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14 de junio de 2018

El fin de los personajes


Independientemente que un actor o actriz marche de la telenovela de manera voluntaria o lo haga por “imperativo legal” (es decir que le enseñen la puerta), lo que no suele variar es que para su personaje, con alguna escasa excepción, esto suceda de manera dramática y sin un final acorde, o por lo menos proporcional, a lo que ha/n dado a la serie (por descontado me refiero a los guiones, el público es mucho más agradecido).
De hecho son contados a los que han permitido despedirse sin contratiempos,….solo dejando atrás una historia en Puente Viejo. Así, a bote pronto, recuerdo a Lucas, Rosario, Prado, Ramiro, Aurora, Soledad,….. También a los Doscasas, pero para ellos fue una despedida agridulce pues se marcharon sin que nadie fuera a su encuentro para decirles adiós, y después de que los guiones hubieran destrozado a sus personajes.
Pero ¿por qué es necesario utilizar recursos drásticos la mayor parte de las veces? Una explicación podría ser que se ha llegado a la conclusión que la mejor manera de cerrar un ciclo con un personaje es bajarlo a los infiernos antes de despedirlo, temporal o definitivamente. Dando por sentado que con ello la audiencia va a asumirlo mejor. Pero algo que no funciona siempre, porque interviene el grado de complicidad que se haya podido crear con el espectador, y a veces no se entienden determinadas derivas de las tramas para llegar a un fin concreto como es el cierre de las mismas.
¿Por qué matar a Sol si apenas dos meses más tarde también se fue Lucas? ¿No podían haber marchado los dos a Madrid?
¿Por qué Candela tuvo que permanecer dos meses en coma, antes de que Aida dejase temporalmente la serie por el permiso de maternidad? ¿Acaso no podía haber trabajado normalmente hasta el último minuto? ¿Por qué cuando volvió no le dieron ni un minuto de respiro, hasta que acabaron con el personaje?
¿Por qué no han permitido que Alfonso y Emilia marcharan normalmente, y en cambio han tenido que salir por piernas convertidos en asesinos, además de él ciego a causa de las palizas y ella embarazada de los que la violaron? ¿Acaso esto último, por ejemplo, no se lo podían haber ahorrado?
¿Porque Nicolás también tuvo que huir por haber matado a un hombre? ¿No habría sido más fácil que se hubiera ido tranquilamente a Murcia, a ocuparse de su patrimonio?
¿Por qué……………………………………?????????????
Evidentemente en todos los casos anteriores y en los que no he nombrado, el fin último es cerrar las puertas a un posible retorno. Porque es claro que aunque vivos, ni Alfonso, ni Emilia, ni Nicolás,….como tampoco María, que también tuvo que huir por haber intentado matar a Francisca, pueden volver sin temor a que la justicia caiga sobre ellos. Una justicia que en Puente Viejo es selectiva, solo para algunos, mientras que vemos como los poderosos salen impunes.

8 de junio de 2018

Una trama aborrecible, una despedida dolorosa


A estas alturas quizás no tendría que sorprender a nadie, pero el más difícil todavía parece que no tiene límite en Puente Viejo.
Como tampoco tendría que sorprender el hecho de que los actores y actrices que han decidido voluntariamente dejar el producto, tengan que salir por la puerta de atrás, con sus personajes huyendo por una cosa u otra,…. cuando no es con los pies por delante.
Y no sé si esto es una norma general a este tipo de productos o solo lo es de esta telenovela, pero me parece muy injusto especialmente para actores y actrices que lo han dado todo para sacar adelante unos guiones, y que con esta salida no se les da el reconocimiento que se merecen. De hecho más bien parece que los responsables de la serie quieren vengarse de ellos por "dejarles en la estacada". Sí, es cierto que los espectadores si se han despedido a su manera, pero no es lo mismo que algo con todos los honores que se merecen, en vez de casi de tapadillo. Los últimos, Candela, Nicolás, Nazaria (¿nunca sabremos que ha sido de ella?),…..y ahora Alfonso y Emilia. Porque él ciego a causa de los golpes, y ella embarazada producto de una violación en grupo, no es precisamente la mejor manera.
Pero aún peor que toda esta historia, que al fin y al cabo es una ficción (pero sin que por ello pretenda justificar nada), es el uso indiscriminado que se hace de situaciones abominables, solo con el único fin de alimentar el morbo,…. algo de que cuya intención no me cabe ninguna duda. Y lo lamento especialmente porque parece que con ello dan a entender, por supuesto sin pretender insultar a nadie, que consideran a los espectadores tan simples que no somos capaces de discriminar, y en cambio si de tragar con todo los que nos echen.
Ha dado la casualidad que esta misma semana en otra serie “La otra mirada” han sacado a colación el mismo tema, el de la violación, pero con un enfoque diametralmente opuesto y sin concesión al morbo. De hecho, y aunque la época es la misma que en Puente Viejo, y que al final la “culpable” también puede acabar siendo la mujer, algo que desgraciadamente no ha cambiado demasiado en la mentalidad patriarcal que aún persiste (incluso entre las mismas féminas), el caso es que en la serie mencionada si se ha llegado más allá, hablándolo, denunciándolo y poniendo en entredicho a una poderosa familia.
Evidentemente no olvido que el asesinato del general es básicamente lo que ha llevado a la pareja a tener que huir, por lo que aún considero más innecesario llegar a lo que han llegado: humillación para Emilia, y Alfonso que, encima de apaleado, tendrá que cargar con un niño que no es suyo…. De todas maneras decir que tengo claro que Alfonso no se lo va a reprochar a Emilia y que, de tener al bebé, lo va a acoger como si fuera suyo.
Pero no se trata de esto, si no de la utilización de temas muy sensibles y desgraciadamente de más actualidad de la deseada. Y sí, precisamente por esto no se puede eludir el debate, pero siempre desde la óptica de buscar la censura y de intentar cambiar las cosas, no para utilizarlo como recurso para alimentar la audiencia. No ayuda nada que con la excusa que es una ficción, se utilicen situaciones que solo merecen todo nuestro desprecio. Las personas, hombres y mujeres de cualquier edad y condición, somos libres sobre nuestro cuerpo y nadie tiene derecho a allanarlo contra nuestra voluntad. Por lo que no puede normalizarse ni siquiera como recurso, ni alegando que eran otros tiempos y la sociedad era distinta.
Así que desde este blog, aunque ya lo he hecho anteriormente, expreso mi más enérgica repulsa por esta trama.
Y solo me resta desearles a Fernando Coronado y Sandra Cervera mejor suerte en los proyectos que no dudo que a no tardar les van a salir ¡¡¡Dos magníficos profesionales como ellos no pueden ser desaprovechados!!!
¡¡ADIOS ALFONSO Y EMILIA!!!  
¡¡¡HASTA PRONTO FERNANDO Y SANDRA!!

31 de mayo de 2018

¡¡¡Hasta pronto Alfonso y Emilia!!!


A lo largo de la telenovela han sido muchas las despedidas, algunas que nos han cogido por sorpresa, otras anunciadas,….pero también muchas de ellas dolorosas por la desaparición de personajes que han llegado a calar, convertidos en tan cercanos que casi se antojan reales.
Lo peor es que este goteo en los últimos tiempos empieza a ser demasiado constante, además tratándose de personajes que han supuesto un importante bagaje para la telenovela y que han colaborado con su trabajo que ésta se haya hecho un lugar en las audiencias. Sin ellos, los grandes actores y actrices de la telenovela, las tramas tendrían otro color, por lo que el vacío que tod@s dejan con su marcha es importante.
Por supuesto nadie es imprescindible, pero lo que sí es claro que sus espacios van a echarse en falta. Sin ir más lejos solo en los últimos seis meses ha sucedido primero con Candela, después con Nicolás y ahora le toca el turno a Alfonso y Emilia, una pareja que nos ha dejado grandes momentos (y también alguno no tan bueno), pero algo esto último que nunca inclinaría la balanza en contra cuando han dado tanto a El Secreto de Puente Viejo. Claro que el concurso de Sandra y Fernando también ha sido fundamental para conseguirlo, porque sin su talento y profesionalidad no habría sido posible, cuando incluso a veces han tenido que defender guiones absurdos y muy discutibles.
Pero hoy toca despedirse de ellos, aunque sea con un ¡¡Hasta pronto!! Porque aunque no vuelvan a la telenovela, no les perderé de vista. Y espero que sigan el camino de otros grandes actores y actrices que fuera de este producto han seguido nuevas metas y conseguido el reconocimiento merecido.

