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26 de agosto de 2017

El fin de Los Manantiales

Inexorablemente se acerca el fin de una trama que levantó muchas expectativas y que al final ha acabado siendo un gran fiasco por la manera en la que la han llevado, por haber destrozado a casi todos los personajes principales (y algunos de subordinados), pero especialmente por la sorprendente decisión de finiquitarla un año y medio después de su irrupción en pantalla. Y encima inmersa en una espiral de situaciones complejas que van a quedar sin resolver. Además la sensación generalizada es que, de alguna manera, los protagonistas de Los Manantiales se van por la puerta de atrás como si huyeran, cuando en realidad quizás la respuesta sea la manifestación de una manera abrupta de resolver una situación que a los guionistas se les ha escapado de las manos.
Estoy convencida de que casi nadie esperaba algo parecido, a pesar de lo que hemos estado viendo en los últimos meses o semanas, con situaciones incomprensibles que han llevado a dar la vuelta a la personalidad de los personajes de Los Manantiales y situarlos en las antípodas de lo que fueron en sus inicios. Nada irremediable si se atajaba a tiempo…como hemos visto en otros personajes y con situaciones incluso más complicadas. ¿Acaso no nos hemos tragado un montón de sapos hasta ahora? Protestando, poniéndolo en cuestión y no aceptando según qué cosas,…pero al final dejándolo por imposible, y porque no vale la pena hacerse mala sangre por una ficción.
Sin embargo, y visto en perspectiva, se acaban descubriendo señales de que quizás en esta trama algo no funcionaba de la manera esperada y que algo de este estilo podía suceder, aunque atreverse a conjeturar el motivo que finalmente ha desembocado en el cierre sería un poco aventurado. Creo que más bien son un montón de cosas,…. aunque lo seguro es que nunca sabremos las verdaderas causas. Pero, por ejemplo, ¿alguien entiende porque Hernando apenas interactuaba con el resto de personajes, porque su espacio vital no se alejaba apenas de los confines de su casa? Una acaba llegando a la conclusión de que con este personaje, por los motivos que sean, han acabado utilizando el mismo recurso que con Inés: condenarlo al ostracismo. Cosa que con Camila ha sucedido en menor medida y que en Beatriz ha ido en otra dirección, pero con la misma (mala) fortuna.
¿Qué los actores no han estado a la altura de lo que se esperaba de ellos? También en esto hay diversidad de opiniones y no voy a entrar en ello, porque creo que el hecho de que la trama no haya dado el resultado esperado (algo por otra parte bastante cuestionable si me atengo a la visibilidad y seguimiento en las páginas de las redes sociales) no se puede cargar sobre las espaldas de ellos y ellas, sino que tienen buena parte de culpa unos guiones funestos (nunca mejor dicho por sus contenidos), que en base a la que parece la visión extendida de que se ha machacar sin piedad para mantener la tensión, han acabado malogrando la oportunidad de darnos algo diferente. Y dejando detrás un panorama desolador.
Porque, sin la trama de Los Manantiales, se reduce considerablemente el espectro de lo que se avecina. De hecho si ahora los capítulos se dividían entre estas escenas, las del colmado y las de La Casona, con apenas un par de minutos diarios para los de La Quinta y un poco de espacio para el resto….¿ahora que va a quedar? ¿La Casona va a copar todo el protagonismo? Quizás sea este el propósito, pero el caso es que Julieta y Saúl, con Prudencio, por si solos no creo que puedan llevar el peso de los capítulos, porque además no parece que, de momento, hayan calado demasiado en la audiencia.
Pero volviendo a este fin de etapa.
El experimento de los Manantiales a priori tenía todos los ingredientes para ser una gran historia, al desmarcarse de los cauces habituales en los que la serie se había movido hasta entonces. Por primera vez una trama estaba desvinculada del resto y andaba de manera independiente, desarrollando sus situaciones sin la intervención de las otras, y en especial de Francisca, la especialista en corromper todo lo que toca y hacer desgraciados a todos los que se mueven a su alrededor. Sin embargo al final tampoco ha hecho falta la intervención de ésta porque el resultado ha sido el mismo, con la diferencia que Los Manantiales lo han conseguido por sí mismos y además haciendo acopio de todos los errores imaginables. Desde la falta de confianza hasta la ingenuidad, pasando por el orgullo mal entendido, vivir vidas aparte del resto de la familia, no saber atajar las cosas a tiempo, desoír los buenos consejos de quienes les querían bien,…………..hasta llegar a un punto de no retorno. Que ha llevado a su despedida.
Aunque esto tenga además efectos colaterales, porque lamentablemente parece que está arrastrando también a un bajón de la audiencia, cansada ya de ver como las cosas no se resuelven o lo hacen de la peor manera posible.

11 de julio de 2017

Hernando Doscasas

Creo que la diferencia sustancial la marca el interactuar con otros personajes o en mantener a uno/s  en un círculo cerrado. Y considero que a Hernando le han condenado a permanecer en este segundo lugar, a vivir en un casi ostracismo. Que en los guiones han disfrazado de voluntario, pero que me parece que no es de recibo.
Porque pocas son las ocasiones en las que le hemos visto moverse en otros ambientes que no fueran los límites de su casa, incluso la mayor parte del tiempo pasándolo encerrado en su gabinete particular. Y menos aún lo hemos visto relacionarse más que esporàdicamente con otros personajes, aparte de su familia, Nicolás, D. Anselmo o  la gente que ha metido en su casa,…..y que a la postre han salido casi todos rana.
Es cierto que el Hernando del principio tampoco era la alegría de la huerta, y su disposición a hacer amigos, ni siquiera a empatizar con nadie, era nula. Incluso demostró que podía ser una persona muy rencorosa y mala cuando dejó que atentaran contra los habitantes de La Quinta sin mover un dedo, o durante meses ni siquiera intentó buscar otra versión a lo sucedido con sus amigos los Mella. O que, obnubilado por un pasado doloroso, no permitía ni siquiera que su esposa intentara un acercamiento. Pero con el tiempo esto se fue suavizando y afloró otro Hernando más cercano. Sin embargo, la situación de mantenimiento del personaje en un ámbito limitado no ha variado demasiado desde el principio, y esta es una de las cosas que puede haber contribuido a que la actual visión de éste haya ido decayendo. (Por supuesto solo algo achacable a los guiones, porque el actor hace solo su trabajo).
Algo parecido sucedió con el personaje de Inés,…. pero aquí se acaban las comparaciones. Porque mientras ésta desgraciadamente no gozó casi nunca del calor popular ya que el personaje no consiguió el propósito de calar en la audiencia, en el caso de la trama de Los Manantiales la situación considero que ha sido distinta. Al menos en los primeros meses, hasta que el giro de los guiones ha llevado a esta trama a sus cotas más bajas de popularidad,…..excepto claro está para sus incondicionales.
Giro radical de personalidad,  profusión de malvados que además dejan a los personajes como unos ingenuos, sufrimiento continuado, poca profundización en temas que podrían haber dado mucho más de sí, desaparición de personajes que podrían haber aportado mayor sustancia a esta trama, expectativas defraudadas,……esto es lo que es ahora mismo Los Manantiales. Por supuesto las otras tramas también  “disfrutan” de situaciones límite, pero quizás no con la asiduidad y machacamiento de ésta, que en el aproximadamente año y medio de vida que lleva en antena no ha vivido una tregua que pasara de un par de días.  Y algo que, en vista de los resultados de las audiencias, ha acabado pasando factura.
 Un apunte.

