Sí, tengo el blog muy descuidado. Y me piden que escriba sobre la serie, pero he de admitir que ahora mismo poco
o nada me motiva lo suficiente para hacerlo. A fuer de ser
sincera, ni siquiera las nuevas tramas lo consiguen.
Aun así es cierto que éstas quizás sean ahora mismo de lo poco que parece
levantar ciertas expectativas, y no sólo en la pantalla sino también en las
páginas de las redes sociales. (Por cierto, nada que se haya traducido en un
aumento del número de espectadores, que continúa en niveles muy bajos respecto
a lo que estábamos acostumbrad@s).
Pero, y a pesar de que suene un poco sorprendente, habida cuenta de mi estrecha
y conocida relación con varias páginas, he optado por ir tomando una prudente
distancia con el conjunto de la serie y aprendiendo a desprenderme de apasionamientos. Aunque quizás ayude precisamente el hecho
de estar implicada en diversos sitios lo que me fuerza a tener una visión más global, que sin embargo no impide que al final también sea inevitable
empatizar con determinados personajes. Además he de admitir que en mi caso tiene también su sitio un
cierto desasosiego por la impresión que tramas que han conseguido mantener
vivo mi interés hasta el momento están pasando ahora a segundo plano.
Por descontado tampoco pretendo convertirlo en una carrera para ver
quien ocupa el primer puesto, simplemente me parece que es injusto relegar, de
alguna manera, a quienes han llevado el peso de la serie en los últimos tiempos.
Me refiero de manera particular a los de La Quinta. (Por supuesto es mi opinión
y seguro que no es compartida por todo el mundo) Sin embargo es cierto que tampoco
tendría que sorprender, porque es algo que ya hemos visto otras veces. Supongo
que un tema básicamente motivado por estrategias de producción: promocionar a
nuevos personajes, aunque ello lleve a hacer a un lado a los que se supone protagonistas.
Por lo demás una apuesta arriesgada y que no siempre ha funcionado, aunque con
las actuales tramas parece que si van por buen camino.
De todas maneras hay que reconocer que la serie andaba necesitada de un
cambio de rumbo, especialmente después de la trama de Bosco, que acabó dando la
puntilla y llevando a que mucha gente se cansara. La nueva trama de Los Manantiales podría decirse que ha traído la sensación de una cierta renovación, algo que si
no estropean puede dar mucho de sí. Como podrían hacer todavía los personajes
de La Quinta, a los que no me cansaré de repetir, considero que no han sabido sacar el
provecho suficiente hasta el momento.
Ahora mismo la serie parece centrarse en tres pilares que son las tres
haciendas, con tres personajes que, en teoría, están bastante a la par en
cuando a riquezas y poder de influencia. Claro que cada uno a su manera.
Pero vayamos por partes.
Pero vayamos por partes.
Leía no hace mucho que una de las cosas que más podían haber llegado a
cansar a l@s espectadores es la permanente impunidad de Francisca y su omnipotencia, que sin embargo ahora tiene quién, en teoría, podría discutirla. Aunque la realidad se impone y es que, a pesar de un buen intento propiciado por Severo, seguimos como al
principio. Las personas pueden mudar, sin embargo el personaje de Francisca sigue inmutable.
De ahí que la llegada de los habitantes de La Quinta supusiera un halo
de esperanza para que esto cambiara, algo que más de un año después se está
viendo defraudado. El esperado pulso se ha convertido en poco más que algunos encontronazos
dialécticos y muy de tarde en tarde. Cierto que también la irrupción de estos
personajes ha supuesto un par de historias paralelas, románticas y preciosas,
pero la expectativa de un duelo de poderosos, aun estando siempre latente, ha
ido perdiendo fuerza.
Y no parece que vaya a cambiar con el nuevo dueño de Los Manantiales,
enfrentado a todos. Por supuesto entiendo que la verdadera historia viene por
el lado de la relación de Camila y Hernando y que lo demás es accesorio, pero
no se puede obviar también la parte de relación social. Sin embargo parece que,
de momento, Hernando no tiene ninguna intención de relacionarse con nadie fuera
de sus dominios, atenazado por un rencor que le impide racionalizar.
Y así las cosas, tenemos a tres terratenientes que tienen en común, además
de poder y dinero, rencores y cuentas pendientes entre ellos.
Ya puesta, me voy a otra cosa que también he leído, aunque no recuerdo donde.
Una comparación más de los tres personajes, situando a Hernando en el punto
medio entre la maldad de Francisca y la bondad de Severo. Vamos conociendo a un personaje dual que,
aun demostrando su capacidad de tener sentimientos, incluso tiernos (aunque sólo cuando se trata
de personas cercanas), no ha dudado en dejar asomar también su lado más oscuro
e implacable, con al menos dos acciones reprochables y dirigidas ambas a la
misma persona: Severo. Lo que no le hace precisamente acreedor de un lugar en los altares, y mucho menos de la
posibilidad que algún día llegue a tener una relación amistosa con éste, más si Severo llegara a descubrir que el dueño de Los Manantiales era conocedor del
peligro al que estaban expuestos él y su familia y no hizo nada para avisarle
(ya no entro que habían otras personas igualmente conocedoras del tema y
tampoco hicieron nada). Estos antecedentes no son fáciles de borrar, por
mucho que después haga méritos para lo contrario. Porque sus actos inmisericordes
podrían primero: haber dejado a La Quinta yerma y a un montón de personas sin
sustento, y segundo, haber propiciado con su silencio la masacre de una familia a manos de
unos terroristas.
Lo primero quizás podría ser perdonable, lo segundo nunca, por mucho que se intente justificar con las dudas que dejó entrever. Me pongo en el lugar de Severo (o de una persona en su situación) y jamás podría olvidar semejante afrenta.
