8 de mayo de 2018

Una víctima invisible


Al escribir esto no puedo saber con certeza si lo que intento poner en palabras es un tema que ha coincidido en el tiempo con algo muy de actualidad, o si es un intento de denuncia.....o si es un recurso morboso que se les ha ocurrido a los guionistas considerando que así van a mantener a la audiencia (que también es muy posible). Pero dado que nunca se les ha dado muy bien el lanzar mensajes, me inclino a creer esto último.
Me refiero al tema de Alfonso y Emilia, aunque en particular lo que atañe a ésta.
Supongo que no todo el mundo que sigue la telenovela se pondrá a hacer disquisiciones sobre su situación, pero desgraciadamente es algo que pone sobre el tapete una situación muy dolorosa para muchas mujeres: el acabar siendo señaladas cuando son en realidad las víctimas. Y lo peor es cuando además esto sucede en el ámbito familiar.
No digo que Alfonso no pueda sentirse defraudado cuando cree haber visto lo que le han hecho ver, pero es injusto cuando pone en duda a su esposa. Tendría que conocerla lo suficiente como para, como mínimo, cuestionarlo. Aunque es posible encontrar una explicación por el hecho de que ahora está cegado físicamente, encontrándose en una situación que ha cambiado radicalmente su vida y que le llena de impotencia al convertirlo en dependiente, cuando siempre había sido una persona con carácter y emprendedor. Porque estar ciego (es de suponer que un dia esta situación se va a revertir) de momento le condena a una vida en la que está privado de la libertad que supone el poder moverse sin obstáculos, y es de entender que ello haya agriado su carácter.
No debe ser fácil asumir algo así.
Sin embargo, tanto o peor son las heridas que no se ven, y que difícilmente vayan a sanar nunca. Porque una agresión del tipo de la que ha sufrido Emilia, que no deja secuelas físicas pero si psíquicas, quizás se pueda llegar a aparcar en un rincón del pensamiento, pero nunca olvidar. Es una intrusión forzada a la intimidad de la persona, sin su consentimiento y empleando violencia (la intimidación también es violencia). Y además en buena parte de los casos provoca sentimientos de vergüenza, implicando que la persona se encierre en sí misma, dejando que esto la consuma. Por ello es bueno que ahora salgan muchas mujeres a explicar sus casos y poner en evidencia a sus torturadores.
Aunque entiendo que en el caso de Emilia esto va a ser más complicado, porque si en 2018 las mujeres agredidas aún siguen en muchos casos optando por callar los abusos (afortunadamente cada vez menos), no me imagino como debía ser en 1925, en unos tiempos en los que el patriarcado estaba mucho más arraigado y la mujer era un simple objeto. Que Alfonso y Emilia se hayan salido del estereotipo de matrimonio de la época y él siempre haya tratado a su esposa como una igual, no es óbice para que la sociedad no fuera a señalar (y siga haciéndolo) a una mujer que ha sido violentada, aun sabiendo en la situación en la que se encontraba cuando ha sucedido y su imposibilidad de escapar a ello (es de suponer que nunca se sabrá que Emilia fue narcotizada, como nunca se supo que pasó con Cristóbal Garrigues). También hay otro tema y es que la evidencia física hace que todo el mundo se haya fijado en Alfonso, sin tener en cuenta que Emilia también fue encarcelada y nadie sabe lo que ha sucedido en el tiempo que ha estado entre rejas. Pero que al volver a hacer vida “normal” (aunque sea en apariencia) parece que todos han asumido que Emilia fue tratada mejor que su esposo.
Lo que es claro que va a haber un antes y un después de esto. El general ha roto a dos personas y será difícil recomponer los pedazos. Solo el tiempo y mucha comprensión pueden lograrlo, y no será fácil. Por lo que me imagino que esto también podría ser el principio del fin de esta trama, algo de lo que ya hace mucho tiempo se viene hablando. Por supuesto algo que no me gusta ni siquiera contemplar, porque si ya es complicado encontrar algo que llame la atención en la telenovela, una nueva salida de personajes creo que podría ser la puntilla. Cierto que en otras series se producen renovaciones y no pasa nada, pero ello sucede periódicamente, mientras que en Puente Viejo esto solo pasa cuando un actor o actriz decide marcharse (o le despiden, como en algunos casos sonados), y hay que poner a alguien en el hueco que ha dejado. Y no siempre la fortuna acompaña a las/os nuevos.

4 de febrero de 2016

Adiós César Cárdenas

Malos muy malos y retorcidos, malos que ocasionalmente dejan entrever una conciencia, buenos que están entre dos aguas, buenos que de tanto que lo son acaban cayendo en la ingenuidad,…..forasteros que nada más llegar ya atraen sospechas aunque sin ningún fundamento que lo avale, forasteros (que con mayor frecuencia de la deseada) parecen una cosa y acaban convertidos en desquiciados, locos o peligrosos,….. Y, por supuesto, también está la gente corriente, de buen corazón, generosos, solidarios, comprensivos, amigos,….en fin la buena gente de PV.
Por lo que es de agradecer que, aunque sea de manera ocasional, aparezca alguien (por supuesto dejando de lado los protagonistas fijos) que se salga de las normas establecidas de la serie. O al menos esto parece.
Nada hace suponer que Cesar no sea tal como lo han hecho aparentar. Se ha marchado tal como vino, sin dejar entrever intenciones ocultas…. Su manera de ser era de una persona educada y noble, jamás le vimos propasarse con Emilia, y tampoco presionó para que ésta tomara partido por él. Al contrario, siempre le dejó espacio para que decidiera por su cuenta, aunque es claro que le atraía y que deseaba estar con ella. Pero no creo que esto fuera malo, especialmente teniendo en cuenta la situación de Emilia y su, hasta el momento, determinación de pasar página con Alfonso.
Por supuesto entiendo las reticencias, incluso la antipatía, de los seguidores más fieles de esta pareja, especialmente teniendo en cuenta que hasta ahora Emilia y Alfonso habían construido una de las relaciones más estables y bonitas de la serie. Pero también admito que César jamás me ha inspirado este sentimiento de rechazo. Al contrario, había conseguido que lo creyera y llegara a pensar en que era posible un cambio de rol en Emilia, más teniendo en cuenta que, aunque ésta vuelva con Alfonso, va a ser muy difícil disipar lo que ha sucedido. De hecho pienso que nada puede volver a ser igual, que una vez rota la confianza es muy difícil recomponerla, aunque también es cierto que el tiempo puede suturar las heridas. Pero siempre queda la cicatriz.
Por cierto, volviendo a César y aplicando mi lógica. Viniera para lo que viniese a PV, no ha trascendido nada oscuro, ni nada hace pensar que fuera con otras intenciones que las que expuso. Pero lo que si tengo claro es que no vino a por Emilia, y que tampoco ésta es precisamente un partido a tener en cuenta (dicho esto con todo el respeto, y sin intentar ningunear el hecho de que es una pequeña y próspera empresaria). Sin olvidar que además ella se iba a ir con lo puesto, dejando todo atrás. ¿Qué César no es el hombre de negocios que dice ser? Quizás. Pero tachadme de ingenua, porque no consigo encontrar un motivo razonable que explique que le hiciera proponer a Emilia irse con él, salvo el de tenerla como su mujer. Y, por descontado, ésta no es precisamente el prototipo de mujer sumisa, que se deja avasallar en caso de que todo fuera un engaño. Algo que, estoy convencida, César ha visto claramente.
Aunque, al fin y al cabo, si se descubre o no que César es un impostor, ya no va a tener ninguna importancia. 
Sólo una última cosa. Mi reconocimiento a Alfonso Begara, un magnífico actor que espero ver en otras series o teatros. 