Si en este comentario me refiero solo a Hernando, es porque no deseo entrar en el tema de Beatriz, del que ya se han publicado una cantidad ingente de comentarios (pocos a favor). Pero si quería destacar que considero que si bien todos los habitantes de Los Manantiales han corrido una suerte pareja, la única que al final ha seguido manteniendo una cierta coherencia ha sido Camila. Aún con sus enormes lagunas, su persistente manía de no compartir sus cosas con quién realmente debería hacerlo (su esposo), sus continuadas dudas y su poca habilidad para manejar los asuntos de su casa, en especial a su hijastra,…...pero (casi) siempre intentando apoyar a su esposo, dándole su cariño y procurando su bienestar. Aunque éste no colabore demasiado, por un mal entendido sentido de protección que es posible que acabe trayendo consecuencias no muy agradables para la familia (esto es solo una conjetura mía, sin más fundamento que el haber sido testigo de las muchas veces que han sucedido cosas parecidas en la serie)

19 de junio de 2017

Un personaje caído en desgracia

Solo en contadas ocasiones los personajes que abandonan la serie han conseguido salir de la misma por la puerta grande. De hecho una buena parte lo han hecho con los pies por delante, algo que solo puedo entender si de lo que se trata es de cerrar una trama de manera definitiva,….. a pesar de que existan multitud de soluciones menos cruentas. Sin olvidar que también hay algunas de estas historias que se han cerrado en falso, dejando a los telespectadores con una incógnita que presumiblemente jamás va a ser resuelta (la más flagrante, el destino del cuerpo de Pepa,…… aunque sea solo uno de un largo reguero de temas inacabados).
Pero hay algo más discutible, y que es recurrente: antes de desaparecer, y con casi toda probabilidad, estos personajes, y l@s telespectadores, vamos a ser testigos de cómo su imagen experimenta una decadencia (por llamarlo de manera benévola, aunque la palabra sería más bien destrozo). Bien sea dejándolos relegados/as en las tramas, o por un cambio de personalidad que hace que las/os espectadores los cuestionen y pasen a ser blanco de críticas negativas.
Y la primera idea que se te ocurre al respecto es descabellada y probablemente injusta: una venganza soterrada de la producción por estropear la planificación (siempre que el actor o actriz decida de manera unilateral abandonar la serie). Y sé que decir esto puede llevar a malentendidos, pero estoy convencida que muchos y muchas lo han pensado.
De todas maneras es complicado encontrar una explicación a la normal coincidencia de estas dos cosas: la marcha y anterior caída en desgracia de un personaje.
Evidentemente se puede entender que haya que darle tramas, y que no todo puede ser un camino de rosas en el desarrollo de las mismas. Además ya sabemos que “la felicidad no vende” (palabras de una guionista) pero, a la vista de las audiencias actuales, la infelicidad y el mal rollo acaba pasando factura también. Y un término medio no estaría mal, para variar.
Sin embargo lo peor es cuando acaban dotando al personaje de una personalidad totalmente distinta a la de su puesta en escena inicial. En este caso voy a referirme especialmente a Hernando, en quien estaban depositadas muchas expectativas por el planteamiento de su personaje, pero que a medida que han ido pasando los capítulos ha ido derivando en algo muy diferente.
Llegados a este punto quizás haya quien diga que si se crearon expectativas la culpa es de los espectadores, pero creo que nada más lejos de la realidad. Se vendió un producto a bombo y platillo, pero lo han acabado destrozando con tramas absurdas, con un vuelco en la manera de ser del personaje que ha terminado haciéndolo casi irreconocible. Por supuesto las personas cambian y es posible que las circunstancias también lo determinen, pero lo que siente y cree una persona, como ha modelado su personalidad, no cambia tan fácilmente. Y no se puede pasar de ser alguien con un carácter fuerte y dispuesto a hacer frente al mundo, a otra persona incapaz de razonar con claridad y moviéndose a impulsos. Vale que puede que siga conservando una manera de ser que le ha llevado a creer que no necesita a nadie para salir adelante,... pero nadie es una isla. Y menos ahora, cuando Hernando tiene una familia que sacar adelante y de la que dependen sus decisiones.
Y hay otro tema en esta historia: su relación con Camila.
Otra cosa que nos vendieron era la de una historia de amor, pero ha acabado siendo una historia sin más, en la que los desencuentros ganan por goleada a los momentos dulces. Por descontado no estoy pidiendo unas escenas acarameladas por sistema, ni siquiera que sea todo fácil, porque seguramente acabaríamos cansad@s también de ello, si no una tregua y algo más de felicidad. Que la vida está lo suficientemente achuchada como para encima sentarse ante el televisor y ver más de lo mismo. No se trata de huir de la realidad, solo de dejarla aparcada un rato,……que es lo que se supone ha de hacer una serie de entretenimiento.
Por supuesto, aunque el comentario sea sobre Los Manantiales, lo hago extensible al conjunto de la telenovela. 

9 de mayo de 2017

Los Manantiales

Me cuesta recordar la última vez en la que el supuesto amor que dicen existe entre Hernando y Camila se me hiciera creíble. Naturalmente no espero que haya quién comparta esta sensación particular, pero lo cierto es que ya hace tiempo que ni siquiera consigo ver la química que se supone habría de existir entre ellos, y en cambio la imagen que me trasladan es de un cierto desapego, incluso frialdad. Si, se dirigen palabras cariñosas y se prodigan de vez en cuando arrumacos, pero incluso éstos me parecen ya forzados, como si se hubiera instalado entre ellos una cierta monotonía o rutina, como si hubiera un espacio entre ambos que se hace cada vez más insalvable.
Lo admito, ya no consiguen emocionarme.
Claro que la situación por la que atraviesa esta trama tampoco permite una gran intensidad romántica en las escenas, porque aparte de que no les han dado tregua, ahora además sobrevuela por encima la infidelidad. Y por ende la culpabilidad que impide que fluyan con naturalidad los sentimientos. No es fácil mirar al otro y sentir que podría leer en tu rostro la traición. Por descontado ahora estoy hablando de Hernando, aunque antes fue Camila la protagonista de la infidelidad. También es cierto que en el caso de ésta podría hablarse de una actuación forzada por las circunstancias (aunque no sea justificable, porque existían otras opciones que no fueron contempladas). Sin embargo lo de Hernando no tiene justificación por más que lo mires: nadie le forzó, ni le chantajeó (quizás si emocionalmente), ni él tampoco puso demasiado empeño en zafarse de la tela de araña en la que se vio envuelto.
Pero lo peor es que todo esto viene en un momento en que, siempre en mi opinión, la personalidad de los personajes de Los Manantiales se ha ido desvirtuando. Es cierto que empezar la casa por el tejado con un matrimonio por poderes y sin conocer al otro más que superficialmente, era un planteamiento complicado por lo novedoso, pero que podía dar mucho juego. Sin embargo, en el desarrollo de este guion quizás hayan errado en el planteamiento, y con los inconvenientes y tropiezos clamorosos de los que han ido sembrando el camino (por supuesto para nada pretendo sentar cátedra, entre otras cosas porque no entiendo nada de este tema). Porque a la larga se ha ido haciendo patente que con una base tan frágil cuesta más sentar los cimientos de algo sólido, tanto en la vida real como en la ficción. No bastan con los sentimientos, hay que regarlos y abonarlos, además de con el cariño, con la confianza y la sinceridad. Algo, esto último, de lo que carecen los protagonistas, y que es precisamente lo que creo que los espectadores están echando más en falta.
(Por cierto, no olvido, como ya he dicho en otras ocasiones, que lo que podría ser el “problema” es que los seguidores de la telenovela conocemos todos los entresijos, y por ello tenemos más elementos de juicio para poder hacernos una composición de lugar más exacta que los mismos protagonistas. Pero ello no tendría que afectar al seguimiento de las tramas, porque siempre ha sido así, y la serie ha vivido tiempos muy buenos a pesar de ello).
Pero volviendo en concreto a los habitantes de Los Manantiales.
Porque ya no se trata solo de la relación de pareja, sino de todo lo demás. Quizás haya de ser así, pero se ha hecho mucho uso de situaciones límite y llegado a un estado de saturación de la capacidad de aceptación de los seguidores de la serie, cansados ya de tramas de sufrimiento de los personajes. Una tónica que encima se extiende a las demás, con solo alguna notable excepción. Porque, aun admitiendo que una trama sin altibajos es una trama sin sustancia, quizás haya que valorar que lo poco aburre, mientras que lo mucho cansa. Y de lo segundo considero que ha habido más que suficiente, con situaciones extremas que no han permitido ni un respiro a los personajes, ni a los telespectadores.
Y de personajes (los de Los Manantiales) con un pasado de momentos de extrema dureza (aunque cada uno con su propia cruz) que presuntamente marcaron su vida, han derivado en seres manipulables y con incapacidad para ver más allá de sus narices. Hasta que es demasiado tarde. La lucidez no forma parte precisamente de sus virtudes, aunque hay que reconocer que quizás intervengan en ellos sentimientos como el cariño incondicional que a veces puede cegar. Como podría ser el caso de Camila, que no tendría por qué sospechar de una amiga de toda la vida y por ello es incapaz de relacionar el mal rollo de su casa con la estancia de Lucia en la misma (bueno, parece que ahora empieza a dudar de ello, pero poco todavía). 
Pero lo de Hernando y Beatriz es mucho peor.
Parece que Hernando ha llegado a la conclusión que huir de la realidad es la mejor manera para afrontar el tema de Lucía. Que relegándolo a un segundo plano, va a poder hacer borrón y cuenta nueva, sin sincerarse con su esposa, ni explicarle quién es realmente la que ella tiene por amiga. Adoptando por lo tanto una actitud de cobardía, de no hacer frente a sus errores y cavando, sin poder evitarlo, el fin de su matrimonio. Porque algún día inevitablemente Camila va a conocer la verdad, y entonces la traición va a pesar más que nada,….. a menos que sea él mismo quién se descubra.
Y si lo del padre es malo, lo de la hija no es mejor. Porque también influenciada por la misma persona, Lucía, la chica ha caído en una espiral que ha destrozado su imagen. La chica dulce y sociable de los comienzos, ha pasado a ser una persona egocéntrica, egoísta, que solo escucha lo que le conviene, que considera que tod@s han de bailar al son que ella toca, ……vamos, una adolescente malcriada, que encima no deja aconsejarse por quién realmente podría hacer algo por ella.
Y ahora es cuando me pregunto si todo esto no tendrá un fin diferente del que se podría hacer creer. Porque hemos visto muchas veces como se destrozaba un personaje antes de despedirlo definitivamente de la serie. Y ya empiezan a correr rumores (no sé si con fundamento o sólo si son derivados de conjeturas que han ido extendiéndose), en los que se apunta la posibilidad de que esta trama desaparezca, y con ella sus protagonistas.
Pero sea o no esto, lo que sí es más que evidente que la trama de Los Manantiales, tal como está concebida actualmente, no goza precisamente del agrado de buena parte de los seguidores de la serie, que habían puesto altas expectativas en la misma. Y que se han visto defraudadas. 

