol, una relación con dos personajes que derrochan complicidad, química y sentimientos. Una pareja que brilla con luz propia, dos personajes totalmente transparentes, sinceros, que llevan instalada la sonrisa y que saben sacarle jugo a la vida a través del buen humor. Que en sus escenas íntimas hacen brillar la ternura y la pasión, sin caer en el exceso. Y no es mojigatería, pero se agradece que sea así, porque también el romanticismo es importante
También está la aún más incipiente relación entre Severo y Candela. De hecho ni siquiera existe en el sentido literal del término, aunque ya se van sentando las bases para ello. Eso sí, de manera muy lenta (lentísima para mi gusto). A pesar de que es algo que es muy evidente para todo el mundo, excepto para los interesados, que parece que se resisten a admitirlo. Pero también en este caso la historia es interesante. Dos personas con un cierto bagaje, que están aprendiendo a conocerse y a establecer unos estrechos vínculos a través de la confianza mutua y el respeto, que gozan de la mutua compañía ….y que han sufrido mucho en la vida y ya merecen alcanzar la felicidad.
Y quizás en el futuro exista la pareja de Bosco y Berta. En realidad esta todavía es una conjetura, porque nada ha sucedido para pensar en esta posibilidad. Pero algo tendrán que hacer con Bosco, un personaje que ha sufrido muchos altibajos y que ahora vuelve a estar en la picota por su otra vez acercamiento a Francisca, a pesar de todo lo que ésta le ha hecho a él y a Inés, sin contar al resto de la familia.
Ah, me olvido de Matías y Prado!!. Pero esta pareja también anda en un impasse. Aunque también es cierto que su relación está condicionada por su edad y por tener vigilantes que les impiden ir demasiado lejos.
(Uf, no sabía que decir y casi, como diría Lucas, me ha salido el primer tomo del Quijote)

19 de mayo de 2015

Una tregua salomónica

Para la salud mental de tod@s, incluida la de los espectadores, ha sido bueno que se cerraran semanas de darle vueltas a lo mismo, y Emilia y Raimundo acercaran posiciones, dejando de lado sus querellas. Y además considero que han sabido encontrar la fórmula correcta, porque ninguno de los dos se ha visto forzado a renunciar a sus propias convicciones.
En días pasados ya expuse mi opinión de que no me gustaba el hecho de que indirectamente se diera la impresión que era Emilia la que no daba su brazo a torcer, a pesar de que es la que tiene más motivos para sentirse traicionada. Ahora lo han enmendado, porque ésta, sin ceder en sus sentimientos de rencor hacia la doña, ha sabido encontrar el punto medio con el que reunirse con su padre. No dejando que Francisca condicione su relación con Raimundo, pero manteniendo una postura inalterable en cuanto a su rechazo del hecho que éste conviva con la mujer que les ha hecho tanto daño a ella y a su familia.
No creo que nadie pueda censurarla porque en su corazón no haya lugar para el perdón a Francisca, por mucho que Raimundo parezca haber perdido la memoria. Considero que todas las personas tienen derecho a tener sus propias opiniones y sentimientos, y no ha lugar para que tengan que seguir el dictado de los demás solo por el hecho de que les una un lazo familiar. Emilia puede aceptar la decisión de Raimundo, dejar que éste siga el camino que ha elegido, sin intentar entrometerse ni convencerlo, pero no tiene por qué ceder también en lo que siente hacia la doña.  
Otro tema es Raimundo.
Aunque él piense que por primera vez está haciendo lo que desea, me vienen a la mente varias cosas.
La primera es que si bien al parecer piensa que ahora está siguiendo lo que le dicta su corazón, no creo que pueda afirmar que realmente se siente realizado cuando ello le ha llevado a alejarse de su familia y amigos. Por supuesto, a estas alturas de su vida no se le puede censurar que sea egoísta y desee agotar los últimos cartuchos para intentar ser feliz, pero ¿lo será realmente si una parte de su existencia queda relegada a segundo plano?
Otro tema es lo que implica la afirmación anterior. Es cierto que hacer lo que uno/a desea es una aspiración, aunque la mayoría de las personas no consiguen jamás este propósito. La vida con frecuencia suele llevar por derroteros no previstos y provocando que lo que se anhele tenga que posponerse o dejar en manos de un futuro incierto. Pero afirmando que es ahora cuando hace lo que realmente quiere, de alguna manera está dando carpetazo a su vida anterior, en la que, sin pretender tergiversar las cosas, parece que no cuentan los buenos momentos vividos por ejemplo, con sus hijos.
Y vuelvo a lo anterior. Quizás no era esta la vida que Raimundo había pensado, el futuro que había anhelado, pero la vida escoge por uno/a y hay que aceptarlo. Aunque por supuesto no pretendo decir que haya que resignarse, además cuando se presenta la oportunidad de cambiarlo.  
Pero hay otro tema de fondo y que englobaría los dos anteriores. ¿No será que está cansado de su vida y desea darle un cambio, agarrándose a algo feliz que sucedió en el pasado, pero que ya no puede reeditarse? Por mucho que se empeñe, ni él ni Francisca son los mismos, han sucedido muchas cosas en estos años, muchos desencuentros, y además hay muchas cosas entre ellos que silencian. Por cierto, casi tuve un sobresalto cuando Francisca sacó el tema de María y Esperanza, porque por un momento tuve la sensación que Raimundo iba a contarle la verdad. Cosa que tuvo la lucidez suficiente para no hacer. Otro cantar es Francisca, que sigue con sus manejos al margen de Raimundo, diciéndole una cosa y haciendo otra. Y lo peor es que éste lo sospecha, pero al parecer prefiere mirar hacia otro lado. 

6 de mayo de 2015

Perdonemos las ofensas... O no.