4 de enero de 2016

Año nuevo, ¿vida nueva?

Por si no fuera suficiente haber hundido al personaje de Alfonso en la miseria, ahora parecen estar intentando que Emilia corra la misma suerte.
Pero tengo confianza en la integridad de ésta, y que no va a cometer el error de caer en lo mismo que la ha llevado a separarse de Alfonso.
Cierto que Emilia no muestra grandes signos de estar pasándolo mal, y lo que es más evidente es que además ha decidido que tiene que cambiar otras cosas, además de su situación como mujer separada. Pero no creo que ello incluya sustituir también sus afectos. Evidentemente cada persona lleva sus sentimientos, su sufrimiento, de la manera que le dicta su propia personalidad o carácter. Siempre nos han presentado a Emilia como una mujer fuerte, que ha sido educada para desenvolverse de manera independiente en una época en la que las mujeres pintaban poco o nada, que sabe sobreponerse a la adversidad y que rápidamente toma el toro por los cuernos, sin dejarse avasallar. Y así parece que ha sido con el tema de la infidelidad de Alfonso, sin permitir que sus sentimientos la coarten y la hundan en situaciones depresivas, aunque su mejor baza la ha encontrado al refugiarse en el trabajo y poniendo como prioridad la necesidad de tirar adelante con su negocio.  
Y así espero que siga, aunque actualmente tampoco veo demasiado peligro en Cesar, más que el que pueda surgir si el hombre, alentado por las muestras de confianza de Emilia, acaba sintiendo algo por ella. En este caso si podría haber conflicto, aunque dudo que ella siga el juego.
Tod@s sabemos el amor que Emilia siente por Alfonso y que ello sigue latente, pero parece que lo ha sepultado en algún lugar y ha decidido darse tiempo para curar las heridas. Y que la compañía de César ha sido una especie de bálsamo, porque el hombre sabe escuchar sin censurar, y además (y hasta que se demuestre lo contrario) es encantador, educado y sabe mantener una correcta distancia.
Sin embargo hay algo que chirria y que podría echar en tierra todo lo anterior: es el desapego que ella muestra hacia Alfonso, al que trata como a un vecino cualquiera, sin dar ninguna muestra de lo que les unió en otro tiempo. Y al mismo tiempo, y aunque ya sabemos lo poco que le importa las habladurías de la gente, me sorprende que no tenga problemas en mostrar públicamente sus simpatías y la nada habitual cercanía hacia un  hombre que hasta hace poco era un perfecto desconocido.
Lo cierto es que la relación que parecía inquebrantable de Emilia y Alfonso ha quedado seriamente tocada, y no veo una salida a corto plazo que permita albergar esperanzas de reconciliación. Más bien al contrario.

27 de diciembre de 2015

Amigos sin derecho a roce

Primera premisa que creo que hay que valorar: un hombre puede ser amigo de una mujer sin que ello presuponga que existan, o vayan a existir en el futuro, segundas intenciones.
Segunda premisa: una mujer puede acercarse a un hombre y establecer vínculos de amistad con él sin que ello signifique que busque su cercanía para algo más. 
Y también puede que me esté equivocando, y que la intención de los guionistas con la trama de Emilia y César acabe convertida en otro desaguisado. Evidentemente existe el peligro de que el roce lleve a algo más. Pero, de momento, les doy un voto de confianza a ambos, primero porque César, a pesar de que en apariencia puede ser un tercero en discordia, el caso es que me cae bien, y ahora mismo (y mientras no se demuestre lo contrario) no lo veo como alguien que pretenda aprovecharse de la debilidad de otros. Segundo porque considero al personaje de Emilia como alguien con la cabeza bien asentada y, aunque independiente y poco dispuesta a dejar que la coaccionen los convencionalismos, tampoco la veo como para liarse la manta  a la cabeza y hacer lo mismo que la ha llevado a apartar a Alfonso de su lado.
Pero especialmente porque tapar un despropósito con otro significaría, en mi opinión, un enorme error de cálculo.
Lo cierto es que en los malos momentos un hombro sobre el que apoyarse creo que puede ser una buena cosa. Otro tema es quien es el escogido para ello, que normalmente suele ser alguien de entera confianza, ya que sincerarse, dejando los sentimientos al descubierto, no es fácil sin tener la absoluta seguridad de que el interlocutor sabrá escuchar, aconsejar y comprender. Sin embargo Emilia ha optado por un hasta hace poco desconocido, y encima hombre, lo que es algo cuando menos sorprendente, teniendo como tiene a gente con la que podría desahogarse, como su propio padre. Pero también es cierto que casi todos los que conforman su círculo más cercano tienen vínculos con Alfonso, y quizás esto la haya llevado a sincerarse con alguien que puede mirarlo con más perspectiva. O simplemente porque enseguida se ha establecido entre ella y César un feeling especial, que no hay que confundir con otros sentimientos.

26 de noviembre de 2015

Alegato para Emilia

Desconozco la edad de las personas que comentan sobre la trama de Alfonso y Emilia, pero no creo que esto sea lo más importante, ni decisivo, para explicar unas determinadas opiniones. El tema de fondo es que, sin querer entrar en descalificaciones y haciendo constar que es solo mi opinión, me estoy dando cuenta que se aplica un rasero diferente en el caso de uno y el otro, que trasladado a la vida real hace que se haga patente que, de alguna manera, aún perdura en nuestra sociedad un cierto sentimiento patriarcal, y que ello no distingue en edades, ni en géneros.
En estos días que se habla del tema del machismo y de sus consecuencias, una se da más cuenta de que hay actitudes que se siguen llevando implícitas en nuestra cultura, y que ésta sigue siendo en buena parte misógina, de hombres para mujeres. Por supuesto se ha avanzado mucho en temas de igualdad, pero si las mismas mujeres no tomamos conciencia que de alguna manera somos cómplices de ello y no nos levantamos para cambiar mentalidades que aún perduran, nunca se podrá avanzar lo suficiente.
Todo ello viene a cuento por lo que encabeza este comentario. En realidad no deja de sorprenderme que haya quien piense que Emilia se está pasando con Alfonso y que tendría que ceder. Incluso he llegado a leer que tampoco es para tanto lo que ha hecho el hombre, afirmación que, por supuesto, no comparto en absoluto. Porque no es solo el hecho, sino que se trata de una traición, se mire por donde se mire, y además el hombre no ha reparado en el daño que podía infringir, anteponiendo sus instintos primarios a todo lo demás. Lo que hace aún más injustificable su proceder, si es que se puede justificar de alguna manera que después de intentar traspasar su sentimiento de culpa a Emilia por un tema del pasado, mentirle durante semanas, dejarla plantada en más de una ocasión, rechazar sus intentos de acercamiento y finalmente consumar su infidelidad, ahora pida hacer borrón y cuenta nueva de la noche a la mañana, pretendiendo que Emilia no se lo tenga en cuenta.
Por supuesto me alineo al lado de Emilia, y puedo entender cómo se siente. Otra cosa es que en este caso de ficción, la trama pueda antojarse larga y aburrida pero, vista desde una óptica de la vida real, a mi entender está siguiendo una progresión lógica. Porque aquello de que el amor lo puede perdonar todo no creo que sea una afirmación que no pueda ser discutida, aunque también es cierto que hay que distinguir cada situación o contexto. Y el amor también se puede acabar, o al menos experimentar un cambio. Pero lo que no se puede pedir es que en nombre de este sentimiento se gire la vista hacia otro lado.   
También dicen que el tiempo puede curar las heridas. Y en todo caso Emilia es lo que està pidiendo: tiempo

13 de noviembre de 2015

¿Acercamiento o impasse?