23 de abril de 2017

La fidelidad

Definición de fidelidad: La fidelidad es una actitud de alguien que es fiel, constante y comprometido con respecto a los sentimientos, ideas u obligaciones que asume
Y existen muchos ejemplos de fidelidad en la telenovela.
Por descontado, el mejor y más grande ejemplo lo personifican l@s espectadores y las distintas páginas sobre PV que, contra viento y marea, siguen al pie del cañón. Aunque quizás haya que preguntarse si el motivo es la misma serie o la fidelidad a unos actores y actrices que lo dan todo en la pantalla, a pesar de unos guiones que considero cada vez menos interesantes y más reiterativos. De hecho si tuviera que decantarme por una de las dos opciones anteriores, no dudaría en escoger la segunda, porque pienso que realmente el verdadero secreto del Secreto (valga la redundancia) son ellos, los grandes actores y actrices del plantel de la telenovela.
Pero en el terreno de la misma ficción también existen ejemplos de fidelidad.
Como la de una pareja que se aman por encima de todo, Severo y Candela. La de un amigo incondicional, como Carmelo o Gracia. La fidelidad que liga a un recuerdo, como la de Nicolás. O la de unas firmes convicciones, como Adela o Raimundo. La de un vínculo, como Alfonso y Emilia a sus hijos. La de Berengario o Anselmo a su vocación. La de Fe, a pesar de todo, a una manera extrovertida de ser.
(Aunque, por supuesto, los anteriormente mencionados podrían perfectamente encuadrarse en cualquiera de los otros ejemplos)
Después existirían otros tipos de fidelidad de difícil clasificación. Como los de Onésimo e Hipólito a una manera de ser a veces caótica, a veces brillante, pero casi siempre estrambótica, absurda o incluso alocada. Y la de Dolores, fiel a su innata curiosidad y ganas de cotillear.
Y también hay otro tipo, aunque en el terreno negativo. La fidelidad de Mauricio, servil y ciego ante quien lo tiene sometido. O la de Francisca o Cristóbal a un tipo de entender la vida, que hace que se consideren por encima del bien y del mal.
Los que no sé muy bien donde clasificar ahora es a los habitantes de Los Manantiales, aunque cada uno de ellos tendría que ser considerado aparte. Pueden ser amigos, tener vínculos afectivos, convicciones, quererse,…. pero en algún momento de la actualidad han fallado en términos de fidelidad. Sí, es cierto, también todos los otros personajes han tenido sus más y sus menos, pero actualmente son ellos los que están en el punto de mira precisamente por estar puesta en cuestión esta actitud.
De todas maneras entiendo que la fidelidad, en todas sus formas, no puede ser una imposición, ni venir marcada por unas normas de conducta dictadas por la sociedad.  Porque de no ser algo interiorizado y sin que existan resquicios, no es una verdadera fidelidad. Aunque por supuesto también puede influir la liberalidad con que se pueden entender los vínculos y que depende de cada persona. Pero la esencia se pierde si se rompe el compromiso tácito de no engañar, no traicionar….
Sin embargo somos humanos y quizás en algún momento nuestras posibilidades reales quedan superadas por causas como el aburrimiento o la insatisfacción (recordar que Hernando insinuó algo al respecto de no haber tenido contactos íntimos desde hacía muchos días). Así que, sin buscarlo, nos lanzamos de cabeza a la emoción de algo nuevo. (Porque quiero creer que en este caso no se trata simplemente de atracción sexual, lo que disminuiría notablemente la apreciación sobre el personaje)
De todas maneras nada de esto sería una excusa para la infidelidad. Porque la fidelidad implica paciencia, afrontar las crisis, abonar la confianza y olvidar el miedo a fracasar. Y en el caso en especial de las relaciones de pareja, no permitir que los altibajos condicionen un futuro. Se trata de saber elegir y también de saber renunciar.
¿Por qué Hernando ha sido infiel a su esposa? ¿Por qué Beatriz y Matías, los dos, han permitido que se interpusieran otras cosas entre ellos?
Evidentemente son dos casos diferentes.
Probablemente el segundo es consecuencia de la poca experiencia, o simplemente que el vínculo no era lo suficiente fuerte como para resistir los embates de elementos externos. Así que la fidelidad no ha necesitado mucho para perder su valor.
El primer caso, el de Hernando y Camila, ya es otra cosa. Porque los vínculos adquieren otra dimensión y no se limitan al aspecto afectivo. Si, antes he comentado que pienso que también se ha de creer firmemente en la fidelidad, que no ha de ser una imposición. Pero si existe el amor, la fidelidad va implícita. No se puede engañar, ni traicionar a quien se quiere. (Por cierto, en esta historia encima existe otro tipo de infidelidad que hace que todo sea más indigerible: la de una persona con la que ha existido un alto grado de afinidad y complicidad, una amiga que tampoco ha dudado en engañar y traicionar)
Y una vez consumada la infidelidad, la confianza se rompe y los vínculos sufren un golpe muy duro. Y reparar esto requiere un esfuerzo considerable, o directamente imposible.

