Parece que los guionistas están
dispuestos a darles una alegría a l@s seguidores de la pareja Francisca y
Raimundo, aunque cuesta tragar lo que considero el despropósito que supone un acercamiento, aunque
sea tímido, entre esta pareja. Más que nada porque deja al hombre a la altura
del betún. Puede, también por lo que estoy leyendo, que esta situación
tenga un objetivo interesado más allá de complacer a una parte de la audiencia,
y que vendría motivada por movilizar a la gente por la obra de teatro que
actualmente se representa sobre este tema. Sin embargo, y si es así,
tampoco se puede criticar esta posible intención, porque es muy legítima, aunque veo bastante complicado que sirva además para que l@s espectadores acepten comulgar con ruedas
de molino en este tema. Francisca no creo que tenga remisión posible.
Admito que no me gusta esta deriva. De
hecho incluso han conseguido que las escenas con Francisca y Raimundo me
produzcan un efecto cuando menos sorprendente. La sensación de repugnancia que me
dan casi todas las escenas de ésta, se está convirtiendo en ocasiones en una
suerte de jocosidad, por lo patético. No he podido evitarlo al ver a Francisca
comportándose como una adolescente, coqueteando y sin soltar las habituales
pullas que le lanza a Raimundo. Y ver a éste convertido en un pelele en manos
de unos sentimientos que además me parecen poco creíbles.
Hasta ahora habían presentado a Raimundo
como un hombre de fuertes convicciones, inteligente y con los pies en la
tierra. Pero parece que quieren estropear esta imagen, para ponernos frente a
un hombre coartado por algo que se antoja además fuera de lugar. No creo en la imagen
romántica de los amores eternos, y menos en este caso que ya no tiene razón de
ser. Es cierto que Francisca y Raimundo se quisieron mucho en un pasado ya remoto,
pero después no existe nada que haya seguido alimentando este amor, más bien al
contrario. Y algo que no se nutre, acaba muriendo. ¿O acaso el odio puede hacer
esto?
Es cierto que hay amores que
pueden perdurar con los años, y que incluso no se apagan, pero las circunstancias
de la vida pueden cambiar a las personas y hacer ver las cosas de otra manera.
Y Raimundo tiene motivos más que sobrados para ello, más que nada porque la
Francisca que él sigue alimentando en sus fantasías ya no existe, murió hace
tiempo. En su lugar hay la pérfida mujer que tod@s conocemos y que, aupada por el
rencor, le ha hecho la vida imposible a él y a su familia.
Y esto no es fácil de olvidar, y
mucho menos perdonar.
