Se dice que el verdadero amor nunca muere, aunque esta sea una afirmación que considero cuando menos cuestionable (a menos que uno/a sea una romántica empedernida). De hecho considero que el amor también se puede acabar, como todo en la vida. Asimismo se dice que una situación límite puede volver a hacer volver a aflorar unos sentimientos que permanecían en stand by, y que podían haber quedado ahí para siempre de no darse unas determinadas circunstancias.
Esto último si lo creo posible, y vendría a ser lo que le sucede ahora a Emilia, que cuando ha visto que podía perder a Alfonso, se ha dado cuenta que no podía asumir alejarse de él. Pero creo que en esta situación se conjugan otros sentimientos y es que ni el odio, ni el rencor han hecho mella en ella, solamente la decepción, el desengaño e incluso la duda de si ha tenido parte de culpa en la situación.
Así que puedo entender que, en un momento crítico, Emilia solo piense en el bienestar de Alfonso y no en lo que ha sucedido entre ellos. Porque una cosa es que éste le haya ocasionado mucho dolor con su infidelidad, y otra es perderlo para siempre. Esto último es algo muy difícil de asumir, a pesar de que no hace mucho incluso se había planteado el pedirle que se fuera.
Sin embargo no creo que esta situación vaya a suponer borrón y cuenta nueva. Al menos considero que no tendría que ser así para un personaje como el de Emilia, con una personalidad fuerte e independiente. Evidentemente la intención de esta trama es reivindicar la figura de Alfonso, que interponiéndose entre una bala y su mujer, e impidiendo que ésta resultara herida, ha llevado a cabo un enorme acto de generosidad. Y, aunque sea adelantarme a los acontecimientos, veo muy posible que después de los cuidados y el mimo de su esposa el hombre acabe confundiendo los sentimientos, haciéndose una idea (creo que equivocada) de que ésta ha dejado atrás el error cometido por él. Pero esto es algo que creo no va a suceder, aunque también cabe la posibilidad de que las cosas hayan cambiado y ahora sea más fácil encontrar un punto de equilibrio que permita reconducir su relación. 
Pero jamás podrá volver a ser lo mismo. Quizás Emilia perdone, pero olvidar ya es otra cosa. Es cierto que el tiempo puede llegar a curar las heridas, pero siempre quedará la cicatriz para recordarlo. 

25 de octubre de 2015

Historias que se apagan

Incluso en el mundo real, cuatro años pueden dar para mucho y muy variado, para ir a mejor o a peor, para que la vida sufra un vuelco total o siga todo igual. Y PV no puede ser una excepción si quiere seguir en el candelero.
Así hemos visto como durante este tiempo se han sucedido muchas historias, se han acabado unas, algunas han quedado inconclusas, y también han empezado otras. Pero de la original ya no queda mucho, salvo la incombustible Francisca, el Raimundo que da vaivenes de un lado para otro, D. Anselmo siempre apagando fuegos y Rosario relegada a escasos momentos de visibilidad. Y, por supuesto, Alfonso y Emilia. Los demás, incluidos los Mirañar, Mauricio y Mariana, han desarrollado otras historias, o están en ello.
Y se están abriendo paso otras historias que han de tomar el relevo, que se supone tienen el reto de devolver la ilusión de aquellos momentos que los que andamos más bien escasos ahora. O de aquellos que se han perdido por situaciones quizás no muy bien calibradas. Y entre ellos destacar la trama actual de Alfonso y Emilia, que como pareja, ya no sólo romántica, tiene toda la pinta de haber perdido la valoración de la que gozaban antaño. Por supuesto diferenciando a los dos integrantes porque, por separado, mientras el personaje de Emilia se engrandece, el de Alfonso va a sufrir para recuperar aunque sea un mínimo de credibilidad (si es que lo consigue alguna vez).
Entiendo que la intención era volver a dar visibilidad a estos personajes, pero se ha recurrido a ponerles ante una situación compleja, ya no solo en la ficción sino que también lo sería en la vida real. Porque una infidelidad puede ser perdonada, pero difícilmente olvidada. Y encima, y aunque nunca se puede admitir una justificación, mucho menos cuando (como en este caso) es tan poco consistente. Lo único de bueno de todo ello ha sido volver a ver en acción a una gran actriz como Sandra Cervera, capaz de imprimir a su personaje una gran fuerza. La de Emilia, una mujer fuerte y de carácter, que sabe hacer frente a la vida con determinación y coraje, que lucha con fiereza por los suyos. Y que no se deja hundir por la adversidad.

20 de septiembre de 2015

Un paseo por PV

No sé si me han abandonado las musas (aunque suene algo pretencioso decirlo), o si se trata de que ya he dado mi opinión sobre los temas que considero más candentes y volver sobre lo mismo, aparte de no aportar nada nuevo, implicaría repetir argumentos ya esgrimidos. O quizás es que no haya demasiado sobre lo que opinar. El caso es que por más vueltas que le doy no consigo encontrar un tema que me llame la atención lo suficiente como para explayarme sobre ello.
Podría volver sobre el tema de Alfonso y su infidelidad, pero creo que no hay mucho más que decir, excepto que considero que han llegado demasiado lejos como para que pueda volver a mirar al hombre de la misma manera que antaño. Especialmente después de ser testigo de cómo excusa su mala conciencia traspasando las culpas a Emilia, lo que le convierte en una persona que no merece más que calificativos negativos. Por cierto, aprovecho para destacar la interpretación de Sandra Cervera, que si ya es una magnifica actriz siempre, en estos capítulos está destacando con autoridad.
También podría hablar de la hasta ahora mezquindad de Dolores, que ha necesitado que Gracia le pusiera las peras al cuarto para que aprendiera a respetarla, y de paso viera la realidad de su hijo y que finalmente aprendiera a anteponer el bienestar de éste a las habladurías y la moral imperante. Además de hacerse a la idea que no puede seguir pretendiendo tener a Hipólito bajo sus alas indefinidamente, porque éste ya es lo suficiente maduro para volar por si solo y buscar su lugar. El que parece haber encontrado al lado de Gracia, y con ello la felicidad que no está dispuesto a dejarse arrebatar, la que ha hecho que se haya puesto al mundo por montera.
Tampoco es fácil hablar de Rosario o de D. Anselmo, cuyos personajes son casi de relleno, igual que ahora mismo lo son los de Mariana y Nicolás, que han pasado a no tener casi visibilidad en las tramas. Igual que Ramiro, que aún ahora me pregunto cuál es el propósito por el que le trajeron a la serie. (Por supuesto no cuestiono al actor y me alegro que esté ahí)
O quizás el tema podría ser Francisca. Pero lo cierto es que no me apetece demasiado hablar de ella, y además me es bastante indiferente el desarrollo de su trama. Algo, esto último, que tampoco es muy original porque ya lo hemos visto con anterioridad y casi calcado, con algunas ligeras variantes en el caso de Raimundo, que otra vez tiene su parte de culpa en la desaparición de la doña. Lo cierto es que me da la sensación que para darle protagonismo a Francisca ya no saben que inventarse, lo que me ratifica al mismo tiempo que este personaje ha dejado de ser imprescindible. Es verdad que ha sido crucial para dar entrada a Severo y a su venganza, algo que aún ahora está en el aire, pero podría pasar a segundo plano porque éste tiene otros frentes mucho más interesantes para desarrollar que el de darle las vueltas a un tema ya gastado. Además los personajes que de alguna manera penden de Francisca, no es que disfruten precisamente de mejor concepto, ni protagonismo. Raimundo no goza de esto último más que en contadas ocasiones y Mauricio tres cuartos de lo mismo, aparte de que está quedando patente que éste tiene tanto de grandullón como de rastrero, confundiendo la fidelidad con la ciega obediencia.
¿Pero qué esto? Llegados a este punto si que descubro que hay de que escribir (de hecho es lo que estoy haciendo), y que hay temas que aún pueden dar mucho de sí. Por supuesto si no los estropean.