18 de abril de 2017

Los instintos y la razón

Cuando escribo algo sobre la telenovela tengo que recordarme constantemente que supuestamente la sociedad ha evolucionado, y que la mentalidad no es la misma en 1924 y en 2017 (aunque a veces haya que ponerlo en duda, vistas algunas actitudes, reales o ficticias, que nos retrotraen a tiempos remotos, casi a la época de las cavernas. Pero no es esto a lo que quería referirme). Porque el tema de fondo al que pretendo dirigirme son los instintos o las pasiones, algo que ha existido desde que el mundo es mundo y ya forma parte de nuestro ADN.
Dicen que las personas somos esclavas de ellas, y por descontado no voy a negar que más de una vez me he dejado llevar más por los instintos que por la razón, como seguro que le ha pasado a todo el mundo al menos una vez.
Y una posible respuesta a ello: según el filósofo David Hume, es porque “la razón no tiene ninguna fuerza para movernos a actuar. Lo único que puede movernos a actuar es un sentimiento”.
Aunque por supuesto podemos discrepar o no de esta afirmación. Pero sumergiéndonos un poco en esta filosofía, quizás podríamos llegar a alguna conclusión que nos permitiera entender porque a veces las personas hacemos cosas que se antojan incomprensibles, digamos como la actitud de Hernando, aunque en este caso solo se puede traducir como una infidelidad manifiesta e injustificable. Por lo que es claro que la razón no interviene.
Y considero que también la razón puede ser llegar a ser entendida como un sentimiento (racional, mientras los instintos, entre ellos la pasión, serían irracionales) y que va más allá de éstos, moviendo a actuar por cuestiones que quizás vengan impuestas por la propia sociedad al respecto de lo que se considera o no correcto, pero también por convicciones personales. Que puede afectar a las pulsiones, incluso hacerlas desaparecer, ya que la razón reúne el potencial para influir en la voluntad. (Aunque también exista el llamado instinto básico, y quizás es en este punto donde la pasión o los instintos esclavizan la razón).
Pero cuando la razón no se impone, ¿puede influenciar la vulnerabilidad de la persona en ciertos momentos, para que la sustituyan estos instintos más básicos? Pues sí parece posible (aunque no pretendo justificarlo, ni mucho menos). Y lo hemos visto, por ejemplo, con Alfonso, cayendo en la infidelidad cuando, sin venir a cuento, Severiano vino a ocupar sus pensamientos, con Carmelo cegado por el dolor y dando muerte al marido de Adela, y ahora lo podemos ver en Hernando, también obnubilado por los celos. Pero sin que ni él, ni los otros, hayan racionalizado estos instintos, ni hayan hecho antes el paso de contrastar los hechos con quién debían. Con lo que también interviene la cuestión de la confianza, Carmelo por ingenuo, y los demás por su incapacidad de entender que la sinceridad a veces es el mejor camino para hacer que las cosas vayan por el cauce adecuado.
Y es claro que un correcto ejercicio de la razón podría evitar muchos sinsabores y problemas.
Pero ciñéndome al tema de Hernando y su infidelidad, (y aunque dé la impresión que estoy mezclando churras con merinas) hay otra cosa en la que me gustaría hacer hincapié: los estereotipos. Y de ello también hay muchos en esta trama.
El primero, la supuesta atracción que puede despertar un carácter determinado, utilizando todos los tópicos concernientes a un estilo de vida diferente correspondiente a otra cultura. No me gusta la generalización, y por ello no me gusta que pretendan dar una imagen de las mujeres cubanas como ligeras de cascos, sensuales y potencialmente liberadas de prejuicios. Sí, es posible que su cultura las haga más libres en todo esto, y también es posible que a veces la diferencia atraiga, pero en esto ya entra otro tópico: el de que los hombres caen fácilmente en sus redes.
Otro patrón recurrente: el del recurso a la bebida para olvidar las penas. Aunque es cierto que una persona con la mente nublada por la bebida puede desinhibirse, y decir o hacer cosas que quizás no haría en estado normal, ello no puede ser nunca una justificación para dejarse llevar por los instintos más básicos.  Porque además con este término podrían entrar muchas cosas, y algunas muy peligrosas.
Aunque admito que lo que me molesta más en esta trama es el de la exaltación de unos supuestos atributos femeninos para atraer al sexo contrario. No siempre belleza física va unida a inteligencia, con lo que se magnifica la superficialidad en detrimento de la belleza interna. Y por supuesto cuando hablo de inteligencia me refiero a tener cultura, no a tener una mente retorcida para maquinar propósitos no muy nobles.

11 de abril de 2017

Un camino de espinas

Elías, Néstor, Damián….y ahora Lucía. Los tres primeros pasados a mejor vida, y la última ya veremos cómo tienen previsto que acabe su periplo por la serie. Y sin olvidar que, paralelamente, ha habido más muertes relacionadas con estos personajes.
Este es el panorama que ha deparado la trama de Los Manantiales en un solo año, en el que se han sucedido los personajes malvados a una velocidad pasmosa, sin darles ni siquiera la posibilidad de desarrollar su hipotético potencial. Cuando pienso que en efecto si lo tenían, especialmente Elías y Damián.
En el momento en que los habitantes de Los Manantiales llegaron a PV, y aunque no era del dominio público, ya se avecinaban grandes cambios en la telenovela, con despedidas de personajes importantes (es de suponer que la marcha de los actores y actrices se conoce con el tiempo de antelación suficiente como para permitir al equipo de guionistas introducir cambios en los planteamientos iniciales). Y presumiblemente esta nueva trama podía tener como misión ayudar a contrarrestar esto.
Y es cierto que en un primer momento si consiguió despertar muchas expectativas, básicamente porque el enfoque era novedoso, y la pareja protagonista parecía destinada a hacerse un hueco entre las grandes de la serie. Pero creo que todo se ha ido diluyendo en medio de tanto dolor, sufrimiento y muerte, unido a la falta de sinceridad, desencuentros y malos entendidos de los personajes,…. algo que puede acabar pasándoles factura a ellos y a l@s seguidores.
Claro que no todo puede ser un camino de rosas, porque la vida real tampoco lo es.. pero a veces también da treguas, algo que en Los Manantiales no han tenido apenas.
Y ahora es cuando vuelven a decirme que las tramas edulcoradas no venden, que hay que introducir tensión para despertar el interés y que los televidentes sigan pegados a la pantalla. Pero quizás sobre esto también haya que extraer valoraciones y conclusiones, ya que puede llegar un momento en que tanto dramatismo canse. Creo que debería existir un término medio para que se dieran situaciones de todo tipo (y excluyo de ello a los Mirañar, que ya sabemos por dónde cojean siempre), pero ahora mismo no veo que esté sucediendo. No hay casi ninguna trama que no tenga una situación complicada, de difícil resolución.
Y la de Los Manantiales sigue por este mismo camino trillado. De hecho, incluso los personajes cada vez son más contradictorios respecto a su personalidad inicial. Que quizás es posible que la gente cambie, que las posturas cambien, pero parece hay cosas que se han interiorizado para peor.  Una de ellas la certeza de que se han cometido errores,…..pero que al parecer no sirve para mucho, porque han perdido la ocasión de sacar una lección de ello y están volviendo a recaer.
Beatriz, de la que lo único que se puede alegar para encontrar una justificación a su comportamiento es que por su temprana edad podría ser más manipulable. Pero, influenciada o no, lo que está dejando asomar es una chica desconocida, caprichosa, veleta e incluso superficial, si nos atenemos a las expectativas que parece fiar a su nueva imagen glamurosa. Incapaz de asumir su parte de culpa por lo que la tiene sumida en un estado de ánimo depresivo: su truncada relación con Matías. Por supuesto es lógico que busque una explicación para el hecho de que él ahora la esté apartando, pero considero que lo está llevando desde la óptica de su propio ego y sin detenerse a pensar que él puede tener un motivo razonable. Ella no es la víctima, o al menos no lo es ella sola.
Lo he dicho en varias ocasiones: a veces llegan tan lejos con un personaje que después es difícil darle la vuelta y además esperar que vuelva a ser considerado de la misma manera. ¿Cómo puede suponer la renovada Beatriz que el chico se va a volver a lanzar a sus pies después de haberlo tratado de crio, y haber roto con él para irse detrás de otro? ¿Y que cuando le ha salido mal esto y vuelto a reconsiderar la posibilidad de recuperar al chico, esperar que sea éste el que se disculpe por algo que no ha hecho?
Quizás la que menos ha cambiado sea Camila, aunque también tiene sus puntos oscuros. Nunca acaba de ser sincera del todo, aunque si espera que los demás lo sean. Pero es un rasgo que ha tenido desde el principio, y por ello tampoco tendría que sorprender a nadie. ¿Qué es censurable y un error? Por descontado, ya que de no quedarse las cosas para ella se evitarían muchos malos entendidos, y no se llegaría a los extremos a los que se ven abocados cíclicamente ella y su esposo. Bastaría con hablar con él sin dejarse nada en el tintero, ya que al fin y al cabo se supone que un matrimonio se sustenta en la confianza mutua.
No dudo que el amor que se profesan ella y Hernando sea sincero, que haya ido creciendo a medida que se han ido conociendo de cerca. Pero este amor quizás no tenga los cimientos suficientemente asentados y fuertes cuando ambos permiten que elementos externos (digamos personas) se entrometan entre ellos. Y sobre todo, cuando no son capaces de solucionar sus problemas más que con el concurso de terceros. O a pesar de terceros.
Y me queda Hernando.
Es un empresario de éxito (o lo era), así que hay que suponerle mucho mundo. Pero parece que su pesquis para los negocios a veces se nubla cuando intervienen otros factores como su tendencia a no desconfiar de nadie, a creer sin contrastar las cosas, a no compartir sus inquietudes más que con ciertas personas como Nicolás o D. Anselmo, cuando tendría que hacerlo primeramente con Camila. No es ciego para según que cosas, su intuición no le falla siempre, pero cuando se trata de su esposa parece que las cosas no ruedan de la misma manera. Por supuesto no es suya toda la culpa porque, como he dicho antes, Camila tampoco luce por su sinceridad. Pero mientras no sean capaces de solucionar esto, siempre habrá algo que les separe.
Y será por esto por lo que Lucía está consiguiendo sus propósitos.
Volviendo al tema inicial. No se puede obviar que a pesar de todo y mientras no cambien las cosas, los habitantes de Los Manantiales siguen siendo los protagonistas destacados de las tramas. Pero creo que ahora mismo hace falta algo más para volver a llamar la atención de los cientos de seguidores que han dejado de ver la telenovela, cansados probablemente de ver siempre desgracias y nada de alegrías. Aunque esto último sea una opinión de cosecha propia basada, eso sí, en cifras reales y contrastables.