Muy bien!! Dejemos que Raimundo se haga solito la película y se quede en su universo particular, en el que solo parece ver a través de los ojos de Francisca.   
Evidentemente nadie ha de decirle lo que debe o no hacer (ni siquiera su hija) porque ya es lo suficientemente mayor para hacerse responsable de sus actos, y también lo es para ponerse el mundo por montera y no dejar que le coarten sus deseos, ni su libertad de decidir. Y también es cierto que puede pedir que le entiendan, aunque lo que no puede esperar es que, solo por el hecho de ser quien es, los demás le sigan la corriente y también decidan pasar página. 
Por mucho que se quiera a alguien y se desee su felicidad, hay un límite que no se puede traspasar, y es el de los sentimientos de cada uno. El tiempo puede curar las heridas, aliviar el dolor e incluso se pueden perdonar algunas cosas, pero es difícil olvidar, más cuando el agravio es del calibre de los que ha infringido Francisca.
Así que a l@s que piden que se comprenda a Raimundo, les diría que en justicia también hagan el mismo ejercicio con Emilia. No pienso que ésta sea obcecada, ni incapaz de dar su brazo a torcer, y tampoco veo por qué ser ha de ser ella la que ceda. Francisca le ha quitado a su madre, le ha alejado (quizás para siempre) de su hija, yerno y nieta, y ha estado a punto de acabar con su sobrina. Y ahora le ha quitado a su padre. Siendo esto sólo una parte, porque las tropelías de las que han sido objeto ella y su familia por parte de la doña, abarcan mucho más.
Es suficiente bagaje para varias vidas, así que entiendo muy bien su postura y además la aplaudo.
Sin tener en cuenta que tampoco ayuda mucho el hecho de que Francisca siga hurgando en la herida, haciéndose la mártir y acercándosele a la mínima con la excusa de pedir perdón, para dejarla después como la intransigente, cuando es claro que ya que sabe de antemano la respuesta que va a obtener. Ya que por descontado no creo que busque sinceramente congraciarse con Emilia, sino solo tener algo para arrimar el ascua a su molino, porque después invariablemente ya se encarga de ir a Raimundo con el cuento. Por supuesto con una versión arreglada a conveniencia.
Y logrando así que la brecha entre padre e hija vaya creciendo, consiguiendo que el hombre cada día dependa más de ella y menos de su familia. Sí, es cierto que con Raimundo es condescendiente y aparentemente intenta que éste acerque posiciones con los suyos. Pero si bien es posible que consiga envolver en su tela de araña a éste, no puede engañar a nadie más, porque además conoce bien a Emilia y sabe que ésta no es fácil que ceda. Así que empujar a Raimundo para que vaya a la fiesta de cumpleaños de su hija es evidente que es la última vuelta de tuerca. Y D. Anselmo sólo ha sido una pieza del engranaje, que ha venido bien a los propósitos. 

18 de abril de 2015

¿Es sinceridad o teatro ?

Ni aun mostrándose aparentemente sincera, consigo creerme que Francisca esté siéndolo realmente. De natural miente con tanta convicción y desparpajo, y es capaz de tergiversar de tal manera las cosas, que incluso cuando ahora parece que esté diciendo la verdad una no puede evitar pensar (casi se puede decir que tener la certeza) que, otra vez, solo está dejando asomar “su verdad”. Que al final no es más que una manera de llevar el agua a su molino y enredar a quien sea con sus tretas, envolviéndolo en su tela de araña.
En realidad creo que más bien lo que pretende no es la remisión, sino encontrar a alguien que alivie su soledad al precio que sea, ahora que es consciente que su existencia se va acortando y que al final de su vida se va a ir sola. Y lo peor, sin nadie que la eche en falta.
La cierto es que no casa para nada con la mujer arrogante y despiadada que hemos visto hasta ahora, y es difícil creer que un reverdecido amor de juventud pueda obrar el milagro de hacerla cambiar. Por lo que verla andar arrastrándose, humillándose y pidiendo perdón, es algo que se antoja que no puede tener más que una segunda intención. Ya que además hemos visto que, a solas, sigue existiendo la auténtica Montenegro, la que se considera por encima del bien y del mal.
Aunque es evidente que con sus malas artes va a conseguir pillar otra vez a un Raimundo en horas bajas, que ha perdido toda la credibilidad, y que al parecer también el criterio. Porque no creo que exista amor tan fuerte capaz de pasar por encima de todo, solo con la justificación de que las cosas se han hecho llevadas por este sentimiento. Como si las personas agraviadas no los tuvieran, o fueran menos importantes.
Lo siento, pero no puedo sentir ni pena, ni compasión por una mujer de la que ahora pretenden dar una imagen de indefensión, cuando es evidente que no hay nada de esto.
Por cierto, la bajada de Raimundo a los infiernos parece que solo ha empezado su periplo. Ya se sabe que el “ahora me quedo, ahora me voy….”, va a ser “ahora vuelvo a La Casona para quedarme como un adosado, sin nada que hacer, sin moverme del sofá, sin relacionarme con nadie, dejando atrás todo (familia, amigos,..)….. y poniéndome el mundo por montera, pasarme por el forro cualquier escrúpulo”.
Y después, si aún queda algo que pueda merecer algún interés en esta trama, creo que puede ser la puntilla ver la reacción del hombre cuando Francisca se ponga manos a la obra con Severo, y probablemente de rebote reciban también Bosco y los demás habitantes del Jaral, ahora que ambas casas se están convirtiendo en aliadas. Y ver si se convierte en un parapeto o en un ariete, en un cómplice de los desmanes de la doña o en alguien capaz de impedirlo.
Me reservo el comentario, a la espera de los acontecimientos.