Está la incipiente historia de Lucas y Sol, una relación con dos personajes que derrochan complicidad, química y sentimientos. Una pareja que brilla con luz propia, dos personajes totalmente transparentes, sinceros, que llevan instalada la sonrisa y que saben sacarle jugo a la vida a través del buen humor. Que en sus escenas íntimas hacen brillar la ternura y la pasión, sin caer en el exceso. Y no es mojigatería, pero se agradece que sea así, porque también el romanticismo es importante
También está la aún más incipiente relación entre Severo y Candela. De hecho ni siquiera existe en el sentido literal del término, aunque ya se van sentando las bases para ello. Eso sí, de manera muy lenta (lentísima para mi gusto). A pesar de que es algo que es muy evidente para todo el mundo, excepto para los interesados, que parece que se resisten a admitirlo. Pero también en este caso la historia es interesante. Dos personas con un cierto bagaje, que están aprendiendo a conocerse y a establecer unos estrechos vínculos a través de la confianza mutua y el respeto, que gozan de la mutua compañía ….y que han sufrido mucho en la vida y ya merecen alcanzar la felicidad.
Y quizás en el futuro exista la pareja de Bosco y Berta. En realidad esta todavía es una conjetura, porque nada ha sucedido para pensar en esta posibilidad. Pero algo tendrán que hacer con Bosco, un personaje que ha sufrido muchos altibajos y que ahora vuelve a estar en la picota por su otra vez acercamiento a Francisca, a pesar de todo lo que ésta le ha hecho a él y a Inés, sin contar al resto de la familia.
Ah, me olvido de Matías y Prado!!. Pero esta pareja también anda en un impasse. Aunque también es cierto que su relación está condicionada por su edad y por tener vigilantes que les impiden ir demasiado lejos.
(Uf, no sabía que decir y casi, como diría Lucas, me ha salido el primer tomo del Quijote)

21 de julio de 2015

Borrar recuerdos dolorosos

No creo que a estas alturas se pueda poner en duda el amor que se profesan Alfonso y Emilia, un sentimiento que se dice que lo cura todo y que está por encima de todo. Por lo que es bastante inconcebible que no haya sido capaz de borrar el recuerdo de días aciagos, igual que lo es que en Alfonso el recuerdo de aquellos tiempos siga siendo motivo de desasosiego, aunque haya callado sin dejar entrever nada.
Pero es bastante difícil de creer que, en dieciocho años, en ningún momento haya salido a relucir un tema que ya tendría que ser solo algo perteneciente al pasado. Y si lo hubiese hecho, sin que ello produzca sufrimiento, solo la sensación de un mal recuerdo que hay que dejar atrás.
Que suceda lleva a una consideración no muy agradable, y es que Alfonso está demostrando una falta de confianza que habría de inquietar a Emilia. Una pareja tendría que ser capaz de explicarse todo, y ello incluye cualquier tema, por espinoso que sea. Con esta actitud da la sensación que Alfonso que jamás ha perdonado del todo a la chica que un día lo dejó de lado para caer en las redes de un desaprensivo, y aunque después supo rectificar, quedó Maria para convertirse en el recuerdo viviente. Por supuesto no pongo en cuestión que Alfonso quiere a Maria como si fuera su propia hija.
Pero predicar con el ejemplo que ha puesto a Prado con respecto a perdonar y olvidar, no es precisamente lo que hace ahora mismo.
También es cierto que este mismo recuerdo es el que ha asaltado a l@s espectadores al reconocer en la trama de Matías, Prado y Sixto, la misma historia. Y hacer que Alfonso vuelva a revivir aquellos días es una buena excusa para dos cosas: para desviar la atención precisamente del hecho que significa repetir situaciones ya vividas, y por otra parte darles algo de visibilidad a una pareja que la tienen solo ocasionalmente.
De todas maneras espero que ello no signifique que pierdan de vista el principal problema y sepan dejan momentáneamente al margen los suyos. De hecho Emilia ya ha sabido sobreponerse y agarrar el toro por los cuernos amenazando a Sixto. Ahora Prado les necesita. Y también Matías.
Por cierto, y ya que hablo de este último. Creo que los guionistas han perdido una buena oportunidad de hacer más bonita esta trama de la llegada de Matías. Evidentemente no es lo mismo un bebé que un chico adolescente, pero admito que he echado en falta más escenas del estrechamiento de lazos entre padres e hijo.    

10 de julio de 2015

Vuelta al pasado

No es nada atípico que en esta serie se hagan reversiones al pasado, bien en forma de flashback o de recuerdo oral. Tampoco se trata de olvidar a quienes precedieron a los actuales integrantes de la misma, solo que a veces la continua mención cansa. Y no solo eso, sino que también el hecho de que vuelvan a dar situaciones calcadas a lo que ya se ha visto. Algo que evidentemente puede suceder ocasionalmente, aunque en esta serie se produzcan con inusitada frecuencia.
Sin embargo una cosa son los recuerdos, bueno o malos, y otra es haber guardado en la recamara algo durante todo este tiempo, para sacarlo ahora. Y es sorprendente que sea precisamente en una pareja como Emilia y Alfonso que esto suceda, cuando parecían tener una relación consolidada y sincera.
Bueno, a decir verdad quizás no sea exactamente así. Parece que Emilia ocultó durante años a Alfonso los verdaderos motivos para dejar a María en La Casona, impidiendo a éste ejercer de padre con todas las consecuencias. Algo que Alfonso supo perdonar, al conocer la verdad.
Sin embargo el tema de Severiano parecía ya cerrado y no se entiende que ahora se vuelva a desenterrar, y que además siga haciendo daño a Alfonso.
Nada se sabe del hombre durante este tiempo, ni siquiera que se haya interesado en algún momento por su hija (aunque desconozco si sabía que ésta existía). Y aunque entiendo el paralelismo que a Alfonso no le ha costado establecer, es algo del pasado que tendría que haber quedado atrás, porque no creo que tenga dudas acerca de los sentimientos de Emilia.
De todas maneras espero que los árboles no les impidan ver el bosque, y que hagan que este pasado aciago se quede dónde está. Además haciendo todo lo posible para que no vuelva a suceder, aunque sea con otros protagonistas.
En esta ocasión Alfonso si puede ejercer como el padre que es, velando por su hijo y no permitiendo que le hagan sufrir. Al igual que puede ejercer de tío responsable de Prado, especialmente teniendo en cuenta que ésta no es más que una adolescente sin mucha experiencia de la vida, a la que es fácil engatusar con palabras bonitas. Algo que Matías también sabe utilizar, aunque sus intenciones sean mucho más inocentes, lejos de pretender lo que mueve aparentemente a Sixto.
De hecho sería bastante irresponsable por parte de él y de Emilia, que viendo a las claras lo que sucede, además de conocerlo por boca de Matías, permitieran por omisión, que la chica cometa un error irreparable. Solo ellos pueden evitarlo, porque Prado en su tremenda ingenuidad está dejando que el calavera de Sixto la envuelva con su seducción.
Otra cosa es que desenterrando los fantasmas del pasado, olviden que tienen a su cargo a un par de jóvenes que les necesitan. 