17 de febrero de 2017

Solo un padre

Cuando ya se sabe que los días de Damián están contados, un comentario me ha hecho darme cuenta de que a veces no se miran las cosas desde todos los ángulos y en consecuencia se puede llegar a cometer una injusticia.
Porque quizás se haya hecho mucho hincapié en la maldad del chico, y poco en los motivos que han llevado a Hernando a tener una suerte de ceguera ante el comportamiento de éste.
En realidad Hernando creo que merecería más comprensión, porque el caso es que se ha comportado como un verdadero padre, buscando recuperar a su hijo y darle una oportunidad de redención. Y tampoco se puede decir que Damián no merecía ninguna molestia por parte de su padre, porque lo cierto es que sí que necesitaba su ayuda, aunque el camino emprendido para su pretendida recuperación se viera entorpecido por el inepto psicólogo que de poco va a acabar sirviendo, más bien al contrario. Porque éste, de haber hecho bien su trabajo, se daría cuenta de los problemas de Damián, y quizás fuese posible hacer algo por él. (O quizás llegar a la conclusión que la única solución es el internamiento en una institución psiquiátrica).
En realidad considero que si algo se le puede reprochar a Hernando es que haya hecho más caso del corazón que de la razón, que se haya dejado llevar por la esperanza, y que aún implicado totalmente en la marcha de la supuesta evolución de su hijo, no se haya fijado en los pequeños detalles, en intentar averiguar si lo que la gente de su alrededor le decía tenía algún viso de credibilidad, y en cambio haya adoptado una actitud de dejar que las cosas fluyeran simplemente,……..solo por la convicción de ser el único dispuesto a aceptar plenamente a Damián, con todos sus defectos y con la pesada carga de su pasado a cuestas. Y esperando que todos los demás algún día también hicieran lo mismo.
Por supuesto todo esto tampoco iba a servir de mucho, cuando es palmario que Damián no ha albergado nunca ninguna intención de enmendarse, y que además arrastra funestas intenciones. Pero tampoco puedo meterme en el charco de pretender hablar de una patología como la que evidentemente arrastra el chico, ni si es posible una recuperación de las personas que la padecen. Es de suponer que cada caso es diferente, y que las posibilidades de salir de ello con bien difieren mucho en cada persona. Además estamos hablando de principios de siglo XX y desde entonces los tratamientos han evolucionado y la información sobre este tema es mucho más importante… aunque sigue ocurriendo y siguen existiendo personas con problemas de esta índole. Y van a seguir existiendo.

18 de diciembre de 2016

La realidad de las expectativas

Está volviendo a suceder. 
No es la primera vez en todos estos años que se levanta expectación con una nueva trama, y después ésta se va diluyendo a medida que pasan los meses y no sucede nada especialmente novedoso, si acaso a peor.
Ha sucedido con La Quinta, y  parece que Los Manantiales van por el mismo camino.
Pero reconozco que si a los primeros les dedico atención, a éstos últimos los tengo más relegados en mis escritos porque no acabo de encontrar un hilo del que tirar,….a pesar que al principio efectivamente mis expectativas eran altas con esta historia que aparentemente traía un aire fresco a la serie. Pero que a medida que han ido pasando los meses considero que ha ido decayendo para incorporarse a lo que acaba siendo previsible, con situaciones vividas anteriormente con otros personajes (aunque convenientemente maquilladas),…además de un guion en buena medida acomodaticio que parece limitarse a vomitar páginas de escenas de relleno, y de las continuas entradas y salidas de personajes sin darles tiempo a que desarrollen todo su hipotético potencial, como ha sucedido en el caso de Elías. Al respecto de éste, evidentemente no puedo hablar con conocimiento de causa ya que desconozco el contrato que tenía Jaime Lorente y si estaba prevista su salida en un tiempo determinado, pero el personaje tenía un elevado seguimiento (a pesar de ser el “malo”) y daba vida a esta trama. Con su salida apresurada, y casi por la puerta de atrás, se perdió un importante valor y una línea argumental de fuerte componente entre trágico y maquiavélico, que no sé si es posible recuperar  con Ismael, aunque por supuesto le voy a dar la oportunidad a guionistas, actor y personaje para que me sorprendan…..
El caso es que a veces tengo que recordarme que esto es una telenovela y que todo parecido con la realidad es pura coincidencia, aunque incluya temas cotidianos que sí que se ajustan a ésta. Pero también incoherencias y contenidos que se apartan de lo que se me antoja razonable, o que carecen de toda lógica. Y lo peor, es que en cierta manera también se normalizan cosas o actitudes que en la vida real son censurables como mínimo, cuando no directamente delictivas.
Pero porque es una ficción, soy consciente que buscarle un trasfondo más allá de lo que tendría que ser entretenimiento, no lleva a ninguna parte. Sin embargo, y a pesar de todo ello, hay una pequeña parte de los que vemos PV que a través de las páginas en las redes sociales encontramos un espacio para debatir, comentar, incluso polemizar o criticar sobre la deriva de las tramas y, por descontado, sobre la percepción particular al respecto de cada una de ellas o de los personajes que las sustentan. Y como supongo sucede a todos y todas (a menos que sean críticos de artes escénicas y consigan ser totalmente objetivos), yo también me dejo llevar por las simpatías que me inspiran determinados personajes. Porque es claro que en PV hay gustos para todo el mundo. Es fácil encontrar seguidor@s acérrimos de Francisca, cuando el personaje no goza de demasiada estima popular, así como hay detractores de Candela o de los Mirañar. Pero todo el mundo tiene su espacio y criterio, y hay que respetarlo. El pensamiento único no existe, solo diferentes maneras de entender las cosas, seguramente motivadas por muchos factores como la educación recibida, los valores adquiridos o la propia manera de ser de cada uno (y ya no entro en el grado de influencia de las redes sociales o de la televisión).
Pero volviendo al tema de Los Manantiales.
Tenían los argumentos, una situación y unos personajes con un aparente potencial. Pero la realidad ha acabado siendo otra. La trama de Los Manantiales, especialmente después de la marcha de Elías, ha ido perdiendo fuelle, lo mismo que la historia de Hernando y Camila, que a pesar de que partían de una premisa novedosa pues ellos no tenían que luchar para estar juntos, por lo que presumiblemente los obstáculos que pudieran surgir en su camino tenían que venir por otros derroteros, hasta ahora ha acabado siendo más de lo mismo. De lo mismo que ya hemos visto.
Bueno, quizás haya que matizarlo, porque cuando por alguna razón se vuelve a poner énfasis en la parte femenina, considero que el personaje de Camila se les ha quedado a medio camino (siempre según mi opinión). Ni tiene la fuerza de Sol, ni el ímpetu de Emilia, ni el carisma de otros personajes femeninos. Y lo peor, su perpetua instalación en la ocultación, en decir medias verdades, en no confiar plenamente en su esposo, en su nada entendida infidelidad con Néstor, en su continua huida hacia adelante,……..no ayudan a mejorar mi actual percepción del personaje.
Otra cosa es Hernando, un personaje mucho más rico en matices. Y con menos peros a sus espaldas.
Y Beatriz, que junto con Matías, ha conseguido crear una trama con potencial propio.