9 de abril de 2015

Una reacción no del todo previsible

Quizás podría llegar a entender que Emilia y Raimundo se sientan molestos por haber sido la herramienta de la venganza de Severo, pero hasta cierto punto. Que se muestren dignos y ofendidos hasta el extremo de romper toda relación con él y declararlo además persona non grata, me parece excesivo.
En mi opinión casi raya en lo obsceno que Raimundo ahora haga bandera de su dignidad herida, cuando no hace ni veinticuatro horas vivía en un mundo de fantasía con la mujer que pretendió acabar con la vida de su nieto Martín, volver loca a su nieta Aurora, que no hizo nada para ahorrarle sufrimientos a María y que además provocó su supuesta muerte y la de Esperanza. Que pretendió robarle a su nieto Bosco, y que contribuyó a la muerte de Pepa e indirectamente a la de su propio hijo Tristán. Sin contar otros hechos probados, pero que al parecer no cuentan lo suficiente para este hombre cuando se trata de dar rienda suelta a sus pasiones. Así que tampoco sería muy sorprendente que también esta vez decidiera que este amor enfermizo que dice sentir, volviera a ganar la partida. A pesar de que Francisca haya admitido indirectamente su culpa.
Desconozco como era Raimundo al principio de la serie, pero sí sé que no es el Raimundo que creía. Este hombre que ahora veo es alguien cegado por los instintos, que ya hace tiempo que parece haber olvidado toda precaución, e incluso la educación en muchas ocasiones. Especialmente cuando trata con Severo, que al contrario que él es capaz de no perder el temple y mostrar además una exquisita conducta.    
Es cierto que Severo es un forastero y que desconocen muchas cosas de él. Pero entre el desconocimiento de uno y el sobrado conocimiento de otra, parece que no lo tienen muy claro. Lo cual no es muy fácil de asimilar. Quizás en el caso de Emilia se entienda como una manera de dar apoyo a su padre, pero ni aun así.  
También es verdad que se podría discutir si Severo podía haber empleado otros métodos para vengarse de Francisca, y que no siempre se puede aplicar aquello de que el fin justifica los medios. También se podría hablar de si era necesario hacer partícipe de su descubrimiento a los afectados. Y por supuesto, admito que sus motivos no han sido del todo inocentes, aunque creo que realmente también piensa que debía compartir lo que sabe, y que está dispuesto a asumir las consecuencias de ello. Pero quizàs no ha calibrado con mucho tino esto último y la reacción de quienes tendrían que estarle, no agradecidos, pero tampoco lo contrario. Después de todo es un hombre con conciencia, y al que probablemente le va a doler ser apartado por algo que es consecuencia de los actos de otros.
El único consuelo es que ha ganado una batalla. Pero es evidente que aunque puede que haya ganado momentáneamente, es claro que Francisca no se va a quedar relamiéndose las heridas. Un escorpión herido es muy peligroso, y la doña es esto y mucho más, así que seguramente ya debe estar tramando como resarcirse. Y no será con métodos de guante blanco, porque ella no entiende de florituras.
Así que Severo y Carmelo harán bien en guardarse las espaldas. Aunque afortunadamente ellos son dos, y los lazos que los unen son fuertes, lo que de entrada pone en inferioridad de condiciones a la doña. 

30 de marzo de 2015

La decisión de una hija

Relativizar unos graves hechos solo porque uno/a está cansado de luchar, o porque desea pasar página e intentar ser feliz, puede ser una opción personal. Pero esperar que además sea comprendido creo que ya es pedir demasiado.

Por supuesto todo el mundo tiene derecho a tomar sus propias decisiones, pero ateniéndose a las consecuencias de ello. Porque si uno toma un determinado camino que afecta a otras personas, no puede esperar al mismo tiempo que su voluntad se imponga. Ya que también pueden existir otros criterios igual de válidos y razonables.

Que Raimundo esté dispuesto a perdonar y olvidar no implica que los demás también tengan que estar dispuestos a hacerlo sólo por él. Ni creo que deban hacerlo, porque el perdón se otorga de manera espontánea, y siempre que la otra parte haya dado muestras de arrepentimiento o de propósito de enmienda. Que la doña haya ido a pedir perdón a Emilia solo es una muestra más de su cinismo, cuando ya de entrada niega unos hechos probados, lo cual es un síntoma de no asunción de ello. Y por lo tanto no puede haber arrepentimiento.
Y, por descontado, no creo que Emilia sea irracional con su actitud. Evidentemente no puede pretender que Raimundo se plegue a su voluntad, porque éste ya es lo suficiente mayor como para tomar sus propias decisiones. Y quizás tampoco puede pedirle que escoja, por el mismo motivo. Pero si puede no estar de acuerdo con la decisión de su padre, y también está en su derecho a anteponer su dignidad y no aceptar que la mujer que ha arruinado su vida y la de su familia, ahora se acerque a ellos a través de Raimundo. 

Naturalmente en este pleito estoy a favor de Emilia. Porque no se trata solo de presunción de hechos sino de certezas comprobadas, lo que la doña ha perpetrado contra miembros de su familia. De su propia familia. Y evidentemente esto no se puede olvidar, ni mucho menos perdonar. Aunque se apele a la caridad cristiana, como ha hecho D. Anselmo, porque estas dos palabras no casan en absoluto con Francisca, y mucho menos con la idea que se deriva de ello.

Otra cosa es que Alfonso intente mediar. Evidentemente no creo que haya fisuras en su apoyo a su esposa en este tema, con la que comparte opinión, pero es claro que ve el dolor que causa a Emilia esta situación. Y entiendo que quiera que ésta salga de este pozo. Aunque ahora mismo solo veo una solución: que la convenza para que deje marchar a Raimundo, y que éste cargue con las consecuencias de su decisión. Y que mantenga una puerta abierta para que si éste se equivoca pueda volver.   

18 de marzo de 2015

Un par de consejeros

¿Qué tienen en común D. Anselmo y Fe?  Pues prácticamente nada, excepto que a los dos les ha tocado en suerte convertirse en consejeros en otros tantos asuntos espinosos. Y también que no se andan con rodeos a la hora de decir lo que piensan.
En realidad a D. Anselmo este papel no le es ajeno, por su condición de sacerdote y consejero espiritual, pero parece que últimamente también ha de serlo en el terreno sentimental, aunque en su caso tenga que hacer uso del razonamiento lógico. Y, por supuesto, éste dice que ha de hacer ver a Raimundo lo que es de todo punto previsible: que no puede salir nada bueno de que vuelva a los brazos de Francisca, ya que ambos ya se han hecho tanto daño como para varias vidas y esto deja un huella indeleble. Aunque ahora anden como un par de colegiales con zapatos nuevos. Además de que ponerse el mundo por montera, tal como ha pedido Francisca, no es fácil cuando hay otra gente implicada.  
Y Fe anda en las mismas, tratando de poner cordura en algo tan difícil como los sentimientos de otra persona, en este caso Inés. Porque dejando aparte todos los flecos del asunto que tanto ella como la chica desconocen, el caso es que Inés ahora mismo no tiene ninguna posibilidad con Bosco, por lo tanto seguir alimentando una esperanza que no tiene ningún futuro es tarea vana. Realmente cuesta imaginar que puede esperar ahora mismo, cuando Bosco le ha dejado bastante claro que su relación ahora se limita a lo que se relaciona con el niño. Y todo esto es lo que Fe está intentado hacerle entender (sin mucho éxito hasta ahora) 