21 de mayo de 2015

La familia Castañeda crece


Poco puedo añadir sobre el tema de Matías y Prado a lo que ya se ha escrito, en particular mi querida Mar en su blog.
Yo también coincido en las expectativas que ha despertado esta trama, que de entrada tiene unos ingredientes que captan la atención: juventud, inocencia y algo completamente nuevo: unos personajes que crean empatía inmediata y sin necesidad de caer en temas recurrentes. No hay amor a primera vista, sólo una especie de atracción que entra dentro de la normalidad de dos jóvenes que acaba de conocerse y comparten el mismo camino.
Si algo no lo estropea, considero que esta nueva posible pareja tiene muchas posibilidades. También es cierto que de alguna manera retrotrae a la de Martín y Maria, que considero supieron llevar con bastante tino (a pesar de los múltiples obstáculos que se sucedieron), cosa que no ha sucedido con tanta fortuna en otras posteriores.
Además Matías es quizás de los pocos personajes que han sabido adaptar a la edad que se supone que tiene. Y alguien que a pesar de haber pasado una vida de penalidades al lado de alguien no precisamente ejemplar, conserva intacta una naturaleza pura, además de una alegría contagiosa, una curiosidad innata, un carácter afable y cercano y una mente despierta. Y caudales de ternura. Sin olvidar que puede conseguir de rebote que otra trama como la de Emilia y Alfonso salga del sopor en la que está instalada. Convertidos en padres de un adolescente, su vida tiene todos los números para pasar a ser de todo menos tranquila, aunque seguro que van a disfrutar también de ejercer esta renovada condición, y volver a ser llamados no por su gentilicio si no por su parentesco.   
Por supuesto también hay que hacer inciso en el caso de Ivan, que ha demostrado que, a pesar de su juventud, tiene madera para llegar muy lejos. Y este también puede ser un factor importante.
De verdad que espero que esta trama algo de luz a la serie, junto con la de Hipólito y Gracia y con el concurso impagable de Fe, que cada día se supera. Sin ellos y sus momentos, ahora mismo sería muy difícil seguir la serie sin caer rendida al aburrimiento. Como dice mi querida Mar, poco de lo que sucede tiene sustancia y casi todo es oscuro y tenebroso, especialmente en lo que se refiere al Jaral, una casa cuyos habitantes viven sumidos en la congoja continua y que parecen haber contagiado al resto. Y ahora encima tenemos que unir a todo ello a los habitantes de la Quinta Miel Amarga. Mientras que paradójicamente, La Casona, el lugar de donde parten la mayoría de las desdichas para los demás, vive momentos especiales, que incluso se contagian a la parte baja de la casa, donde Fe y Mauricio no acabar de creer lo que sucede.  


19 de mayo de 2015

Una tregua salomónica

Para la salud mental de tod@s, incluida la de los espectadores, ha sido bueno que se cerraran semanas de darle vueltas a lo mismo, y Emilia y Raimundo acercaran posiciones, dejando de lado sus querellas. Y además considero que han sabido encontrar la fórmula correcta, porque ninguno de los dos se ha visto forzado a renunciar a sus propias convicciones.
En días pasados ya expuse mi opinión de que no me gustaba el hecho de que indirectamente se diera la impresión que era Emilia la que no daba su brazo a torcer, a pesar de que es la que tiene más motivos para sentirse traicionada. Ahora lo han enmendado, porque ésta, sin ceder en sus sentimientos de rencor hacia la doña, ha sabido encontrar el punto medio con el que reunirse con su padre. No dejando que Francisca condicione su relación con Raimundo, pero manteniendo una postura inalterable en cuanto a su rechazo del hecho que éste conviva con la mujer que les ha hecho tanto daño a ella y a su familia.
No creo que nadie pueda censurarla porque en su corazón no haya lugar para el perdón a Francisca, por mucho que Raimundo parezca haber perdido la memoria. Considero que todas las personas tienen derecho a tener sus propias opiniones y sentimientos, y no ha lugar para que tengan que seguir el dictado de los demás solo por el hecho de que les una un lazo familiar. Emilia puede aceptar la decisión de Raimundo, dejar que éste siga el camino que ha elegido, sin intentar entrometerse ni convencerlo, pero no tiene por qué ceder también en lo que siente hacia la doña.  
Otro tema es Raimundo.
Aunque él piense que por primera vez está haciendo lo que desea, me vienen a la mente varias cosas.
La primera es que si bien al parecer piensa que ahora está siguiendo lo que le dicta su corazón, no creo que pueda afirmar que realmente se siente realizado cuando ello le ha llevado a alejarse de su familia y amigos. Por supuesto, a estas alturas de su vida no se le puede censurar que sea egoísta y desee agotar los últimos cartuchos para intentar ser feliz, pero ¿lo será realmente si una parte de su existencia queda relegada a segundo plano?
Otro tema es lo que implica la afirmación anterior. Es cierto que hacer lo que uno/a desea es una aspiración, aunque la mayoría de las personas no consiguen jamás este propósito. La vida con frecuencia suele llevar por derroteros no previstos y provocando que lo que se anhele tenga que posponerse o dejar en manos de un futuro incierto. Pero afirmando que es ahora cuando hace lo que realmente quiere, de alguna manera está dando carpetazo a su vida anterior, en la que, sin pretender tergiversar las cosas, parece que no cuentan los buenos momentos vividos por ejemplo, con sus hijos.
Y vuelvo a lo anterior. Quizás no era esta la vida que Raimundo había pensado, el futuro que había anhelado, pero la vida escoge por uno/a y hay que aceptarlo. Aunque por supuesto no pretendo decir que haya que resignarse, además cuando se presenta la oportunidad de cambiarlo.  
Pero hay otro tema de fondo y que englobaría los dos anteriores. ¿No será que está cansado de su vida y desea darle un cambio, agarrándose a algo feliz que sucedió en el pasado, pero que ya no puede reeditarse? Por mucho que se empeñe, ni él ni Francisca son los mismos, han sucedido muchas cosas en estos años, muchos desencuentros, y además hay muchas cosas entre ellos que silencian. Por cierto, casi tuve un sobresalto cuando Francisca sacó el tema de María y Esperanza, porque por un momento tuve la sensación que Raimundo iba a contarle la verdad. Cosa que tuvo la lucidez suficiente para no hacer. Otro cantar es Francisca, que sigue con sus manejos al margen de Raimundo, diciéndole una cosa y haciendo otra. Y lo peor es que éste lo sospecha, pero al parecer prefiere mirar hacia otro lado. 