23 de mayo de 2016

Y la bondad.....

“Y la bondad,…..se encuentra en la cabeza y en el corazón. Y según lo que decidas hacer todos los días, serás un hombre bueno. O no…” 
(De la película el Señor de los cielos) 
Pero ¿qué es ser una buena persona? ¿Se puede ser buena persona solo para ciertas cosas o se ha de serlo todo el tiempo? ¿Quién decide que alguien es buena persona o no lo es? ¿Las buenas personas nacen o se hacen?
Muchas preguntas con una respuesta complicada, porque considero que no todo el mundo lo percibe de la misma manera ya que puede depender del momento, la situación o la relación con la persona dadora, o con uno/a mismo.
Es cierto que la bondad es una cualidad, pero también es algo que se presta a múltiples interpretaciones y a veces se puede llegar a confundir con debilidad emocional. Si te comportas bien, eres generoso y  empático, eres bueno,…si te comportas muy, muy bien, puedes llegar incluso a ser tachado de demasiado bueno e incluso ingenuo,…. pero si te sales de lo que se considera correcto, no tragas con todo, dejas de ser bueno o directamente eres malo. Cierto que quizás sea simplificarlo demasiado porque se pueden añadir muchos matices a cada una de estas consideraciones, pero en líneas generales creo que vendría a ser esto.
De todas maneras pienso que ante todo una buena persona ha de serlo por propia convicción, no porque se lo pida la sociedad o porque crea que puede ayudarle de alguna manera. Y ha de serlo siendo consciente de adoptar actitudes y llevar a cabo acciones que, además de hacer sentir bien una/o mismo, hagan lo propio a los demás, sin esperar por ello nada a cambio. Porque entonces ya no es ser bueno sinó interesado.  
¿Quién sería el paradigma en PV?
Realmente casi todos los personajes han cometido en algún momento un error que los sitúa en la línea media (incluidos los que se supone han de dar ejemplo, como los sacerdotes). La dualidad existe en ellos y ellas, aunque la mayoría están más inclinados hacia lo que se podría considerar buenas personas: se portan bien con el prójimo y con los suyos, son generosos y saben dar cariño y apoyo de manera altruista.
Pero también existen los que están en el lado oscuro, con su máxima expresión en Francisca. Ciertamente ha habido otros (muchos), que han demostrado que el alma humana es impredecible y que algunas cosas que a la mayoría se nos antojan una barbaridad, para algunos y algunas no significan nada. El desprecio hacia la vida de los demás desgraciadamente es una realidad que salta con demasiada frecuencia ante nuestros ojos, empujada muchas veces por el fanatismo, el odio o el rencor. 
¿Hemos de añadir a Hernando a esta última lista? ¿Es Hernando una buena persona? Ahora mismo creo que no, a menos que me demuestre lo contrario.  
La verdad es que por mucho que me esfuerzo no consigo encontrar nada que me haga cambiar esta apreciación, porque hasta el momento no ha hecho nada para que, en mi opinión, pueda considerarlo así. Más bien al contrario. Comportarse bien con los más allegados, los que están bajo su responsabilidad, no es ser bueno, es hacer lo correcto. Pero con los demás, con la gente de su alrededor, se ha conducido exactamente como suele ser habitual en Francisca, la mala por excelencia: sin mostrar la más mínima consideración, sin sopesar las consecuencias de sus actos en el devenir futuro de muchas personas, sin construir puentes con nadie, más bien derruyendo cualquier intento de tenderlos,…. Y además ha cometido al menos un error importante y que va a lastrar su imagen futura: ha sido muy injusto, ya no sólo en su proceder con Severo, sino que encima ha aplicado el mismo rasero a todo el mundo, sin pararse a valorar si se llevaba por delante a algún inocente.
Y ahora es cuando me dicen que si hizo algo bueno y se movió en el tema del atentado. Ya hace días que veo esta justificación que considero totalmente incorrecta. No avisó a nadie, y por supuesto no era necesario que lo hiciera a Longinos porque éste ya estaba al caso. Lo que le pidieron es que hablara con Severo para que éste tomara medidas de precaución, cosa que es evidente que Hernando no hizo. De todas maneras también hay que decir que si hubiera hecho algo para ayudar sería realmente un necio al esforzarse en dar la imagen de persona sin escrúpulos. Algo que de haber sucedido tampoco le redimiría a mis ojos, porque antes ya cometió otro desaguisado que solo la suerte pudo enmendar, y sobre este tema sí que no hay dudas.  
Y vuelvo al tema del inicio. Los buenos y los malos.
Es claro quién encabeza los segundos, pero admito que no entiendo que pretenden con Hernando alineándolo en esta misma posición, con un comportamiento poco razonable y despiadado, que nunca puede ser justificado por el hecho de ser supuestamente un hombre atormentado. Dejando de lado los pocos méritos que hace para acercar posiciones con el resto de personajes, además es de los que menos interactúa, excepto con su entorno más inmediato y aún con ello sin demasiada fortuna. Y es algo que me cuesta comprender, aunque supongo que es un tema de impaciencia y que esto va a cambiar algún día.

(Otro día dedicaré este espacio a la relación con Camila y lo que pienso de ello, algo que supongo va a levantar alguna ampolla). 

20 de mayo de 2016

Poder ¿o suerte?