15 de marzo de 2015

De amores maduros incomprensibles

Aunque en apariencia va con un lirio en la mano y con la careta de humildad puesta, no creo que Francisca se la pegue a casi nadie. Y menos a Emilia.
No entiendo su propósito, pero lo que sí me parece es que es de un cinismo impresionante que pretenda que ésta le dé su bendición para retomar la relación con Raimundo. No hace ni cuatro días que por su culpa Martín, María y Esperanza han desaparecido del mapa, supuestamente muertos, y aunque sea solo un paripé, no debe ser fácil para la familia asumir que quizás no volverán a verlos nunca más. Sin embargo para Francisca el dolor que se le suponía por la desaparición de una chica a la decía querer tanto, ha quedado relegado a un plano anecdótico cuando para lograr que acepten la recién retomada relación con Raimundo emplea como justificación que el pasado ha quedado atrás, y que solo importa el presente y el futuro. Algo que solo ella es capaz de soltar sin que se le caiga la cara de pura vergüenza, especialmente teniendo en cuenta que es un tema que solo parece que importe para los demás. Porque ¿cuántas veces le ha reprochado a Raimundo que la dejara, y le ha culpado del hecho de que ella sea como es ahora? (¡¡como si un desengaño amoroso comportara necesariamente una maldad futura!!)
¿Realmente es tan ilusa como para pretender que Emilia y su familia olviden todo el daño que les ha hecho, y acepten sin más un sinsentido como una relación fundamentada en un supuesto amor de adolescencia? Un sentimiento que no consigo creer que haya sobrevivido más de cincuenta años y vuelva a resurgir en la misma medida. En realidad no acabo de ver que ha sucedido para que cambie lo que durante todo este tiempo se ha fundamentado sólo en una relación de odio y deseos de venganza.
Por supuesto el amor puede surgir en cualquier etapa de la vida, lo mismo en la madurez (o en la vejez como en este caso). Lo que me parece más improbable es que se reedite algo que ya no se puede vivir de la misma manera, especialmente con lo que ha habido en medio. Pero aún más difícil es hablar de amor en una mujer que es incapaz de sentirlo por casi nadie. Como ha dicho Emilia, no se hiere a quién se ama, y Francisca no ha hecho otra cosa en los últimos cincuenta años que procurar la infelicidad a cuantos la rodean.
Realmente Emilia está siendo muy comprensiva. Quiere a su padre, se preocupa por él, pero sin embargo no puede dirigir su vida, y hasta ahora ha intentado bregar con ello y tratar de entender lo que pasa en el corazón de este. Porque confía en el criterio de Raimundo y además éste ya es lo suficiente mayorcito para saber lo que ha de hacer. Pero nadie puede negarle a Emilia el derecho a decir lo que piensa de la situación y a hacérselo saber a los interesados.
Otra cosa es Raimundo. Hasta ahora ha sido una persona cabal, que ha luchado por sus ideales y que ha mostrado una gran generosidad. Pero ahora de pronto ha decidido volverse egoísta y pensar solo en si mismo. Es cierto que las ocasiones para ser feliz han sido pocas para él, y que en el ocaso de su vida tiene derecho a intentar buscar esto, pero con los antecedentes solo él puede imaginarse cuantas posibilidades tiene para que pueda lograrlo al lado de una arpía. Que además a su lado muestra una cara y detrás no duda en apartar de su camino todos los estorbos, incluidos sus propios nietos. Y nada garantiza que esto no llegue a suceder también con él (de hecho ya sucedió en el pasado). ¿Cómo es que de pronto Raimundo le haya dado este subidón, agravado además por lo que parece un principio de Alzheimer que le ha hecho borrar de golpe todo lo que Francisca ha hecho?

9 de marzo de 2015

No se puede cambiar de un plumazo

No consigo entender porque Raimundo tiene que estar todo el rato disculpándose con Francisca y pasando por el malo de la película, mientras que ésta, en un alarde de victimismo, acabe pretendiendo ser siendo siempre la agraviada.
Porque lo que es claro es que aunque Francisca muestre en ocasiones un perfil muy diferente, no enmascara quien es realmente. De hecho ni siquiera es creíble la persona que aparenta ser cuando está con Raimundo, como si coexistieran en ella dos personalidades. Por ello que vaya a pedir explicaciones al hombre y además le  diga que le está haciendo daño, me parece cuando menos de un cinismo impresionante. Casi el mismo que ha mostrado con Amalia cuando le ha pedido que no manipule a Bosco (parece que esto es exclusivo de ella. En fin…)
Creo que ya lo he dicho en innumerables ocasiones, pero lo voy a volver a repetir. Esta trama entre Raimundo y Francisca me parece tan forzada que cuando están juntos me da la impresión que estoy viendo otra serie. La gente no cambia de la noche a la mañana, y el alma negra de la doña, el rencor que ha alimentado durante todos estos años, el deseo de venganza,…… todo ello no se borra de un plumazo. Y menos por un supuesto amor de adolescente, que se pretende reeditar. Algo manifiestamente improbable cuando el camino está sembrado de actos deleznables imposibles de olvidar.
Vale, sé que va a volver a salir el tema de que donde hubo fuego hay brasas. Pero en cincuenta años, ni siquiera la brasa más resistente es capaz de mantenerse activa, más cuando sobre la misma han caído todos los elementos. Por lo que este pretendido amor que dicen que sigue manifestándose, más bien suena a otra cosa. Es cierto que ninguno de los dos ha conseguido ser feliz en esta vida, pero no creo que juntos lo consigan. También es cierto que a veces no son necesarias grandes cosas y que una conversación agradable, una cercanía, un sentarse juntos escuchando el silencio puede crear un espacio donde los sentimientos se confundan, pero el amor es otra cosa. Y aunque ya lo suficiente mayores como para conocerse a sí mismos, creo que lo que consideran amor es más bien el deseo de alcanzar este estadio.
Por cierto, que también es egoísmo, aunque en los dos tenga diferente connotación. En Raimundo es el deseo de alcanzar una felicidad que le ha sido esquiva, a pesar de que ha tenido también buenos momentos. Tiene una familia que se ha visto diezmada por la desgracia, pero aún le quedan muchos que le quieren y se preocupan por él (incluso algo exageradamente, porque lo de Emilia ya empieza incluso a ser cargante). En cambio Francisca nunca, aunque lo desee fervientemente, conseguirá ser feliz, porque siempre habrá un momento en que su natural hará que vuelva a las andadas. Porque quizás quiera a Raimundo, pero solo a él, sin su entorno, ya que es evidente que la familia le molesta, cuando además ha conseguido que se apartaran  de su camino todos los de su sangre, porque no seguían sus dictados. Y ya se sabe que  Francisca siempre ha de tener la última palabra.