10 de mayo de 2015

El cartel para San Mamerto

Creo que solo Emilia conoce al verdadero Hipólito. Al menos es de las pocas personas que no le trata con condescendencia, ni se burla de él por sus ideas a veces alocadas; que sabe tratarle como un hombre, no como un niño grande. Es cierto que, aún a su edad, Hipólito no ha perdido un cierto punto de inocencia y candor, pero creo que es más por la férrea sobreprotección de su madre, y en menor medida de su padre (unido a que es evidente que a él mismo ya le viene bien está situación, más que nada por comodidad), que porque realmente sea corto de entendederas. Más de una vez ha demostrado que tiene una cierta cultura, que es una persona leída y que es capaz de pensar por sí mismo; así que las continuas alusiones a sus pocas luces, que en primer lugar suelen provenir de sus propios progenitores, además de no ser ciertas, son un insulto a un chico que puede dar mucho más de si de lo que casi tod@s piensan. Excepto Emilia, y quizás Mariana.
Emilia es una verdadera amiga, alguien que es capaz de dejar de lado (aunque sea momentáneamente) sus preocupaciones, para acudir al rescate de un amigo. Ha estado bien afeándole a Gracia el desprecio hecho a Hipólito, y hacerlo sin grandes aspavientos, pero logrando que la mujer fuera realmente consciente de su actitud injusta, aparte de que se diera cuenta del esfuerzo que ha supuesto para éste enfrentarse a sus miedos. Pero lo mejor de todo, ha sido hacerla consciente de algo mucho más importante: Hipólito la ha pintado con el corazón, lo que da cuenta de lo importante que es para él. Aunque aún no lo haya descubierto.
Aunque en realidad Gracia e Hipólito quizás sean tal para cual. Porque si él puede pecar a veces de algo ingenuo, ella no le va a la zaga.
Pero si lo piensas bien, ponerlos a la misma altura es totalmente injusto para el hombre. Evidentemente es algo sobre lo que se ha pasado muy de puntillas, porque Gracia precisamente ha hecho esto: caer en “gracia”. Pero se olvida que su interés por Hipólito, al menos al principio, no era gratuito, y que no es más que una persona contratada por Dolores para entretener a su hijo. Algo, por cierto, de lo que ésta no creo que haya calibrado las consecuencias, porque puede ser peor el remedio que la enfermedad, y cuando se descubra la verdad puede infligir más daño a su hijo.
Realmente es una de las cosas que se dan en esta serie y que acaba siendo motivo de reproche: que siempre haya quien piense que puede arreglar la vida de los demás, decidiendo lo que considera conveniente para éstos. Como si las personas no tuvieran su propio albedrío para escoger el camino a seguir.
Pero volviendo a Gracia. No es reprochable que desee cambiar su vida y prosperar, pero lo cierto es que ha sucumbido a los cantos de sirena con mucha facilidad y sin otra garantía que la palabra de un charlatán, además con unos propósitos no muy claros. También es cierto que desde tiempos inmemoriales el desnudo y el arte se han dado la mano para crear obras que han pasado a la posterioridad, y que no tienen nada de obsceno, pues los cuerpos masculino y femenino también pueden trasmitir belleza. Y quizás en este caso tachar al pintor de tener segundas intenciones quizás es ir un poco lejos, pero mejor no llegar a ello. O al menos esta es la conclusión a la que parece que ha llegado Hipólito.
Aunque tampoco se sabe cuánto tiene que ver en ello el hecho de preservar a la mujer de las habladurías que inevitablemente se iban a dar.

30 de marzo de 2015

La decisión de una hija

Relativizar unos graves hechos solo porque uno/a está cansado de luchar, o porque desea pasar página e intentar ser feliz, puede ser una opción personal. Pero esperar que además sea comprendido creo que ya es pedir demasiado.

Por supuesto todo el mundo tiene derecho a tomar sus propias decisiones, pero ateniéndose a las consecuencias de ello. Porque si uno toma un determinado camino que afecta a otras personas, no puede esperar al mismo tiempo que su voluntad se imponga. Ya que también pueden existir otros criterios igual de válidos y razonables.

Que Raimundo esté dispuesto a perdonar y olvidar no implica que los demás también tengan que estar dispuestos a hacerlo sólo por él. Ni creo que deban hacerlo, porque el perdón se otorga de manera espontánea, y siempre que la otra parte haya dado muestras de arrepentimiento o de propósito de enmienda. Que la doña haya ido a pedir perdón a Emilia solo es una muestra más de su cinismo, cuando ya de entrada niega unos hechos probados, lo cual es un síntoma de no asunción de ello. Y por lo tanto no puede haber arrepentimiento.
Y, por descontado, no creo que Emilia sea irracional con su actitud. Evidentemente no puede pretender que Raimundo se plegue a su voluntad, porque éste ya es lo suficiente mayor como para tomar sus propias decisiones. Y quizás tampoco puede pedirle que escoja, por el mismo motivo. Pero si puede no estar de acuerdo con la decisión de su padre, y también está en su derecho a anteponer su dignidad y no aceptar que la mujer que ha arruinado su vida y la de su familia, ahora se acerque a ellos a través de Raimundo. 

Naturalmente en este pleito estoy a favor de Emilia. Porque no se trata solo de presunción de hechos sino de certezas comprobadas, lo que la doña ha perpetrado contra miembros de su familia. De su propia familia. Y evidentemente esto no se puede olvidar, ni mucho menos perdonar. Aunque se apele a la caridad cristiana, como ha hecho D. Anselmo, porque estas dos palabras no casan en absoluto con Francisca, y mucho menos con la idea que se deriva de ello.

Otra cosa es que Alfonso intente mediar. Evidentemente no creo que haya fisuras en su apoyo a su esposa en este tema, con la que comparte opinión, pero es claro que ve el dolor que causa a Emilia esta situación. Y entiendo que quiera que ésta salga de este pozo. Aunque ahora mismo solo veo una solución: que la convenza para que deje marchar a Raimundo, y que éste cargue con las consecuencias de su decisión. Y que mantenga una puerta abierta para que si éste se equivoca pueda volver.   

27 de febrero de 2015

No es fàcil olvidar

Estoy leyendo con sorpresa que ahora algunos dardos envenenados van en dirección a Emilia, por intentar que su padre se aleje de Francisca. Y la verdad no sé cómo tomármelo, teniendo en cuenta mí ya expuesta opinión sobre la renacida relación entre Raimundo y la doña. De hecho ni siquiera tenía intención, ni deseos, de volver sobre un tema que me parece un sinsentido. Pero a la vista de lo dicho anteriormente, me he decidido a hacerlo, aun sabiendo lo que supone tocar ciertos temas delicados. Que, por supuesto, es algo que no me va a coartar para dar mi opinión.
Aceptando que Raimundo ya es lo suficientemente maduro como para tomar sus propias decisiones y que si ha optado por la postura de hacer su voluntad pasando por encima de todo y todos, considero que nadie puede cuestionar su libertad legítima. Otra cosa es que moralmente sea aceptable.
Por mucha música suave de fondo que pongan, por mucho paisaje romántico y trinos de pájaros que envuelvan las escenas, por mucha poesía que pongan en los diálogos, no creo que casi nadie olvide quien es Francisca y lo que ha hecho. Y por mucho amor que se pretenda que existe, el olvido es algo que cuesta dejar atrás.
Y aquí es donde entra Emilia, ya que a veces parece que a Raimundo algunas cosas le son ajenas. Cierto que ésta también ha hecho algunas cosas reprobables, pero creo que en los últimos tiempos ha reparado su error con creces y ha demostrado que también es una madre. Y difícilmente a una madre le pueden hacer tragar con ruedas de molino y aceptar que la persona que tanto daño ha procurado a su familia y casi acaba con alguno de sus miembros (que para más inri también son los propios) ahora sea el centro de la atención de su padre. En mi caso admito que, de encontrarme en una situación parecida, no le iba a volver a dirigir la palabra a éste en la vida. Y algo se barruntará Raimundo de ello, cuando ha decidido buscar a Francisca a escondidas, como dos adolescentes inmaduros o dos abuelos perdiendo el norte. Que no digo que en la vejez no puedan existir estos sentimientos, pero a estas alturas cuesta creer que hayan sobrevivido a tanto desencuentro y alejamiento. Quizás es porque mi natural no es muy romántico y opto por intentar ver las cosas desde una óptica menos emocional, por lo que creo imposible que después de lo acontecido entre ambos, sus sentimientos sigan teniendo la misma intensidad de antaño. Vamos, que igual que Emilia, yo tampoco comulgo con esta situación para nada. 
Pero ya que el tema era ésta, aunque me haya ido por los cerros de Úbeda, vuelvo a ello. Porque tampoco a Emilia le pueden discutir la legitimidad de intentar hacer algo por su padre. Evidentemente lo ve desde otro punto de vista diametralmente distinto al de éste, aunque creo que es ella la que tiene los pies en el suelo ya que sabe, por experiencia propia, que Francisca y sufrimiento son invariablemente la misma palabra. Quizás no sea ahora, cuando la doña y su padre andan en pleno delirio juvenil, pero casi se puede aventurar que volverá a suceder a no tardar. Es el sino de esta pareja, y Francisca no ha cambiado, ni va a hacerlo (de hecho demuestra cada día que es implacable y despiadada). Así que amor es un concepto que en su boca casi suena a sacrilegio.  