Cuando Martín llegó a PV, después del salto temporal, llevaba en su mochila una idea fija: reencontrarse con su familia y abrazar a su madre. Lo primero costó un tiempo, pero llegó,…. lo segundo fue imposible. Aunque todo ello trajo otro objetivo: el averiguar los pormenores de la muerte de Pepa, llegando a establecer la certeza de la implicación de Francisca. Sin embargo nunca llegó el momento para que Martín pudiera ver como la doña pagaba por ello. 
(En realidad ésta solo es una de las muchas cosas que nunca se han cerrado, de las que nunca más se supo)
Después pasaron otros y otras (enumerarlos harían la relación interminable), pero Francisca les fue apartando uno a uno de su camino sin ningún rasguño por su parte.
Entonces llega Severo, también con una idea concreta, pero esta vez con certezas y todos los ingredientes para que al fin se haga justicia: dinero, poder, influencias, buena posición, y sobretodo voluntad de hacer pagar a Francisca lo que le hizo a él y a su familia,….. Y además con la esperanza añadida para l@s espectadores de poder ver al fin a la doña morder el polvo. Sin embargo y a pesar de un buen intento y un fuerte revés al principio, Francisca vuelve a resurgir de sus cenizas, incluso con nuevos bríos. Mientras que Severo se queda otra vez en la casilla de salida, sin consumar su venganza, que ahora además ha pasado a ocupar un plano residual. Siempre presente, pero cada vez menos prioritaria, ni para él, ni aparentemente para los guionistas, que parecen preferir llenar páginas de guion con tramas tangenciales. Que, por supuesto, también tienen su razón de existir, especialmente las que se refieren a sentimientos importantes para sus protagonistas. Severo buscaba venganza, pero encontró en su lugar otras cosas infinitamente más valiosas: el amor de Candela, la amistad incondicional de Carmelo, el cariño de su hermana Sol, el respeto de todo un pueblo,…. y un hogar y una familia. La misma que ahora ha pasado al primer lugar de sus prioridades y que le ha convertido al mismo tiempo en el blanco de las críticas, no por el hecho de priorizar su seguridad, sino por cómo lo está haciendo, aliándose con su mayor enemiga. Pero ¿acaso la mayoría de las personas no se posicionarían de la misma manera que él ante el peligro, pactarían si fuera necesario con el diablo para salvaguardar a  los suyos?
Aunque mirándolo bien ¿qué ha hecho Severo tan terrible? ¿Escuchar a Francisca? Si, por supuesto nada bueno y algo sorprendente, especialmente con los antecedentes antes mencionados, pero hay temas acuciantes que precisan manga ancha y mirar hacia otro lado antes que perderse en reproches pasados. Y si, se está diciendo que le mangonea de alguna manera, algo que no se puede negar, ya que el objetivo es claro: enfrentarle a Hernando para que se maten entre ellos y así ver despejado su camino sin mancharse las manos y manteniendo la impunidad. Pero para que ello suceda hacen falta mucho más que palabras o papeles firmados, y hasta ahora solo hemos visto esto. Hay que doblegar también la conciencia de Severo y es algo mucho más complicado, a pesar de la ayuda inestimable del mismo Hernando, que está haciendo méritos más que sobrados para estar en el primer lugar de la lista.
Pero hablando de Hernando.
¿El objetivo de éste para ir a PV? Aparentemente tampoco él va a ser el vengador que se espera. Porque no parece tener nada que ver con Francisca, ya que nunca ha dejado entrever ningún interés especial ni nada que lo relacione con ella, ni en el pasado, ni en el presente, solo un vago comentario de ésta al encontrarse. Si, la excusa es que ha venido para vengar a los Mella, pero probablemente en algún momento habría llegado igualmente. Lo que se ve ahora mismo se circunscribe a un tema exclusivamente de negocios, aunque dicho con la boca pequeña porque aún han de salir muchos secretos. (Que, por cierto, he decidido que ni siquiera voy a perder el tiempo en conjeturar, y que ya se sabrán en su debido momento). 
Hasta el momento Hernando se mueve exclusivamente en el espacio de su casa, su familia  y su negocio, sin dejar asomar nada más, excepto a un hombre solitario y amargado, enamorado de una mujer a la que es incapaz de confiarse, y a la que ha puesto a prueba la paciencia y comprensión. Pero hasta aquí nada que suponga una excesiva novedad, algo que no hayamos visto anteriormente en otras versiones y con otros personajes. Por ello creo que están demorando demasiado la resolución de algunos secretos que podrían dar algo de vidilla a esta trama instalada en un bucle que no parece tener salida inmediata. Entiendo que hay que mantener la expectación y que la revelación de secretos la rompe de alguna manera, pero tampoco se puede tensar demasiado la cuerda de la paciencia de l@s espectadores. Dosificado,… y todos y todas tan contentos!! Porque a veces parece que se olvida que se trata de un producto supuestamente de entretenimiento y no para aumentar aún más la desazón, cuando la vida ya se encarga sola de hacerlo.

Nota: Cuando he escrito esto, aún no había visto que esta semana llega un nuevo personaje que parece tiene en el punto de mira a Francisca ¿Será esta vez la definitiva? 

11 de mayo de 2016

La venganza

Definición de venganza: “La venganza es una reprimenda que se ejerce sobre una persona o un grupo de ellas por una acción que es percibida como mala o dañina. El sujeto que se siente afectado decide vengarse y concreta una especie de reparación por el daño. La venganza supone una compensación por el agravio recibido”.
No sé si sería fácil hacer una telenovela sin que existieran en ésta sentimientos extremos que le dieran expectación. Y la venganza es uno de los recursos más utilizados, aunque también pienso que el más peligroso porque puede  normalizar algo que, de alguna manera, es un modo de pensar dañino. La venganza NUNCA tendría que ser un fin y NUNCA puede ser justificable. Y menos la venganza del tipo que vemos en la serie, que invariablemente busca el mal en su última acepción. No importa el dolor físico, ni moral, ni si se hace extensible a más personas que las directamente afectadas, sólo importa la satisfacción de ver al adversario sufriendo, hundido, o directamente muerto.
Y de una manera u otra, casi todos los personajes de la serie han pasado por ello. No obstante hay que hacer distinciones, porque hay venganzas que entiendo que no son exactamente esto, sino consecuencia de actos erróneos como pueden ser las infidelidades o acciones que afectan a la convivencia, y que generan situaciones complicadas en la que una o ambas partes se sienten ofendidas, a veces recíprocamente. Pero en este caso el tiempo suele ser el principal factor determinante para resolverlo, además de la buena voluntad y el saber hablarlo.
Sin embargo hay las otras venganzas, las que si buscan el mal aunque  implique sufrimiento físico. Y en la lista, con nombres destacados, están los tres terratenientes más conocidos de Puente Viejo. Por supuesto incluyo a  Severo, que también entra dentro de la categoría de personas con intenciones reprochables, aunque el destinatario sea alguien como Francisca que ha dejado un reguero de destrucción y muerte a su paso.
Pero Hernando se suma a la lista con un hecho diferencial. Si Severo o Francisca, cada uno por lo suyo, tienen motivos reales para buscar una reparación (insisto, NUNCA es justificación) Hernando basa su venganza en hechos de los que ni siquiera se ha molestado en tratar de averiguar su veracidad. Solo se mueve por indicios, no por pruebas, lo que además le coloca en posición de cometer una tremenda injusticia.
Hernando aún no ha demostrado que además sea una buena persona. Cuida de los suyos porque es su responsabilidad, muestra sentimientos tiernos hacia sus mujeres, pero fuera de todo esto se muestra implacable y duro, sin ejercer empatía con sus semejantes. Cuando mucho se muestra educado y cortés. Y todo esto lo coloca más cerca de la Montenegro que de Severo.
Es cierto que éste tampoco es un santo y que intentó arruinar a Francisca, pero asumió las consecuencias colaterales y no dejó que nadie más que la doña sufriera por sus acciones. Sin embargo los otros dos actúan diferente, porque ya sabemos que Francisca no se detiene ante nada, y lo mismo ha hecho hasta ahora Hernando. A éste no le importó dejar a La Quinta sin agua con el propósito de arruinar la hacienda y sin tener en cuenta el montón de personas que se verían perjudicadas (no Severo, suficientemente rico como para soportar este contratiempo). Pero infinitamente peor ha sido el mirar hacia otro lado cuando toda una familia estaba en peligro y podía hacer algo para evitarlo, lo que no dice nada a su favor. Más bien al contrario.
Y podremos entender que Severo no pueda perdonar esto último. 