27 de febrero de 2015

No es fàcil olvidar

Estoy leyendo con sorpresa que ahora algunos dardos envenenados van en dirección a Emilia, por intentar que su padre se aleje de Francisca. Y la verdad no sé cómo tomármelo, teniendo en cuenta mí ya expuesta opinión sobre la renacida relación entre Raimundo y la doña. De hecho ni siquiera tenía intención, ni deseos, de volver sobre un tema que me parece un sinsentido. Pero a la vista de lo dicho anteriormente, me he decidido a hacerlo, aun sabiendo lo que supone tocar ciertos temas delicados. Que, por supuesto, es algo que no me va a coartar para dar mi opinión.
Aceptando que Raimundo ya es lo suficientemente maduro como para tomar sus propias decisiones y que si ha optado por la postura de hacer su voluntad pasando por encima de todo y todos, considero que nadie puede cuestionar su libertad legítima. Otra cosa es que moralmente sea aceptable.
Por mucha música suave de fondo que pongan, por mucho paisaje romántico y trinos de pájaros que envuelvan las escenas, por mucha poesía que pongan en los diálogos, no creo que casi nadie olvide quien es Francisca y lo que ha hecho. Y por mucho amor que se pretenda que existe, el olvido es algo que cuesta dejar atrás.
Y aquí es donde entra Emilia, ya que a veces parece que a Raimundo algunas cosas le son ajenas. Cierto que ésta también ha hecho algunas cosas reprobables, pero creo que en los últimos tiempos ha reparado su error con creces y ha demostrado que también es una madre. Y difícilmente a una madre le pueden hacer tragar con ruedas de molino y aceptar que la persona que tanto daño ha procurado a su familia y casi acaba con alguno de sus miembros (que para más inri también son los propios) ahora sea el centro de la atención de su padre. En mi caso admito que, de encontrarme en una situación parecida, no le iba a volver a dirigir la palabra a éste en la vida. Y algo se barruntará Raimundo de ello, cuando ha decidido buscar a Francisca a escondidas, como dos adolescentes inmaduros o dos abuelos perdiendo el norte. Que no digo que en la vejez no puedan existir estos sentimientos, pero a estas alturas cuesta creer que hayan sobrevivido a tanto desencuentro y alejamiento. Quizás es porque mi natural no es muy romántico y opto por intentar ver las cosas desde una óptica menos emocional, por lo que creo imposible que después de lo acontecido entre ambos, sus sentimientos sigan teniendo la misma intensidad de antaño. Vamos, que igual que Emilia, yo tampoco comulgo con esta situación para nada. 
Pero ya que el tema era ésta, aunque me haya ido por los cerros de Úbeda, vuelvo a ello. Porque tampoco a Emilia le pueden discutir la legitimidad de intentar hacer algo por su padre. Evidentemente lo ve desde otro punto de vista diametralmente distinto al de éste, aunque creo que es ella la que tiene los pies en el suelo ya que sabe, por experiencia propia, que Francisca y sufrimiento son invariablemente la misma palabra. Quizás no sea ahora, cuando la doña y su padre andan en pleno delirio juvenil, pero casi se puede aventurar que volverá a suceder a no tardar. Es el sino de esta pareja, y Francisca no ha cambiado, ni va a hacerlo (de hecho demuestra cada día que es implacable y despiadada). Así que amor es un concepto que en su boca casi suena a sacrilegio.  