24 de febrero de 2015

El valor de la amistad

Puente Viejo no es solamente las historias de amor. Paralelas a estas se producen otras que periódicamente saltan a escena, y que demuestran también otros valores como el de la amistad. La verdadera amistad, la que no tiene otra intención que la de estar ahí para lo que haga falta, y que no tiene condicionantes ni de edad, ni de género. También es cierto que, como el caso de Emilia e Hipólito, influyen también otros factores como es la ternura que provoca el personaje del hombre, un niño grande al que todos perdonan y entienden sus ideas descabelladas, pero que ha dejado traslucir muchas veces que no es tan borrico como se pretende.
Quizás por la misma idea, la gente no se apercibe lo suficiente de que Hipólito es una persona como las otras, que también sufre y tiene malos momentos. Porque sea alguien divertido y estrafalario no significa que sea más insensible a los hechos que le atañen. Más en este caso, cuando ha sido traicionado y humillado.
Y no es que escenas entre Emilia e Hipólito sean nada nuevo. Siempre han tenido una amistad especial que se denota en el cariño con el que se tratan. Hipólito suele llamarla “bella Emilia” y ésta no duda en devolverle el requiebro con una luminosa sonrisa.  
Pienso que la escena vivida en el colmado ha sido preciosa. Es verdad que Dolores está preocupada por su hijo, porque es consciente de por lo que está pasando éste. Y a su manera está intentando ayudarle, aunque no lo haga con mucho tino. Por ello el valor de la amistad de Emilia cobra mucha más fuerza, porque aun siendo de edades parecidas, ésta es casi como la hermana mayor. 

24 de enero de 2015

Las historias de amor de PV

No soy muy dada al tipo de series en el que se puede incluir PV, por lo que solo puedo conjeturar sobre la posibilidad de la existencia en el amplio abanico de propuestas de este género, y en cada una de las mismas, de una o varias historias de amor romántico, que además en algunos casos serán imposibles o difíciles de llegar a buen puerto. Vamos, como sucede en PV.
Pero seguramente también habrá historias  con finales felices, y espero que la de María y Martin sea una de ellas. Aunque el desenlace, que cada vez se vislumbra con mayor claridad, se antoje algo así como una despedida por la puerta falsa, al no poder seguir con sus vidas en PV (evidentemente las razones en la serie son unas y en la realidad, que es la que se impone, otras. Y probablemente la que se ha buscado era la mejor opción, antes que tirar de métodos más drásticos).
Martín y María, con su pequeña hija Esperanza, estarán juntos y serán felices. Pero lejos de los suyos.   
En realidad se podría decir que PV es un conglomerado del tipo de historias antes mencionadas, pero con un desarrollo muy diferenciado. No hay una igual a otra, ni un final igual a otro.
Aparte de la anterior, que considero una de las más preciosas que se han dado en la serie, al igual que sucede con la de Pepa y Tristán, actualmente existen otras que permiten seguir creyendo en el amor como núcleo central, aunque a veces quede obscurecido por las desgracias, que también son algo recurrente. Sin olvidar los guiños que se hacen al contexto histórico, pero que hacen de esta serie algo más que una simple telenovela.

Existe la historia de amor de Emilia y Alfonso, que ya está consolidada, igual que la de Pedro y Dolores (a su manera) o la de Mariana y Nicolás (que aún podría tener algún sobresalto, pues existe un secreto de éste que permanece latente, como es el de su origen y su familia). También las hay, que a pesar de haber sido muy bonitas en su momento, se han roto, como la de Hipólito y Quintina (también por razones ajenas a la serie), o las que aún no han empezado y que además parece que van a necesitar un empujón, como la de Fe y Mauricio.  Y, aunque ahora mismo no haya ningún indicio de que vaya a suceder, me gustaría pensar que en esta relación pueda incluirse también algún día a Candela, un personaje que aún puede tener su momento para vivir otra vez estos sentimientos.
Pero hay otras tres parejas de las que aún es más difícil predecir el futuro, porque además intervienen otros factores, como un tercero o tercera en discordia, o como en el caso de Raimundo y Francisca un montón enorme de desencuentros, malas decisiones, rencores extremos,...y especialmente y por parte de la mujer, un corazón endurecido e incapaz de aceptar sus errores.
Aunque creo que tendría que pasar algo muy excepcional para que estos últimos tuvieran otro final que no fuera seguir alejados. Quizás hubo un tiempo que les unió una gran historia de amor, pero no veo que ello tenga ninguna posibilidad de renacer. Dos personas maduras, con un amplio bagaje a sus espaldas, no creo que puedan aspirar a reeditar un amor de juventud, por muy grande que fuera, cuando después solo ha habido odio y rencor. Han pasado lustros alejados, no solo físicamente, y han tenido tiempo de sobra para dejar atrás lo que no pudo ser, por lo que tampoco creo que pueda seguir latente nada de todo ello. Ni siquiera lo que les unía, que era su hijo, ahora existe.
Al tema de Bosco e Inés, que aparentemente se pretende que sea la continuación de las historias protagonistas, tampoco le veo un futuro nada esperanzador. Es una historia que considero no se ha trabajado con mucho acierto y, de momento, no parece haber cuajado. Además al existir Amalia, el protagonismo se ha desplazado a ésta, y Bosco apenas parece recordar algo que sucedió en un visto y ni visto, una relación que se desvaneció en un suspiro. Aunque, en este caso, este supuesto amor, que más bien se antojó el descubrimiento de una experiencia en la que pienso que el deseo jugó un papel importante, es posible que pueda volver a renacer. Y quizás algún día pueda consolidarse y ser realmente lo que se pretende.  Aunque si hay algo de lo que no tengo muchas dudas, es que tendrán que esforzarse mucho para ni tan siquiera acercarse a emular a las parejas que les han precedido. Y en ello incluyo a Aurora y Conrado, la tercera pareja de la lista.
Admito que es sobre la que me cuesta más escribir, porque me tengo que debatir entre lo que ya  es sabido sobre su futuro, y lo que sucede actualmente. Aunque lo cierto es que la realidad de esta pareja tampoco es tan halagüeña. Y mucho menos la actitud de uno de sus componentes, Aurora, que parece que, de pronto, se haya vuelto una adolescente insegura con sus propios sentimientos. Algo que no hace un año tenía aparentemente muy claros, pero que ahora se mueven en un mar de dudas que desgraciadamente son perfectamente visibles para Conrado. Y cuesta entender la deriva a la que han abocado a esta pareja, sin darles apenas un momento de tregua, y mucho menos la posibilidad de que esta historia que un día vendieron como algo que tenía que hacer temblar los cimientos de la serie, pudiera desarrollarse para que ello fuera cierto. Porque algo que partió de una premisa novedosa, como era la relación entre madurez e inexperiencia, y que podía haber sido una historia con un gran recorrido, ha acabado siendo engullida por otras historias que se han tejido a su entorno y que no la han permitido avanzar. Y ahora que se vislumbra el final, no parece que vayan a enderezarlo.