2 de mayo de 2016

Una señora y dos señores

Sí, tengo el blog muy descuidado. Y me piden que escriba sobre la serie, pero he de admitir que ahora mismo poco o nada me motiva lo suficiente para hacerlo. A fuer de ser sincera, ni siquiera las nuevas tramas lo consiguen.
Aun así es cierto que éstas quizás sean ahora mismo de lo poco que parece levantar ciertas expectativas, y no sólo en la pantalla sino también en las páginas de las redes sociales. (Por cierto, nada que se haya traducido en un aumento del número de espectadores, que continúa en niveles muy bajos respecto a lo que estábamos acostumbrad@s).
Pero, y a pesar de que suene un poco sorprendente, habida cuenta de mi estrecha y conocida relación con varias páginas, he optado por ir tomando una prudente distancia con el conjunto de la serie y aprendiendo a desprenderme de apasionamientos. Aunque quizás ayude precisamente el hecho de estar implicada en diversos sitios lo que me fuerza a tener una visión más global, que sin embargo no impide que al final también sea inevitable empatizar con determinados personajes. Además he de admitir que en mi caso tiene también su sitio un cierto desasosiego por la impresión que tramas que han conseguido mantener vivo mi interés hasta el momento están pasando ahora a segundo plano.
Por descontado tampoco pretendo convertirlo en una carrera para ver quien ocupa el primer puesto, simplemente me parece que es injusto relegar, de alguna manera, a quienes han llevado el peso de la serie en los últimos tiempos. Me refiero de manera particular a los de La Quinta. (Por supuesto es mi opinión y seguro que no es compartida por todo el mundo) Sin embargo es cierto que tampoco tendría que sorprender, porque es algo que ya hemos visto otras veces. Supongo que un tema básicamente motivado por estrategias de producción: promocionar a nuevos personajes, aunque ello lleve a hacer a un lado a los que se supone protagonistas. Por lo demás una apuesta arriesgada y que no siempre ha funcionado, aunque con las actuales tramas parece que si van por buen camino.
De todas maneras hay que reconocer que la serie andaba necesitada de un cambio de rumbo, especialmente después de la trama de Bosco, que acabó dando la puntilla y llevando a que mucha gente se cansara. La nueva trama de Los Manantiales podría decirse que ha traído la sensación de una cierta renovación, algo que si no estropean puede dar mucho de sí. Como podrían hacer todavía los personajes de La Quinta, a los que no me cansaré de repetir, considero que no han sabido sacar el provecho suficiente hasta el momento.
Ahora mismo la serie parece centrarse en tres pilares que son las tres haciendas, con tres personajes que, en teoría, están bastante a la par en cuando a riquezas y poder de influencia. Claro que cada uno a su manera. 
Pero vayamos por partes.
Leía no hace mucho que una de las cosas que más podían haber llegado a cansar a l@s espectadores es la permanente impunidad de Francisca y su omnipotencia, que sin embargo ahora tiene quién, en teoría, podría discutirla. Aunque la realidad se impone y es que, a pesar de un buen intento propiciado por Severo, seguimos como al principio. Las personas pueden mudar, sin embargo el personaje de Francisca sigue inmutable. 
De ahí que la llegada de los habitantes de La Quinta supusiera un halo de esperanza para que esto cambiara, algo que más de un año después se está viendo defraudado. El esperado pulso se ha convertido en poco más que algunos encontronazos dialécticos y muy de tarde en tarde. Cierto que también la irrupción de estos personajes ha supuesto un par de historias paralelas, románticas y preciosas, pero la expectativa de un duelo de poderosos, aun estando siempre latente, ha ido perdiendo fuerza.
Y no parece que vaya a cambiar con el nuevo dueño de Los Manantiales, enfrentado a todos. Por supuesto entiendo que la verdadera historia viene por el lado de la relación de Camila y Hernando y que lo demás es accesorio, pero no se puede obviar también la parte de relación social. Sin embargo parece que, de momento, Hernando no tiene ninguna intención de relacionarse con nadie fuera de sus dominios, atenazado por un rencor que le impide racionalizar.
Y así las cosas, tenemos a tres terratenientes que tienen en común, además de poder y dinero, rencores y cuentas pendientes entre ellos.
Ya puesta, me voy a otra cosa que también he leído, aunque no recuerdo donde. Una comparación más de los tres personajes, situando a Hernando en el punto medio entre la maldad de Francisca y la bondad de Severo. Vamos conociendo a un personaje dual que, aun demostrando su capacidad de tener sentimientos, incluso tiernos (aunque sólo cuando se trata de personas cercanas), no ha dudado en dejar asomar también su lado más oscuro e implacable, con al menos dos acciones reprochables y dirigidas ambas a la misma persona: Severo. Lo que no le hace precisamente acreedor de un lugar en los altares, y mucho menos de la posibilidad que algún día llegue a tener una relación amistosa con éste, más si Severo llegara a descubrir que el dueño de Los Manantiales era conocedor del peligro al que estaban expuestos él y su familia y no hizo nada para avisarle (ya no entro que habían otras personas igualmente conocedoras del tema y tampoco hicieron nada). Estos antecedentes no son fáciles de borrar, por mucho que después haga méritos para lo contrario. Porque sus actos inmisericordes podrían primero: haber dejado a La Quinta yerma y a un montón de personas sin sustento, y segundo, haber propiciado con su silencio la masacre de una familia a manos de unos terroristas.
Lo primero quizás podría ser perdonable, lo segundo nunca, por mucho que se intente justificar con las dudas que dejó entrever. Me pongo en el lugar de Severo (o de una persona en su situación) y jamás podría olvidar semejante afrenta. 

24 de marzo de 2016

Hernando y Camila

En estos días se está hablando mucho sobre la nueva trama de Los Manantiales. Y es cierto que ésta parece que ha levantado muchas expectativas, que espero fervientemente que no se vean defraudadas. Aunque también es verdad que quizás nos pueda la impaciencia y no sepamos aceptar que las cosas requieren un cierto tiempo para desarrollarse. Por supuesto puedo entender que en una ficción no es necesario recurrir a esto, y que compete al libre albedrío de los guionistas que las cosas sucedan con mayor o menor premura. Sin embargo, y teniendo en cuenta los antecedentes en la misma serie, podemos recordar que por ejemplo la historia de Martín y María no tuvo un final feliz hasta transcurrido al menos un año y medio. Por supuesto no pretendo decir que haya que esperar tanto, tensando al máximo la cuerda de la paciencia de los espectadores, pero ahora mismo creo que la secuencia de la trama de Los Manantiales se está desarrollando en su justa tempo.
Queremos ver escenas románticas pero, si se quiere seguir un orden natural, considero que el ritmo impreso es el correcto. De hecho creo que si fuera la vida real, la convivencia con Hernando ahora sería poco menos que insoportable, pero hay que tener en cuenta que Camila no puede abandonarle sin exponerse a ser acusada de un delito. Ya sabemos que en aquellos tiempos las mujeres no tenían ningún derecho, aunque Camila sea mucha mujer, y no sea ni sumisa, ni callada, como quizás esperaba Hernando. Que a tenor de lo visto, se tomó su matrimonio como una simple transacción. Sus diversos comentarios demuestran que no esperaba de su enlace con una mujer desconocida establecer nada más que el estatus de hombre casado, sin ir más allá. Pero las cosas es claro que se han torcido.
¿Sentimientos que podrían albergar los dos personajes? En este momento no creo que Camila esté enamorada de su esposo, no al menos en el sentido de no poder vivir sin él. Éste no le ha dejado ver más que en un par de ocasiones que no siempre es el hombre que pretende ser, pero hay un dicho que proclama que “una flor no hace primavera”  y hasta el momento las “flores” han sido más bien escasas. Está junto a él porque cree que es lo correcto y su deber, y además porfía por acercarse a él a pesar de sus continuos desplantes, pero ahora mismo poco sabe del verdadero Hernando como para imaginarse una vida de felicidad con él. Porque al fin y al cabo esto es el amor ¿no?
Sinceramente ¿alguien podría plantearse una vida al lado de un hombre huraño y, hasta que no demuestre lo contrario, vengativo y sin escrúpulos? (no hay que olvidar que sólo l@s espectadores hemos visto otras facetas del personaje). Es verdad que el corazón no atiende a razones y que a veces es posible tener sentimientos que se pueden antojar irracionales, pero son casos puntuales. El amor se alimenta de conocimiento del otro, de empatía,… de muchas cosas que ahora mismo no existen entre Hernando y Camila que, a pesar de ser un matrimonio, siguen siendo dos desconocidos el uno para el otro.
Bueno, quizás esta última afirmación no sea del todo correcta. Porque Hernando si ha podido apreciar la naturaleza de su esposa y es evidente que a él si le ha llegado más profundamente. Sería una persona muy insensible (y sabemos que no lo es) si no supiera ver la persona que hay en Camila. Es más, creo que de alguna manera incluso se siente orgulloso de ella al descubrir a una auténtica guerrera, que no se deja intimidar. Pero lo que sea que le impide dejar aflorar sus verdaderos sentimientos, hace difícil que se pueda acercar a ella. Conjeturo (aviso que es algo que no suele coincidir con el resultado final) que debe tratarse del temor a volver a sufrir lo mismo que algo que le sucedió en el pasado. Si es así, y hasta que sepa ver que la vida da segundas oportunidades que no pueden dejarse escapar, no podrá mirar de frente a su futuro. Y a Camila.