7 de febrero de 2015

No se puede cambiar la historia

Las razones por las que se ha decidido dar impulso a la relación de Francisca y Raimundo es claro que solo las saben los responsables de la serie, pero ello no impide que al abrigo de esta nueva situación hayan surgido un montón de conjeturas y especulaciones. Igual que de argumentos a favor y en contra, aunque tengo casi por seguro que estos últimos ganan por goleada.
Y no puedo evitar volver a exponer mi opinión al respecto, después de ver además algunas declaraciones que considero que solo son una manera para intentar dar calado a esta trama. Porque no se puede entender de otra manera que a estas alturas se argumente, por ejemplo, que sin la historia Ulloa- Montenegro no existirían los personajes que han sido el motor de la serie. Cierto que sin los padres no existirían los hijos, pero esto es en todas partes, y al menos a mi parecer este es un argumento muy débil. Además de que la historia de Francisca y Raimundo jamás ha tenido otra consideración que la de algo que sucedió en el pasado, y no creo errar al afirmar que la verdadera esencia de El Secreto de PV siempre ha sido todo lo que se ha desarrollado alrededor de la vida y hechos que tienen que ver con Pepa la partera y su estirpe. O al menos así lo han vendido hasta ahora, cuando parece que se ha decidido cambiar el enfoque original.
Por separado, y por lo que se refiere a Raimundo, tampoco es que éste haya gozado de un protagonismo destacado. Si lo ha tenido (y lo tiene) Francisca Montenegro, aunque básicamente por ser la persona destinada a entorpecer cualquier intento de sus más directos allegados de alcanzar la felicidad (dígase hijos, nietos o amadrinados). Y lo ha hecho sin reparar en medios, y sin ningún escrúpulo.
Por ello tampoco se entiende que ahora, de alguna manera, nos hallemos ante un presunto intento de edulcorar la personalidad de esta mujer, haciendo que asome un lado más humano y frágil. Algo que sus actos desmienten una y otra vez. Como decía un o una amable comentarista en este mismo blog, las pocas cosas buenas que ésta puede haber hecho (y que probablemente se pueden contar con los dedos de una mano), no tapan ni de lejos las incontables acciones malvadas que ha instigado o protagonizado, además de no albergar ni un mínimo propósito de enmienda, y mucho menos mostrar arrepentimiento o remordimientos por sus actos.  
Por lo que los intentos de justificar un posible giro en su trama no creo que puedan convencer a nadie que haya seguido su historia. Además de que lo considero un craso error, porque la imagen que proyecta es que con el amor puede llegar, de alguna manera, la redención, y que Francisca aún puede ser feliz a costa de pasar un tupido velo sobre sus “hazañas” pasadas. Por descontado no creo que los receptores de las mismas puedan hacerlo, como tampoco la mayoría de l@s espectadores.
Porque la violencia nunca puede ser justificada y mucho menos recompensada, ni aunque haya sido llevada a cabo en grado de tentativa. Por ello como mínimo son sorprendentes los intentos de buscar lo primero, basándose en el hecho de que no siempre se ha llegado a un fin luctuoso, cuando el caso es que todos los actos han sido premeditados y albergando una intención de hacer daño. Y esto siempre es violencia.
Aunque Francisca no solo ha utilizado la violencia física. También existe otro tipo más sutil, pero igualmente censurable: la que implica la manipulación y el engaño a los que ha sometido primero a María, y actualmente a Bosco. No voy a entrar en el tema de la primera, que ya está resuelto, pero por lo que se refiere a Bosco, aunque quizás sea cierto que le quiere (aparte de existir el tema de la sangre al ser su nieto) tampoco ha tenido muchos reparos en impedir su felicidad, decidiendo por él lo que presumiblemente le conviene, y obviando su libre albedrío. Aparte que está dejando que Amalia le engañe impunemente, pero especialmente negándole el derecho a conocer sus orígenes y a su otra familia. 
Y esto también es violencia.
Solo un último inciso con respecto al otro protagonista de esta relación. Siento decirlo, pero a veces me da la sensación que los guionistas no reparan mucho en estropear a algunos personajes. Creo de verdad que están dejando a Raimundo a la altura del betún, y no solo por su repentino e inexplicable furor de enamorado otoñal, sino por otra faceta añadida y hasta ahora desconocida: la de grosero y hasta cierto punto xenófobo, al mostrar un abierto rechazo a unos forasteros, a los que además se cree en el derecho de pedir explicaciones. Y que, por cierto, ya ha recibido por parte de uno de ellos, una educada, contundente  (y merecida) respuesta. 

4 de febrero de 2015

Y todo sigue igual

Después de todo, y a pesar del pequeño salto temporal que lo único que ha cambiado ha sido la barriga de las embarazadas, la sensación es que todo sigue de la misma manera. También es cierto que las cosas quizás necesiten un ritmo natural, pero pasamos de velocidad de vértigo, con situaciones casi surrealistas, a coger otra vez la pájara. Porque ninguna de las posibles expectativas se ha cumplido, ni parece vaya a hacerlo en los próximos días.
Centrándome concretamente en algunos personajes.
No voy a negar que el de Inés no ha conseguido despertar mis simpatías, pero aún así creo que debo romper una lanza por ella. Ya lo dije en otra ocasión, pero me parece que aparte de estropear al personaje aún más, lo que están haciendo con ella no va a ayudar mucho a darle visibilidad; más bien al contrario. Sus escenas son calcadas cada día, pero también la están vaciando de la escasa personalidad que aún poseía. Es cierto que ahora mismo representa a una persona desvalida y sin perspectivas, que se agarra con uñas y dientes a quien supuestamente le quiere bien (aunque sabemos que no es así), pero las horas de soledad, que deben antojarse eternas, pueden dar a una persona para al menos cuestionarse algunas cosas. Los razonamientos de Amalia tienen tantas incoherencias, que cuesta entender como Inés no se ha dado cuenta de que no todo es lo que parece.
Pero con Bosco, al que aún no considero perdido del todo, tampoco pienso que lo hagan mejor. Que lo que le suceda es que dude de la actitud de su esposa pero no sea capaz de dar un golpe sobre la mesa y poner los puntos sobre las ies, haciendo por el contrario dejación de ello en Francisca, no es que diga mucho a su favor. Tirar la toalla no es lo que se podría esperar de un marido responsable; de hecho está quedando como un bobo, e incluso un cobarde, al que aunque es evidente que le gusta el contacto con la naturaleza y el trabajo físico, parece que lo busque como coartada para salir huyendo. De verdad lamento lo que están haciendo con este personaje, que presenta rasgos de sus padres, pero al que están anulando cada día un poco más.
Lo que es más que claro es el hilo argumental de lo que va a ser la serie a partir de ahora: Francisca y lo que la rodea. Mucho más de lo que ha sido, que ya es mucho.
Pero al menos en mi caso, comulgar con ruedas de molino no entra en mis planes. Si la historia de amor de Raimundo y Francisca va a ser la gran historia que va a intentar conmover a la audiencia (visto que la Conrado y Aurora va de capa caída, y la de Inés y Bosco va para largo, si es que llega a cuajar algún día), apaga y vamonos. Porque además de los dos personajes anteriores y Amalia, considero que el hombre va a entrar también en el Olimpo de los desahuciados por buena parte de l@s espectadores, que no creo que entiendan mucho este repentino sofocón. Y que además se deje vapulear por una mujer incapaz de asumir su parte de culpa en una relación que ambos dejaron perder, quedando además como un cobarde y el culpable de todo.
Lo siento, pero lo que yo entiendo por una historia de amor va por otros derroteros. Y aún a riesgo de parecer que me dejo guiar más por prejuicios que por otra cosa, no veo cómo puede enganchar una relación entre dos personas maduras, con el añadido de que una de ellas cuenta con un historial delictivo sobre sus espaldas, entre lo que se incluye daños a su propia familia. La de ambos.
No logro asumir que después de todo esto, aún exista una llama que pueda prender. Además ¿alguien piensa realmente que la doña se merece una oportunidad?.
Del resto de personajes, poco o nada se puede comentar. Salvo que parece que vuelven malos tiempos para Mariana que, otra vez, opta por callar y sufrir en silencio.

