Esperaba mucho más de la
conversación entre Martín y María. Y lo esperaba por parte de ambos, por lo que
he experimentado un sentimiento parecido a la decepción. Y esto los incluye a
los dos.
Cierto que María ahora es esposa
y madre, con las responsabilidades que ello conlleva. Pero también es una joven
de apenas veinte años, que es feliz, pero que siente que aún tiene mucho que
ofrecer. No se puede esperar de ella que sea la típica señora indolente que ve
pasar las horas mano sobre mano, ni el Jaral es el típico hogar pudiente donde
sus dueños hacen y deshacen desde un despacho. En este hogar todos trabajan y
sólo María parece relegada a lo que ya empieza a pasarle factura: la de ser un
florero, sin más funciones que cuidar de su esposo y su hija, y ocasionalmente
ocuparse de cosas como hacer la compra y poco más.
Tuvimos ocasión de comprobar que sentirse útil es algo que
la ayuda a ser mucho más feliz. El tiempo que dedicó a ayudar a la formación de
Bosco es un ejemplo claro de ello.
Y es posible, aunque no haya dado
muestras de ello, que ver marchar a Aurora en busca de su propio destino, también haya
ayudado a que nazca en ella algo de sentimiento de frustración y ¿porque no? de
sana envidia. Al fin y al cabo, su cuñada es solo un año menor, pero el futuro
que se le presenta a ésta dista mucho de ser el de llegar a tener una vida rutinaria como la que se
vislumbra para ella misma. Y no es que yo crea que con su vida actual no se siente
realizada, y que no sea algo muy importante y enriquecedor el ser esposa y
madre, una tarea que ocupa las veinticuatro horas del día. En realidad es por
lo que ha luchado y que finalmente ha podido alcanzar: estar con el hombre al que
ama más que a su vida, y dar y recibir amor a manos llenas. Además de cuidar al
fruto de este amor, una chiquilla preciosa que ha tenido la suerte de nacer en
un hogar con unos padres fantásticos y una gran y encantadora familia.
Sin embargo todo ello no es óbice
para que María pueda desear otros alicientes que la mantengan ocupada y que sean posibles compaginar con lo anteriormente mencionado. Inevitablemente el aburrimiento
tiene que hacer mella en ella, aunque probablemente este término es un concepto
que tenía un sentido muy diferente al de hoy, que vivimos con multitud de oportunidades
de ocio y distracción. En 1921 e incluso más tarde, estas opciones eran pocas y
el tiempo disponible iba acorde con las horas de sol y las estaciones. Pero, por
ejemplo, los días de verano son largos y las horas se pueden antojar eternas
sin nada que hacer más que esperar que la niña despierte, pida su comida y después
ir de paseo con ella. O que Martín llegue después de un día de trabajo en la
finca, para sentarse a descansar o disfrutar de su familia.
Como decía, esperaba algo más.
Que ella no se conformara con su sensación de inutilidad, y que él entendiera
este sentimiento. Porque si bien es cierto que Martin le ha dedicado unas
palabras preciosas que la convierten en “el alma de cuanto se mueve a nuestro
alrededor, nuestra fuerza y nuestro espíritu, pero por encima una madre como no
hay otra”, no creo que ello sea suficiente para alejar la percepción de María sobre
su devenir diario.
Y no quiero decir que Martín sea
insensible, porque de lo que no hay duda es de que éste es una persona
adelantada a su tiempo, que está muy lejos de adoptar el rol del típico marido
que espera ser recibido a su llegada al hogar por una esposa complaciente y
sumisa, destinada a los que se suponen los menesteres de la señora de una
hacienda. Es claro que su visión del papel de la mujer no es el habitual de su
época, y de ello ha dado muestras más que sobradas con su hermana y con María. Respeta
y busca la opinión de sus mujeres, y nunca las ha colocado a un nivel inferior
que el de los hombres. Ni a éstas, ni a ninguna otra. Algo que es evidente que ha
heredado de su padre, pero que también lleva intrínseco en su carácter.
Creo que ya es hora de que den a María
la oportunidad de romper con su imagen de alguien educado para un rol
determinado. Ha cambiado, ha madurado y ha dejado de ser la chica consentida y
apocada del principio, para convertirse en una mujer con todas las de la ley, con
una fuerza interior y una generosidad innatas, que puede utilizar en beneficio
de los demás.
