30 de enero de 2015

El corazón y la razón

Es gracioso (o penoso según se mire), pero parece que en casa de los Castañeda-Ulloa tienen ahora dos adolescentes, aunque uno ya es algo más que madurito.
Evidentemente diferentes, porque Raimundo ya tiene una edad para ser consciente de lo que se hace, mientras que a Matías todavía se le puede perdonar algún desliz, por sus pocos años. Pero parece que algunas cosas son atemporales. En realidad me cuesta censurarlo porque siento que quizás puedo ser injusta, y que no hay nada que impida que una persona madura tenga sentimientos fuertes hacia alguien. Pero precisamente por la edad y la experiencia, alguien en esta situación tiene más herramientas para saber leer en su propio corazón y no dejarse llevar por ilusiones.
Pienso que es precisamente esto último lo que le sucede al hombre. Aunque lo que le ha llevado a ello ya es otro cantar, porque por más que lo intento no consigo entender que ha cambiado para que precisamente ahora, cuando Francisca está en plena faena para acabar con Aurora y todos saben que lo ha intentado con Martín, al hombre le haya dado para quedarse en evidencia. Ya sé que nadie tiene el derecho de juzgar a otros y que Raimundo es muy libre de hacer lo que le parezca sin tener que dar explicaciones, pero su poca prudencia no dice mucho de un hombre que se supone ilustrado, inteligente y con los pies en el suelo.
Lo dijo D. Anselmo: “el corazón tienen razones que la razón no entiende” Pero he de reconocer que, en este caso, me cuesta asimilarlo sin cuestionarlo, porque la visión romántica que se pretende crear no consigue atraparme para nada. No consigo creerme que un amor, por muy fuerte que haya sido, logre sobrevivir a varias décadas de desencuentros, daños infringidos sin el menor remordimiento a uno o a las personas queridas, la separación durante largos años, y a odios y resquemores varios. Sin contar que Francisca le hace culpable a él de la situación cada vez que sale a colación el tema, como si con ello pueda arrogarse el papel de única víctima y además pudiera justificar su propia perfidia. Nadie es malo por haber tenido un desengaño amoroso, porque de ser así los malvados serían multitud. Puede existir el rencor, pero no hasta el punto de ennegrecer el corazón y hacérselo pagar a todo el mundo, algo que afortunadamente solo ocurre en contadas excepciones. Y es claro que Francisca es una de ellas.
Y pretender que sea precisamente la llegada de Severo la que ha precipitado todo esto, lo considero poco más que una sinrazón. Aunque quizás sea la primera vez que se vislumbre a alguien que realmente puede aguantar el pulso a Francisca. Pero si es así, realmente hace bajar aún más puntos de la consideración a Raimundo, porque da la visión que hasta ahora había estado relativamente tranquilo en cuanto a la posibilidad de que Francisca llegara a pagar algún día por sus maldades. Ya sé que puede parecer que tergiverso las cosas, pero la da la sensación que una cosa es desear de palabra que la doña pague por sus desmanes, y otra que lo piense realmente.
Lo siento, pero no soy ni de lejos tan comprensiva como Emilia, que tiene un buen papelón con este tema.
Y que por si no fuera poco, además parece que Raimundo ha perdido los modales. ¿Es necesario que se muestre tan grosero con Severo y Carmelo?  

24 de enero de 2015

Las historias de amor de PV

No soy muy dada al tipo de series en el que se puede incluir PV, por lo que solo puedo conjeturar sobre la posibilidad de la existencia en el amplio abanico de propuestas de este género, y en cada una de las mismas, de una o varias historias de amor romántico, que además en algunos casos serán imposibles o difíciles de llegar a buen puerto. Vamos, como sucede en PV.
Pero seguramente también habrá historias  con finales felices, y espero que la de María y Martin sea una de ellas. Aunque el desenlace, que cada vez se vislumbra con mayor claridad, se antoje algo así como una despedida por la puerta falsa, al no poder seguir con sus vidas en PV (evidentemente las razones en la serie son unas y en la realidad, que es la que se impone, otras. Y probablemente la que se ha buscado era la mejor opción, antes que tirar de métodos más drásticos).
Martín y María, con su pequeña hija Esperanza, estarán juntos y serán felices. Pero lejos de los suyos.   
En realidad se podría decir que PV es un conglomerado del tipo de historias antes mencionadas, pero con un desarrollo muy diferenciado. No hay una igual a otra, ni un final igual a otro.
Aparte de la anterior, que considero una de las más preciosas que se han dado en la serie, al igual que sucede con la de Pepa y Tristán, actualmente existen otras que permiten seguir creyendo en el amor como núcleo central, aunque a veces quede obscurecido por las desgracias, que también son algo recurrente. Sin olvidar los guiños que se hacen al contexto histórico, pero que hacen de esta serie algo más que una simple telenovela.

Existe la historia de amor de Emilia y Alfonso, que ya está consolidada, igual que la de Pedro y Dolores (a su manera) o la de Mariana y Nicolás (que aún podría tener algún sobresalto, pues existe un secreto de éste que permanece latente, como es el de su origen y su familia). También las hay, que a pesar de haber sido muy bonitas en su momento, se han roto, como la de Hipólito y Quintina (también por razones ajenas a la serie), o las que aún no han empezado y que además parece que van a necesitar un empujón, como la de Fe y Mauricio.  Y, aunque ahora mismo no haya ningún indicio de que vaya a suceder, me gustaría pensar que en esta relación pueda incluirse también algún día a Candela, un personaje que aún puede tener su momento para vivir otra vez estos sentimientos.
Pero hay otras tres parejas de las que aún es más difícil predecir el futuro, porque además intervienen otros factores, como un tercero o tercera en discordia, o como en el caso de Raimundo y Francisca un montón enorme de desencuentros, malas decisiones, rencores extremos,...y especialmente y por parte de la mujer, un corazón endurecido e incapaz de aceptar sus errores.
Aunque creo que tendría que pasar algo muy excepcional para que estos últimos tuvieran otro final que no fuera seguir alejados. Quizás hubo un tiempo que les unió una gran historia de amor, pero no veo que ello tenga ninguna posibilidad de renacer. Dos personas maduras, con un amplio bagaje a sus espaldas, no creo que puedan aspirar a reeditar un amor de juventud, por muy grande que fuera, cuando después solo ha habido odio y rencor. Han pasado lustros alejados, no solo físicamente, y han tenido tiempo de sobra para dejar atrás lo que no pudo ser, por lo que tampoco creo que pueda seguir latente nada de todo ello. Ni siquiera lo que les unía, que era su hijo, ahora existe.
Al tema de Bosco e Inés, que aparentemente se pretende que sea la continuación de las historias protagonistas, tampoco le veo un futuro nada esperanzador. Es una historia que considero no se ha trabajado con mucho acierto y, de momento, no parece haber cuajado. Además al existir Amalia, el protagonismo se ha desplazado a ésta, y Bosco apenas parece recordar algo que sucedió en un visto y ni visto, una relación que se desvaneció en un suspiro. Aunque, en este caso, este supuesto amor, que más bien se antojó el descubrimiento de una experiencia en la que pienso que el deseo jugó un papel importante, es posible que pueda volver a renacer. Y quizás algún día pueda consolidarse y ser realmente lo que se pretende.  Aunque si hay algo de lo que no tengo muchas dudas, es que tendrán que esforzarse mucho para ni tan siquiera acercarse a emular a las parejas que les han precedido. Y en ello incluyo a Aurora y Conrado, la tercera pareja de la lista.
Admito que es sobre la que me cuesta más escribir, porque me tengo que debatir entre lo que ya  es sabido sobre su futuro, y lo que sucede actualmente. Aunque lo cierto es que la realidad de esta pareja tampoco es tan halagüeña. Y mucho menos la actitud de uno de sus componentes, Aurora, que parece que, de pronto, se haya vuelto una adolescente insegura con sus propios sentimientos. Algo que no hace un año tenía aparentemente muy claros, pero que ahora se mueven en un mar de dudas que desgraciadamente son perfectamente visibles para Conrado. Y cuesta entender la deriva a la que han abocado a esta pareja, sin darles apenas un momento de tregua, y mucho menos la posibilidad de que esta historia que un día vendieron como algo que tenía que hacer temblar los cimientos de la serie, pudiera desarrollarse para que ello fuera cierto. Porque algo que partió de una premisa novedosa, como era la relación entre madurez e inexperiencia, y que podía haber sido una historia con un gran recorrido, ha acabado siendo engullida por otras historias que se han tejido a su entorno y que no la han permitido avanzar. Y ahora que se vislumbra el final, no parece que vayan a enderezarlo.

20 de enero de 2015

Un pasado que vuelve

Parece que los guionistas están dispuestos a darles una alegría a l@s seguidores de la pareja Francisca y Raimundo, aunque cuesta tragar lo que considero el despropósito que supone un acercamiento, aunque sea tímido, entre esta pareja. Más que nada porque deja al hombre a la altura del betún. Puede, también por lo que estoy leyendo, que esta situación tenga un objetivo interesado más allá de complacer a una parte de la audiencia, y que vendría motivada por movilizar a la gente por la obra de teatro que actualmente se representa sobre este tema. Sin embargo, y si es así, tampoco se puede criticar esta posible intención, porque es muy legítima, aunque veo bastante complicado que sirva además para que l@s espectadores acepten comulgar con ruedas de molino en este tema. Francisca no creo que tenga remisión posible.  
Admito que no me gusta esta deriva. De hecho incluso han conseguido que las escenas con Francisca y Raimundo me produzcan un efecto cuando menos sorprendente. La sensación de repugnancia que me dan casi todas las escenas de ésta, se está convirtiendo en ocasiones en una suerte de jocosidad, por lo patético. No he podido evitarlo al ver a Francisca comportándose como una adolescente, coqueteando y sin soltar las habituales pullas que le lanza a Raimundo. Y ver a éste convertido en un pelele en manos de unos sentimientos que además me parecen poco creíbles.
Hasta ahora habían presentado a Raimundo como un hombre de fuertes convicciones, inteligente y con los pies en la tierra. Pero parece que quieren estropear esta imagen, para ponernos frente a un hombre coartado por algo que se antoja además fuera de lugar. No creo en la imagen romántica de los amores eternos, y menos en este caso que ya no tiene razón de ser. Es cierto que Francisca y Raimundo se quisieron mucho en un pasado ya remoto, pero después no existe nada que haya seguido alimentando este amor, más bien al contrario. Y algo que no se nutre, acaba muriendo. ¿O acaso el odio puede hacer esto?
Es cierto que hay amores que pueden perdurar con los años, y que incluso no se apagan, pero las circunstancias de la vida pueden cambiar a las personas y hacer ver las cosas de otra manera. Y Raimundo tiene motivos más que sobrados para ello, más que nada porque la Francisca que él sigue alimentando en sus fantasías ya no existe, murió hace tiempo. En su lugar hay la pérfida mujer que tod@s conocemos y que, aupada por el rencor, le ha hecho la vida imposible a él y a su familia.
Y esto no es fácil de olvidar, y mucho menos perdonar.